lunes, 12 de abril de 2010

Vivos eternos

Resurgen de la nada, cuando menos uno los espera están otra vez. Tiemblo cada que le veo de nuevo y mi corazón trata de escapar para no hundirse en sus ojos oceánicos. Mi razón anda en vilo con tal lío. Vuelvo a temblar cuando veo de nueva cuenta cada paso que da, como si el mundo fuera a derrumbarse a sus pies de falsa deidad. Entonces tomo aire y cubro mi cara, abro el telón que pretende encubrir el acto y reinicia la escena tal como la había dejado. Vuelvo a hacer lo mismo cada tanto que mi mente pretende engañarse, y en el último acto ya no está... respiro profundamente, la aparición ha desaparecido. El maleficio persiste. Ya no están sus ojos frente a los míos, pero en mi ánimo y mi cordura, parecen luciérnagas verdes que no se cansan de esclarecer mi desgracia.

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