jueves, 8 de abril de 2010

El futuro entre las manos

El 6 de abril nació mi sobrino, es varón y promete llamarse Tadeo. Hasta ahora no existe su reflejo en mis ojos pero hay un trajín y una fiesta en casa, que es por demás que la fiesta no la lleve yo también. Mi cuñado me ha mostrado unas fotos donde duerme y mueve sus manos como si con ellas pretendiera adueñarse del mundo y moldearlo a su deseo. Tiene dedos largos y delgados y una fuerza en su esencia, brutal.
He rondado en la internet descubriendo que Tadeo significa "valiente" o "magnánimo". Y es cierto. Se impuso a nacer a como de lugar a pesar de que alguna fuerza externa no quería que lo hiciera. Algo de dolor, sangrados y miedo disuelto, rondaba sus primeros meses de formación cuando quizá el Dador de vida decidió darle la fuerza necesaria o la indometacina y la nitrofurantoína decidieron representar el efecto que los científicos nos hemos dado a la idea de creer que tienen, cuando la amenaza de aborto es inminente.
Mañana llega Tadeo a casa y me envuelve en un destello de encanto. Tener entre las manos a un recién nacido me despierta el instinto paternal que seguro estaba escondido en algún rincón de mi cerebro. Tengo la edad en que mis padres tuvieron a su primer hijo, y tiemblo de saber esa verdad. ¿Cómo es que la unión de dos células especializadas hacen una jugarreta de expresión de genes? ¿Cómo es que le conforman dedos, ojos, huesos y uñas? ¿Cómo será semejante lío? Lo entiendo a medias con la memorización de genes, células y factores que tuve en el curso de Embriología, pero me haré el desentendido cuando vea el producto final que lleva un chisguete de mi sangre entre las venas. Entonces caigo a la idea que tendré el futuro entre las manos.

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