martes, 31 de agosto de 2010

Por el Bicentenario. Primera entrega. "El encuentro de dos mundos"

Hoy acaba agosto. ¡Otro mes! Y yo abandonando la bendición que la Internet me ha dado con este espacio. Ingrato yo. Mañana nos llega septiembre de golpe y comienza la cuenta regresiva por tan esperada fiesta del Bicentenario. Me da gusto y me da tristeza. La Patria, tan desairada estos últimos años con la violencia; tan enmohecida por sus males de siempre: la corrupción y los malos gobernantes.

Pero bendigo su nombre y su tierra, desde la Sierra Madre Occidental, la Oriental y la del Sur. Benditos sus volcanes y sus dos penínsulas. Bendigo al Territorio perdido; a su cielo y sus benditas nubes. Bendigo también a los olmecas, zapotecas y mixtecas; a los tarascos, los toltecas y totonacas; a los mexicas y mayas. A Tenoch y a los once Tlatoanis. Mis Señores de otrora. Al lago de Texcoco mítico. Me postro ante Huitzilopochtli y Tláloc, ante Mictlantecuhtli y Quetzalcóatl; ante Kukulkán y Chaac, Coatlicue y Coyolxauhqui. Dejo en el destino la llegada de los españoles, el porvenir que mal o bien venido, se conjuga con el tiempo pasado para entretejer este futuro presente.

Estos Horizontes del Precolombino mesoamericano, con todo y el Quinto Sol que rige nuestros tiempos.Benditos. Siento la raza que soy, la fuerza de su piel oscura y su avidez por la vida; por dejar huella entre las estrellas y el papel amate, en los templos y el estuco, en las estelas y los cenotes sagrados. En el jade, la obsidiana y el copal: hallo su esencia, su espíritu inmortal.

¿Qué habrán sentido los españoles al pisar esta tierra? Al ver una civilización en esplendor, al escuchar el bullicio del mercado de Tlatelolco y toparse con la magnificencia de los templos. ¡Qué daría yo por vivir aquello! El encuentro de dos mundos. Porque éste de aquí, por sí solo lo era.

El libro. Pobre Patria mía, de Pedro Ángel Palou.

Asedios. Mis ideas inconclusas, que nomás no dan para hacer historias en estos días.

Antojos. Ni porque entra el Mes Patrio, me dejan las gringadas. Jotqueis. Qué espanto.

lunes, 9 de agosto de 2010

Por los amores perdidos.

Celebramos el fin de semana el cumpleaños de Abel Rosales. Fue una reunión donde pocos de los muchos que conformábamos un grupo de preparatoria asistimos. Apenas teníamos dieciséis años y casi nada de lo que ahora hemos venido haciendo se conformaba en la remota idea de serlo. Veníamos de los sueños y desasosiegos de la secundaria. Al cruzar la puerta de la Preparatoria, nos creímos acogidos por la Máxima Casa de Estudios de este país. Y creyéndolo terminamos por ir consumiendo tal acierto.

Fue extraño vernos ahí, sentados sobre el suelo y viendo nuestras caras azotadas por cinco años de tiempo sin regreso y mil desvelos relacionados con la vida académica de la Universidad. Bebimos cada quien por nuestros logros particulares y con nuestros nuevos grupos de amigos que en conjunto hicieron de aquella reunión una grata fiesta. Jaime, Valeria y yo fuimos abandonados por otros amigos. Nos bebimos un vino tinto y una bebida preparada de color azul estridente que nos hizo pasar un buen rato. Comimos pasta y frituras varias. Bailamos poco pero lo justo. Después la tarde soleada tuvo frío y se cubrío con el manto diario de la noche. Había canciones que de puro oirlas daba gusto y echábamos al aire una sonrisa; otras que de puro recuerdo nos empañaban los ojos y hacían un revoltijo el estómago y el pecho. A ésto muchos le llamamos nostalgia, para evitarnos la pena de darle más nombres que al fin y al cabo nada nos resuelven. De todos los ahí reunidos, sólo Valeria y yo brindamos. Nadie supo por qué y ni nosotros nos dimos explicaciones innecesarias. Ella y yo lo supimos y lo sabemos, porque cuando las canciones traen a rastras afanes y otras pasiones disueltas, con llorar no basta y es mejor acompañarlas con un buen vino... para eso de los amores perdidos.

Felicitaciones. Para Abel Rosales, que sigue siendo como cuando lo conocí en el primer año de prepa.

La música. Llevame a dormir, de Single.

El verso. El Rey se puso a pensar en lo que la pasión es; y poco tiempo después el Rey se volvió a enfermar. Rubén Darío.

sábado, 7 de agosto de 2010

De vuelta a Ciudad Universitaria

Este es el último fin de semana de vacaciones para los alumnos de educación superior. Es un lío todo esto de los calendarios escolares que se han impuesto en el país. Que si por ser de la SEP es uno y otro más por ser del Poli. Uno para la UAM y quién sabe cuántos otros haya perdidos en el fondo de la república. Por mi parte sé bien que el de la UNAM comienza este bendito lunes. Lo bendigo porque ha de regresar el borlote y la vida a Ciudad Universitaria. Mi casa y mi lugar de formación académica y espiritual. Quién sabe qué sería de mí si hubiera seguido sin conocer tal espacio que ya es del mundo. Ciudad de conjuntos arquitectónicos dueños de historia, arte y modernidad en pleno empedrado volcánico. Acoge a la representación pura de la ciencia y las humanidades. Lo mejor del país. Donde los chicharrones truenan, me consta. Y es que caminar por sus pasillos y su facultades, es excitante. Ver cómo se desenuvelve la vida en Derecho y Filosofía, en Economía, en Ciencias Políticas, Medicina y Veterinaria; Arquitectura, Ingeniería, Química. Ir a buscar libros a la Biblioteca Central. Ver la puesta del sol recostado en las Islas. Ir a sus museos, asistir a algún taller, jugar ajedrez, visitar a los cuates, prepararse para las ofrendas de día de muertos. Ver jugar a los Pumas, nadar en la alberca, ir hecho la raya en las bicicletas que prestan para no llegar tarde a clase, es más que una rutina escolar, ya la rutina de nuestras vidas. Quien conozca la vida universitaria, sabe qué es lo que digo. No es mamada, es la neta. Bienvendios los chavos de nuevo ingreso que están por descubrir su vida, en esta bendita Universidad a la que tanto quiero.

Por mi raza, hablará el espíritu.

Música. Un pato. Natalia Lafourcade.

La peli del fín. Viridiana. Luis Buñuel.

domingo, 1 de agosto de 2010

Artilugios

Mi madre sigue bajo el cielo de Yucatán. Ella y mi hermana andan entre casa y casa visitando a la gente que lleva la cuarta parte de mis genes revueltos entre historias y voces entonadas. Quién sabe si le cruza por la cabeza regresar dos mil metros más arriba de donde anda. En su lugar yo me quedaría para escuchar leyendas y placeres varios que ahí se saben contar. Siempre he dicho que algo de lo que aquí escribo, se lo debo al artilugio que tiene mi familia materna por contar historias. Todos ellos cuentan cosas, como si la vida fuera para contarse y contándola se les fuera media. Así también es mamá, y seguro ya anda ideando la manera precisa para contarlo todo ahora que esté de regreso bajo otro cielo, lejos del mar y el calor tropical de aquella tierra de dioses.

El libro. Temporada de caza para el león negro. Tryno Maldonado. Qué hombre tan más grotesco y estridente es Golo: tan desfachatado, tan cínico, tan... bueno...la verdad es que toda esa mezcla de caracteres antiestéticos, son los que hacen de semejante hombre un guapo más de la literatura contemporánea. No sé si es lamentable o afortunada la manera en la que uno es arrastrado por su rara belleza.

La música. El siguiente nivel. Chetes.

El arte. Jorge, que ama los videojuegos como arte y pasión que desenvuelven sus manos.