lunes, 26 de julio de 2010

Si yo fuera inmortal

Si fuera inmortal, volvería a encontrarlo en el último rincón del planeta. Sería de nuevo un juego inacabable, un número ocho, un círculo trazado con compás. Me refugiaría en su frío inclemente y volvería a guardar silencio cuando contara historias. Sentiría mil orgasmos cada que me contara cuántas veces había estado en la cama con otro, me posesionaría de su piel y bebería su sudor en copas de cristal. Me haría pintor para hacerle un desnudo artístico; escritor para darle poesías nuevas cada amanecer y músico para componerle una sinfonía arrebatadora y trágica. Lo haría inmortal también: le haría sentir la muerte de cerca, como cuando me la puso de frente, cuando acabó con lo que pretendía construir de la nada. Lo excitaría con besos en la entrepierna y mordidas de animal en celo. Le arrancaría el cabello y me lo comería para llenar el vacío que su rechazo fue haciendo cada vez más hondo. Visitaría al psiquiatra que ha de atenuar mis obsesiones. Le lamería la rodilla que alguna vez llegó a lastimarse y me haría adicto al ejercicio y a lo balones que atraviesan el aire que parte una red voladora en dos territorios en contienda. Lo dejaría hablar cada que me insultara o creyera que sigo siendo sucio y estúpido, y lo pondría contento al llevarlo a tomar café bajo un cielo nublado. Lo besaría por diez años sin parar, después cien hasta un milenio. Descubriría su abdomen conquistado ya por otra sarta de conquistadores avorazados y calientes. Olería su cuello por veinte años y comería sus labios para reponer el sustento que llegara a faltarme. Si yo fuera inmortal, tendría tiempo para dejar de soñarlo...así me costara de nuevo la eternidad.

sábado, 24 de julio de 2010

Nube viajera

Llueve y recuerdo tu voz
sublime ilusión en plena noche
sensación remota,
trivialidad aparente:
un derroche.

Escribo y te recuerdo
corriendo entre arbustos,
sonriendo al caer la tarde.

Recostado sobre la cama,
aparece tu aroma en el aire,
se va,
huye de mí,
como tú y tus ojos,
tus labios y tus manos tibias.

Llama azul,
estrella nova,
cometa inquieto,
sal de mar,
diente de león a pleno vuelo,
nube que moja
y calcina la piel,
relámpago ensordecedor.

Sigues siendo tú
el primer pensamiento
enredado en el aroma del café
y la privación de mis labios.

Cielo nublado,
velero sin rumbo...
tú y tu fuego azul
ilusión de siempre,
lluvia de verano...
mi nube viajera.

viernes, 23 de julio de 2010

¡Álzalas, güey!


Buscando la grafía correcta de güey, vocablo tan empleado en la jerga popular de México, me topé con su significado por la Real Academia Española. Le involucra como adjetivo de persona tonta y sólo definida con tal ortografía para este país en el que he nacido. Andamos entre tontos, me di por entender de más y enseguida corregí mi indiscriminada hazaña maliciosa y mala onda. Desde las calles de las clases medias y las bajas hasta las muy altas; fluye y confluye semejante palabra. ¡No manches, güey!; Mira nomás la güey, resultó panzona; ¡Güey, fíjate!; Estás bien güey; ¡Ay, güey!; ¡Órale, güey! ¡Pff! Tan familiar el escenario. ¿No es cierto?

La Academia Mexicana de la Lengua, hace notar su empleo como la deformación lingüistica de buey (bovis), adjudicando su semántica como persona tonta. Pero su empleo ha gando terreno en una infinidad de significados que van desde amigo, enemigo, trastornado o estúpido. Bien se entiende entonces que es usado como despectivo tanto como superlativo. La Real Academia de la Lengua, reconoce el léxico de buey con su primer significado bien descrito con anterioridad, aparte del de macho vacuno castrado. Sin embargo, para México es aceptado como insulto la grafía de güey en el habla popular; aunque ambas sean empleadas para tal connotación. -¡Válgame, Dios! Resulta que ahora a todos los que les he dicho güeyes... ¿no tienen huevos? ¡Calma! Uno, dos... respira...tres, cuatro...- Algunos estudios filológicos, refieren que güey es la remanencia del náhuatl huey, que quiere decir hermano. De ahí su empleo de amigo o carnal -¡Uf!, entonces no están castrados, pero unos que otros sí que son unos güevonazos.

Siempre se anda escuchando el güey por todas partes. Hasta yo mismo me lo digo cuando estoy a punto de cometer tonterías, cuando estoy por caerme o cuando me doy toques con algo o con alguien - entiándase toques, por aquellas chispas de electricidad que se dan entre la piel de uno y los objetos conductores de cargas- Qué más dá: así es la palabra, su intención. Ocurrente y oportuna para muchas ocasiones. Debe saberse usar, saberse emplear, decirse con la simpleza que implica para nimiedades varias. No abusar, no hacer del güey una palabra multiusos, un exceso, una vulgaridad. Arriesgarse a usarlo, implica saber usarlo. Finalizo diciendo que en México no se anda entre tontos, sino entre cuates.



¡Álzalas, güey! No te metas en pedos al usar el güey.



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martes, 20 de julio de 2010

Vivir con estilo. Coco Chanel


Qué genes tendría expresados, de más o de menos, Gabrielle Chanel. Una mujer dotada de belleza, pero sobre todo de inteligencia, estilo y perseverancia. Superó la adversidad, se impuso al orden de sus tiempos que le resultaron extraños y fuera de lugar. Quedó en manos de la orfandad al morir su madre cuando sólo contaba con doce años. Su padre la llevó junto con sus hermanos a un hospicio, situación de la cual siempre rehusó recordar para otros tiempos. Ahí aprendió la costura y fue entonces que a los 17 años, las monjas encargadas de aquel austero lugar la colocaron con el oficio de costurera.

Nació en el año de 1883, y aún pertenciendo al siglo diecinueve, trajo consigo la vanguardia vestida de sencillez y sobriedad, sin perder nunca la elegancia ni el estilo. Entre los sueños que más le cruzaban por la cabeza, era el de llegar a ser una gran modista. Presa de la fiebre de tal devaneo, terminó metida y bien metida en antros de mala muerte y mal nombrada fama, en donde su peculiar belleza se vio asaltada por la diversión de los hombres más adinerados, cuestión por la cual obtuvo beneficios propios para llegar a su objetivo.

Con la ayuda económica de Etienne Balsan, fue que llegó a París a instalar su primera tienda de sombreros: Modas Chanel, sobre el Bulevar Malesherbes. De ahí, siempre afianzada por los diversos hombres que buscaban su glamur también bajo sus sábanas, fue andando por las ciudades más famosas de Francia, hasta que se instaló en París por definitiva en la Rue Cambon, donde fundó su primera Casa Chanel.

Pero más allá de ser quien fue y sigue siendo, de valerse del dinero de quienes asediaban su belleza, su toque liberal, su inclinación por lo masculino, lo confortable, lo elemental; fue una mujer fuera de tiempo. De las primeras feministas, la perseverante, la rara, la fuera de lo común. La mujer que daba a desear en el vestir, por saber diluir en ello una mezcla de deseo y distinción. La mujer que amó a un hombre y por amor se hizo amante, mujer de horas, de esperas, de entrega total en entregas, en tiempos, en servicios. ¿Qué tendrían los ojos de Arthur Capel? Aquél inglés de renombre social, guapo y fino; jugador de polo. Él que tanto confió en ella, quien la impulsó con más brío, quien la acercó a la lectura, quien le enseñó de arte y la incineró con su fuego. Quien la sacó del esnobismo en que vivía para entrar al salón de la fama verdadero. El que le dio vida y se la quitó mucho antes de morírsele en un accidente cuando iba en su automóvil deportivo; desde que le supo comprometido con una mujer por buenos negocios, por un contrato.

¿Amar así? ¿A ratos? Puede ser lo mejor. No vence el tedio ni la costumbre. Se perpetúa, se inmortaliza. Como Coco, la mujer con el siglo veinte, veintiuno, veintidós y cuantos fueren por cada respiro, por cada golpe que le daba a su cigarro. La degenerada, la que montaba a caballo y ponía pantalones, sacos, corbatas, jerséis, sombreros sin plumas. Gabrielle Chanel, la que no recurría a su pasado, la abandonada por sus padres y por su amor; por Boy, por su guapo Boy, su inglés apuesto.

Qui qu'a vu Coco? Coco Chanel. La mujer, la creadora del emporio más prestigiado en la moda, en el vestir, en el estilo. "Todo lo que es moda, pasa de moda" decía con cigarro en mano. ¿Quién no ha llegado a oler Chanel No.5? ¿Coco Chanel? ¿Coco Mademoiselle? ¿Chanel No. 19? Diluida en dichas pócimas mágicas, desenvuelta en sus notas. Por siempre Gabrielle Chanel.

Murió enferma, al recostarse después de su inyección de morfina; en su departamento ubicado en hotel Ritz, a los 87 años, el 10 de enero de 1971; después de facilitarle a la mujer contemporánea, los aspectos más aprovechables del vestir de los caballeros y dando al mundo del buen vestir, la glamurosa sencillez de portar lo confortable.

domingo, 18 de julio de 2010

Volviendo a su tierra

¿Qué involucra regresar a la tierra donde uno nació? Sin duda emociones disueltas en medio de familiares, recuerdos y vestigios. El olor húmedo del suelo, la cercanía del mar, un cielo de otro azul. La casa donde alguna vez se anduvieron sus padres en su propia infancia, donde existió una tienda de esquina a esquina y se encontraba desde petróleo hasta enlatados de importación. Ahí existía la botica de un abuelo sabio y curandero ancestral; ahí guardaba las joyas de oro antiguo, que pertenecieron a los antepasados, una abuela de carácter fuerte y pasos audaces. Por el pueblo se vislumbra una paz de ámbito tropical, al calor de otras latitudes. La perturban los huracanes y las lluvias de verano, y de ahí vuelve el olor selvático arrastrando los conocimientos milenarios de quienes habitaron esa misma paz. Volver a ver a su gente, a la sangre de uno, a sus allegados, es una locura. Una algarabía que a pocos nos consume desde que se toma el teléfono para dar por avisado que se volverá a ver de frente a los ojos que esconden otras historias entrelazadas a las nuestras. A la tía que lleva la sangre de una madre legendaria que murió pronto y sin prisa, como la gente buena. A las primas que son madres como mi madre y a los primos que son padres como mi padre. Hace un calor exquisito y las playas son imprescindibles. Se camina de noche y se ve oscurecer al son en que aparecen las luciérnagas en el aire y otras miles se van pegando en el cielo. Mi madre ha viajado a su tierra, al mítico lugar de donde se siente por haber nacido allá y de donde me siento por sentirlo tan mío. Porque a los nueve años en que vi por vez primera, antes de aterrizar a esa tierra consagrada por los mayas, su litoral que se me quedó grabado en la memoria y en las lágrimas, siento que la distancia me asaltá la cordura y lloro por tenerle lejos. Mamá se ha acercado, junto con mi hermana, y siento alegría conjugada al oirlas al teléfono diciendo: "Ya llegamos, fueron todos por nosotros a la terminal de camiones"

jueves, 15 de julio de 2010

Desengaños

Llegó con aliento alcohólico y oliendo a perfume barato de mujer; diciendo incoherencias y balbuceando como un niño. Su inteligencia fue asaltada por un sopor tóxico. Seguía siendo imponente, un macho alebrestado y tendencioso. Lo llevó al sofá de la sala, así condescendía Renata: ofreciendo sus labios suaves y breves a la carnosidad devoradora de los de Rogelio. Exigía su lugar, su trono, sus reverencias: el señor de la casa. Venga a nuestro reino. Renata sintió repugnancia y se revolvió su estómago al imaginar disueltas otras salivas y otras bocas pestilentes, amargas y cáusticas: ponzoñosas. Se quedó dormido, mostrando la blanquísima muralla que erguían sus dientes inferiores; sus ojos entre cerrados, a medio lucir el verde aguamarina que tintoreaba el perfecto círculo de sus iris. Sus ojeras le daban un toque apuesto, seductor, deseable. Jugaban con su rostro joven: conjugaban a otro tiempo los verbos pronunciados a sus treinta. Un mechón de cabello claro le cubría la cicatriz de su frente, aquella insigne perpetua de sus años sin freno. Renata sentía erizar su piel al sentirlo cerca. Lo miró derrotado y vulnerable, como un león exhausto después de haber saciado sus instintos, sus rasgos primitivos más elementales. La prueba se iluminaba en su pantalón, de Armani, al corte: una humedad delatora a medio secar. Le tentó bajo los calzoncillos, de ahí provenía la fuente de tal rastro. Le quitó sus zapatos de piel vacuna que había comprado en Italia la navidad pasada. Enrolló sus calcetines y descubrió sus pies blanquísimos y largos, sus uñas recién cortadas. Unos vellos gruesos y rojizos coronaban sus diez dedos, hermosos y perfectos. Sintió ganas de besarlos y rendirse a ellos. De comérselos, de arrancarlos y poner cada uno en diez altares, de rezarles un novenario y hacerles misa. Después volvió a odiarlo y a execrar para sus adentros, a repudiarle y blasfemar ante su propia idolatría. La esfinge trató de articular frases sin éxito. Un silencio religioso inundó aquella habitación: su santuario, el centro del mundo, su meca. Volvió a recorrerle de la cabeza a los pies con la mirada. Desabrochó su corbata y encontró en el cuello de su camisa Calvin Klein el brillo de un corriente carmín que contrastaba con aquella finísima tela. Metió su mano en su pecho selvático, lleno de rizos dorados que se entretejían en sus dedos. Se detuvo en sus tetillas, esos dos conos volcánicos que reaccionaban sin decoro, firmes y duros respondían a sus caricias, escupían fuego, reaccionaban a su querencia, a su afán; a aquellas ganas que no se saciaban cuando la poseía, cuando en minutos la hacía suya y después un despojo, un trozo de carne, un retazo. Una luz iluminaba su frente, como si fuera un sol, una deidad hecha carne, digno de oblaciones y condecorados. "Qué tal Licenciado", "Cómo le va Licenciado", "Es muy amable Licenciado". Le imaginó con pectorales y brazaletes de oro, adornando su bien torneado cuerpo. Su tórax amplio, sus hombros angulosos y erguidos en plena posesión etílica. Sobre su cabeza un penacho de plumas de quetzal, un tocado, un kepres. Estaba indefenso, no se imponía. No gritaba, no hablaba fuerte. "Vas a cenar, amor", "Te sirvo la comida", "Te hago un té" No había trivialidades ni sumisión. El patán, el esposo, el abusador: su trinidad. La providencia, su penitencia, su marido, su sostén, su desatino. Era suyo, abusaría de él, aprovecharía su duermevela, su letargo, su estupor. ¡Dios les salve, alcohol y fermentados! Podía ahorcarlo, tomarle del cuello asediado por mujeres nocturnas. Se enamoró de él desde el principio, de sus ojos y su silencio prometedor, aunque su matrimonio haya sido un acuerdo vil entre las familias, entre sus legados y sus honores; los apellidos, la sección de sociales, la élite. Le moralité, les bonnes manières. Lo descubrió a flor de piel después de casada. Usaba máscaras, era un abismo, un sádico, un fantoche, un títere de su estatus. Guapo monstruo. Con el apellido a cuestas, su pedigrí; alcoholizado o iracundo, era un Santibáñez. Con los pañuelos de seda bordados por una esquina con sus iniciales, con la cigarrera Hermès en el bolsillo interior de su saco, las plumas Montblanc con las que siempre hacía su garabateada R en mayúscula y la firmeza curveada y elemental de la S de su apellido. Era Rogelio Santibáñez. Aquellos edictos con su grafía al final se promulgaban por sí solos como ley y orden. Usaba lentes oscuros de Versace y el Allure Sport de Chanel endulzaba su paso. Ponía su anillo de matrimonio desde que el sacerdote lo bendijo en la iglesia de Santa Úrsula. Comía a sus horas y con el provecho de su apetito. Iba al club a jugar golf y a nadar; desayunaba jugo de apio con limón y huevos divorciados, pan tostado con mermelada de naranja y café sin azúcar. Siempre tan chic, tan trendy, en boga. Ése mismo parecía ahora un animal, un despojo de carne tirado en el sofá donde antes sabía hacer el amor y después se dedicó sólo al sexo. A cenar salían juntos y sonreían para el Ovaciones. "Son divinos". Él, en realidad, un desenfrenado, un crápula. Lo cargaba en sus genes desde tiempos sin memoria y memoria desenvuelta lejos del tiempo. Renata sabía cuánto lo odiaba, cuánto aborrecía el color de su corbata Oscar de la Renta; hacerle los nudos, doblarle el cuello. ¿Por qué antes lo amaba tanto? Maldito zafio disfrazado de correcto. Falaz. Qué más daba si de una vez por todas acababa con él, con su presencia. Omnipotente, el Señor de la casa. Seguía balbuceando y dejaba ver a ratos el mar de sus ojos. Renata volvió en sí. Se escuchaba la regadera, el caer del agua, el olor a flores de los jabones que trajo su suegra de Turquía. "Son relajantes, exquisitos, paradisiacos". La mujer se la pasaba entre fiestas y juegos de canasta, entre caridad, velorios y novenas. Bajaba a los santos. Era una dama. Dios mediante, Santa María, Cielo Santo, la Providencia. Engañaba a su esposo cada mañana de sábado hasta la tarde, cuando iba a los brazos de un hombre lozano que le enseñó a usar la caminadora en el gimnasio. Renata odiaba a su sangre, a su gente. El vapor del cuarto de baño le encendía un reflejo instintivo, olvidaba que alguien rondaba la habitación con su cuerpo tibio. Se dirigió entonces al armario y sacó una cobija cálida para Rogelio. Se la echó encima. Peinó su cabello claro y besó su frente. Estaba indefenso, no lo ahorcó, no lo golpeó, no lo insultó. Se dirigió a la ducha. La puerta a medio cerrar le procuró su alivio. Se despojó de su bata y su ropa de dormir. Se duchaba su amante. Le hizo callar, entró a aquella lluvia de agua artificial que encendía sus poros. Cerró el cancel, dos siluetas firmes se abrazaban tras de él, se tocaban, se entretenían abajo de su abdomen buscando resquicios infinitos y placenteros que hicieran gritar, que hicieran salir gritos profundos desde el centro de su cuerpo: un big bang, el origen del universo. Dos siluetas de mujeres, gritos de mujeres. Bajas pasiones. Su amante, su verdadera poesía. Dos mujeres, mil orgasmos, mil desvaríos. Bajo la regadera, hacían el amor. Desnudas de cuerpo y alma. Tres años llevaban jugando adivinanzas sobre su piel, acertijos descifrables. Tres años tras otro suspiro y siete de casada. Odiaba a Rogelio y amaba a Cristina. Seguían bajo la ducha. Dichosas ellas, flagrantes. Se olvidaban del mundo. Mientras, Rogelio, invadido por moléculas de alcohol etílico en su torrente, dormitaba y formaba frases. Pedía perdón por ser quien es, pedía perdón por haber visitado de nuevo ese lugar, haber dejado que otros labios intoxicaran su piel. Pedía perdón por no amar a Renata, como merecía. Bajo el sopor de su intoxicado viernes, seguía pidiendo perdón. Otro travesti más, en la casa de citas. Otros placeres más, fuera de casa. Balbuceaba. Rogelio, cada semana destinaba un cheque a la prensa, para salvaguardar la honra de su apellido.

martes, 13 de julio de 2010

El que espera, sigue esperando.

Con todo y todo, espero una llamada telefónica; un mensaje, un zumbido, un revoloteo en su memoria que sea capaz de encender un suspiro en mi ánimo. No importo. Lejos de importarle, hay alguien más y muchos más, y todo lo demás que pueda cimbrar en su ánimo otra pasión desbordada. Lejos de todo extraño sus ojos, su voz y la fortuna de su risa, esa que permitía a mi cuerpo conducir una descarga de iones y electrones, fotones, quarks y todo nombre inventado para las piezas fundamentales de la materia a la cual me someto.

Tan fría es la morada en la que me hundo a ratos, que he vivido acostumbrado a vivir entumecido, en el páramo de su abandono y en la oscuridad de su olvido. Creo que ni la muerte es igual de fría que su indiferencia. No importa, porque una vez que hemos sido tocados por un amor que deja su impronta en el alma, y va dejando improntas en otras risas... nada es igual que antes. La monotonía, aunque fastidiosa y cáustica, es quizá la que menos dolosa vuelve a la vida. ¿Para qué quería yo otros horizontes al pronunciar su nombre? ¿Para qué mojarnos bajo una lluvia que deslavara nuestras querencias? Engañosa vida, fraudulenta. Todo teníamos, un conjuro faltaba para unirnos, un hechizo, un lazo que estrechara aún más nuestro aliento.

Falló todo, yo fallé. Yo el culpable, el crédulo, el idiota. El iluso, el dolente, el entregado. El fantasioso, el cuentista, el soñador. He fallado y cargo con la culpa desde hace tanto, que no creo poder recuperar otra fortuna como la que tuve. Caí en el juego de un amor ahora prohibido, para ese entonces falso, onírico, inexistente.

Vaya lío en el que sé meterme, porque si de salir se trata, no hallo cómo. Dice una canción, que de amores prohibidos habla, que sus ojos eran como una tortura, así son éstos: los suyos. Ya no sé si pedirle salvar nuestro destino, no hay nada entre nosotros, ni una mínima reminiscencia del universo que construimos. Nada. Ni una sonrisa, ni una mirada. Lejos de la fortuna, en un hoyo negro, en una oscuridad atroz. En la nada, en la espera de una esperanza desesperanzada. Espero y sigo esperando, nada encontraré como antes en el amanecer de sus ojos, ahora las señales del Apocalipsis.


Música de hoy. Forbidden love, Madonna.

domingo, 11 de julio de 2010

Furia Roja

Hoy se ha acabado el deliberado aire del mundial: esta fiesta deportiva y mediática que desde cuatro años previos se desenrolla en el futuro de quienes la esperan por esperada; con decir que el Brasil 2014, ya está encandilando otras furias de generaciones bravas más abajo de éstas que hoy se desempeñaron en las canchas de Sudáfrica. México quedó fuera antes de cruzar otra esperanza ficticia en los cuartos de final, aun con todo y el gol que nos quitaron por las ganas del árbitro que impuso su gobierno en pleno, como dictador latinoamericano bajo otro cielo y entre países hermanos. Pero de penas e injurias no hablaremos hoy, que por mal llorado o bien acomodado en nuestro ánimo, ya hemos superado tal derrota.

De los favoritos llegó a la final Holanda, un equipo entero que supo ganarse la posición hasta la que llegó, con un ímpetu reverberante y bien logrado. España, por otro lado, se posicionó por una lucha constante y ardorosa; como si por cada derrota de otros contrincantes fuera tomando fuerza. Tuvo partidos flojos y no tan emocionantes como los de Alemania o Uruguay. No de balde resultaron campeones de la Liga Europea 2008, estos hombres que presumen una lozanía y una juventud en éxtasis. Poco a poquito escalonó la final, el equipo español; caracterizado por tener una furia y una pasión por el balompié, es hoy el campeón del mundo. Lo predijo el cefalópodo que desviaba las miradas a sus predicciones atinadas y transparentes como la pecera en la que se miraba. Quizá le creyó la reina Sofía al llevar su saludo hasta los vestidores, donde encontró a un equipo gozoso y lleno de algarabía, antes de creerse campeones y de serlo; donde encontró también al hombre que metió el gol de triunfo envuelto en una toalla y al cual saludó con la majestuosidad que se cargan: ella de parte de una familia real y él, como rey de la jugada.

Es una fiesta la que se trae toda España. Y cómo no se ha de hacer fiesta con semejante copa entre las manos y entre su gente. Vestidos de rojo y amarillo, en plena acción de rendirle a su patria, nuestra Madre Patria a la que le confié el triunfo para esta final; concentrados y concéntricos, sin agravios, con triunfos, con glorias y vítores. Como el imperio que fue, el poder que clamaba, la Armada Invencible, la Furia Roja. ¡Olé, olé! ¡Arriba España triunfadora!

Aclaraciones. Hasta yo que no sé nada de futbol (fútbol), me dejé llevar por la ola que a muchos nos arrastra.

Vítores. Para Iniesta que me devolvió la calma que ya había perturbado con una imaginaria escena estresante de penaltis.

Música. Could you be love, de Bob Marley. Que se escuchó tan hermosa en la entrega de la copa. ¡Qué feliz hubiera estado en Sudáfrica! Dijeron sus hijos que en su representación anduvieron en ese continente.

Felicitaciones. Para Pulpo Paul, prócer en las artes adivinatorias. ¡Qué aire de misticismo le dio a este Mundial!

jueves, 8 de julio de 2010

Contando historias. Para Anabel.

La conocí con dos coletas desalineadas que salían de ambos lados de su cabeza y con la carga de los nueve años encima. En sus ojos verdes se podía ver, desde entonces, el ir y venir de las olas que mojan el malecón de la Habana; con la sonrisa de sobra de su rostro y las calcetas de punto, blancas y hasta arriba, como suelen usar las niñas de tercero de primaria.

Arribada de una isla incorrupta, gobernada bajo el puño de un comandante astuto que se adueñó de aquel tesoro hace ya más de cincuenta años. De una isla calmosa que nada en el Caribe, como si nada pasara fuera de sus limitaciones y más allá de su litoral; llena de carencias, pero más aún de tesoros y noches febriles llenas de fiesta, ron y música hecha para bailarse. Llena de noches sin luz eléctrica sin más brillo que un plenilunio tibio y vaporoso. Creció entre su gente y portones abiertos al griterío y la cadencia de las charlas del medio día; entre el olor suelto de la tierra mojada, de los tostones, del congrí y la yuca al mojo, de una Cuba candorosa y diáfana.

Mi amiga Anabel, es inteligente y hábil, emprendedora, sensible y llena de un espíritu que nadie puede parar, cuando ha decidido cumplir lo que su voz interior le ordena. La posee una capacidad ardua por hablar, habla y no para cuando de charlas extensas se trata el asunto: como al contar el capítulo de algún libro que le cautiva todas las noches, evocar el pasado que ha corrido como el agua entre nuestros pies, al hablar de su extensa familia y de su infancia, de los arrebatos que suelen atenazarle la cordura, de los consejos de su padre, de los decires de su madre y las travesuras de su hermano adolescente. Nadie, nada y mucho menos yo, la paran, cuando se suelta a hablar. ¡Bendita voz que se carga! Es como un bálsamo para nosotros, sus escuchas.

Siempre me ha venido gustando escuchar su voz sumergida en tantas historias que se mezclan en el aire de aquellas tardes en que extravío mis horas tan sólo al oírle hablar. Tiene un fervor esencial por el paso de sus ayeres y desconfía ante las sorpresas de un futuro incierto. Ama la historia de México, como si amara cada mañana que vivió en Cuba hasta los seis años, cada atardecer y cada verbo que conjugó sobre aquella tierra hermana. Vive y siente el paso de los segundos, sabe que no regresan, que se esfuman, que se marchitan y sólo renacen cuando bien nacen en los recuerdos. Le gusta el arte y esta ciudad, con todo y sus barbaries.

Hablo de ella, porque hoy es su cumpleaños. Juntos compartimos nimiedades excéntricas, pasiones desbordadas por hacer historias; ella sabe contarlas, es su don y su próliga labor, las cuenta mejor que todo lo que escribo. Ella baila y tiene gusto por las costumbres y al mismo tiempo por un liberalismo esencial. Siente afición por las ideas que tuvo Maximiliano de Habsburgo y tristeza por haber regresado su rostro inerte a Europa con unos ojos de vidrio color oscuro. Sé también que si en la Revolución hubiera andado, Zapata la cautivaría con sólo ponérsele enfrente. Sé que le gusta el helado y también sale de compras, que le gustan las bolsas grandes y vestir bien, que ama El bosque de los pigmeos, de Isabel Allende; que a su familia fuera de Cuba la lleva en el alma, y a otros tantos los sabe lejos pero vecinos, justo en aquella península ganchosa que cuelga en los mapas de América del Norte, como queriendo atravesar la paz indescifrable del Golfo de México: Florida.

Quien la conoce, sabe que no miento. Es transparente y llena de ímpetus inquebrantables, de desafíos y logros, de metas y de mil variedades. Quien la conoce, sabe que Cuba se desenvuelve en la mitad de su aire...porque la otra mitad la ha sabido repartir entre sus gente, su México y otras tantas destrezas que se inventa cada que en su sueño se inicia otra retahila de hazañas.
Feliz cumpleaños. Para ti amiga, que me cuesta trabajo escribirte, porque uno no halla ni por dónde entre tanto.
Otro Feliz cumpleaños. Para Alan León, que aparte de ser un gran médico en potencia es un gran hombre, escucha, lector, escritor y consejero imprescindible.
La música. Abriendo puertas, de Gloria Estefan... por ser de las primeras canciones que me compartió mi amiga.
El libro. Paseo de la Reforma, de Elena Poniatowska.

lunes, 5 de julio de 2010

PRImera fuerza política

Ayer los comicios dejaron en claro el rumbo de los colores que irán pintando el futuro, aún incierto, de las elecciones de 2012. Incierto en el sentido de que muchos que propiciaron el cambio del 2000, no se la creen al ver que el Partido Revolucionario Institucional de nuevo toma fuerza para estos años. ¿Y qué querían? Vimos que el PAN nada ha sabido hacer en estos nueve años al mando y el PRD se hace añicos desde su estructura interna. Pero, vamos... mucho tiempo hemos visto tantas carencias para este país que la desesperanza y el tedio llegan a embargar el futuro de nuestros hijos. El PRI se ratifica como fuerza pólítica de este México que en otro aire le dio la espalda. Ahora muchos piden a gritos su regreso, otros sólo se conforman con el "viejo por conocido". Yo ya venía sabiendo que el PRI regresaría, desde aquella aventura mía de trabajo casual en donde mucha gente exigía su regreso. Lo de hoy es estar a la expectativa de qué jugarretas se tienden, pero más importante aún es acabar con esta violencia que acabará con cada uno de los mexicanos.

Mil disculpas.Por estas entradas tan llenas de política y aire partidario. He manchado el título de este blog al llenarle de nubarrones y rayos. Pero regresa el cielo iluminado.

viernes, 2 de julio de 2010

Panorama electoral. Julio 2010

Por Antonio Jiménez.


México no anda bien, lo sabemos todos y muchos desatendemos la verdad. A diario hay decapitados y desaparecidos, mensajes que dejan por entendido un cobro, un adeudo saldado con sangre que desencadena más lagos de sangre y terror. El Norte del país es quizá el área más afectada, pero se suma el Sur, el Suroeste, el Centro: todo el país. ¿Quién nos gobierna? Pareciera que aparte del gobierno estatal, se involucra a toda costa el Narco,su influencia, su crimen, su poder.

Este domingo habrá elecciones bajo un ambiente vulnerable y lleno de ponzoña. Se entremezclan la mala administración de las propias instituciones, el descrédito que la ciudadanía ha dado a la exigua credibilidad de los comicios y nada menos que la ola de violencia que pone a temblar a cualquiera que lee los encabezados o se atreve a presenciar las muertes por medio de la televisión. Un gran número de ciudadanos se ha declarado a favor del abstencionismo que toma el nombre de "voto nulo". Entre los estados que elegirán gubernaturas se encuentran: Sinaloa, Chihuahua, Tamaulipas, Durango, Aguascalientes, Hidalgo, Tlaxcala, Puebla, Veracruz, Oaxaca y Zacatecas; los cuales son de gran peso y podrían dirigir el rumbo para las elecciones presidenciales de 2012.

La lucha por el poder, nuevamente, ha tirado a la borda a la democracia en pañales de este país. Quien haya creído que México trabaja a favor de esta forma de gobierno, está fuera del contexto real, que es deprimente. Aquí sigue rigiendo el compadrazgo, las influencias, la entrada de dinero, los "huesos", los "favores". Se ha hecho un círculo vicioso; la sociedad civil, al no confiar plenamente en sus gobernantes, se ha desenvuelto en el terreno de lo ilegal y todo lo "debajo del agua", la evasión de impuestos, la violencia, el deterioro de los valores humanos. Sobrevivir sin importar cuántos queden dañados, mucho menos el cómo.

La Reforma Electoral fue un fraude, como lo ha venido siendo el propio Instituto Federal Electoral desde su creación. Millones de pesos siguieron yendo y viniendo en estas campañas, como si nadie notara que infringieran la ley apenas reformada. El mal uso de campañas federales y apoyos sociales, siguió dando de qué hablar y nadie volvió a hacer nada. ¿Será que México nunca podrá ver la luz que promete el Estado Moderno? Desde hace ya cien años, Porfirio Díaz seguía no creyendo en la capacidad de este pueblo gobernado para elegir a sus gobernantes. Mintió desde lo más profundo de su entraña al decirle a James Creelman, que México era otro, que México había progresado, que podía dejar que haga con la democracia su gobierno. Él sabía que aun con una revolución, mucho le hacía falta.

Nada puede parar el afán del presidente Calderón por acabar con el narcotráfico con su llamada "guerra". El ejército se despliega a sus anchas por las calles de las ciudades más afectadas. Su estrategia, que ha sido criticada por la mayoría de los mexicanos, no tiene sentido al ver incrementado el número de asesinatos. Tal parece que el gobierno federal se exime de la responsabilidad que tiene en estas elecciones, no procura acuerdos y, al contrario, abre camino al peligro que puede desatarse durante la jornada. Ya al inicio de esta semana, se dio la muestra con el asesinato del candidato del PRI para la gubernatura del estado de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, quien se creía como favorito en la entidad.

"El crimen organizado, es la mayor amenaza para la libertad de los mexicanos", fueron las palabras del presidente Calderón; y lo es, sin dejar a un lado que el propio Estado se encuentra corrompido, que los propios paradigmas y valores partidarios se han quebrantado. Para mayor muestra el PRD y sus divisiones a favor de corrientes internas que no hacen más que dañar su estructura política. Las alianzas establecidas, entre el PAN y PRD, como la tan criticada "Compromiso por Puebla"; deja ver, por un lado, lo que pocos ciudadanos llegaron a creer posible: dos partidos opositores y con ideales contrastantes juntos en una alianza política que, bien "manipulada" por los medios de comunicación, representaría un avance para estas elecciones al unir fuerzas para gobernar con mejor desempeño; pero por otro lado, todos sabemos que lo que más influye es el miedo ante el fuerte advenimiento del regreso del PRI como mayoría.

Hasta el día de hoy, más violencia ha seguido invadiendo las horas previas a las elecciones. Romero Núñez Montiel, fue ejecutado por un comando armado en el municipio de Jolalpan. La coalición del Compromiso por Puebla, desmintió que Núñez Montiel haya sido operador de Moreno Valle, su candidato a gobernador del estado. Por medio de un comunicado, la coalición expresó que el acaecido era militante del PRI y sólo simpatizante de palabra para con sus candidatos. Muestra sus condolencias a la familia y exige a la PGR la investigación pertinente del caso, al tener un fondo evidentemente político. La coalición tal parece que se lavó las manos después de que el líder estatal del PRD, Miguel Ángel de la Rosa, diera a conocer que Núñez Montiel era, además, brazo derecho de Zenón Barbán Martínez, candidato a la alcaldía de Jolalpan por la misma alianza política.

El "teatrito" sigue siendo dirigido desde los más altos mandos de esta República Federal (que aun con tanta guerra entre liberales y conservadores, la Guerra de Reforma y la Revolución, sigue siendo puramente una República Central). El 30 de junio, a 3 días de la contienda electoral, Arely Gómez González, titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE), renunció por medio de una carta dirigida a Felipe Calderón, donde se justifica al dejar el cargo a alguien que esté más apegado a las políticas públicas que el gobierno federal pretende manejar. Sin embargo, el vocero de la PGR, pronunció que el procurador Chávez Chávez, pidió su renuncia a Gómez González por las diferencias en el manejo de la Fiscalía, recordando que de esta institución depende la FEPADE. La bancada del PRI, en total desacuerdo, manifestó que todo esto viene desde las presiones de la Secretaría de Gobernación. Por su parte, Jesús Ortega, celebró la renuncia de la fiscal, al reconocer que esta dependencia no atiende con prontitud ni eficacia su labor en el campo de la legislación electoral.

Como se da a notar, la contienda trae todo un escenario complejo tras de sí. Las elecciones de este domingo son importantes en cuanto al efecto que podría causar para con las elecciones presidenciales de 2012. En esta ocasión los partidos se posesionarán de su rumbo para tal jornada y no es de esperarse que muchas sorpresas puedan mostrarse. Hay escepticismo y desesperanza en el ámbito ciudadano; violencia, sobre todas las cosas y la que más corrompe a estas elecciones, lo cierto es que dejar a un lado nuestra participación como ciudadanos, implica una irresponsabilidad engendrada a propia voluntad y con ello el leño que alimenta el fuego que sigue consumiendo al México contemporáneo: el desinterés por acabar con los malos gobiernos.