domingo, 20 de septiembre de 2009

Nada fuiste, nada eres

He abierto mis ojos y de nuevo está tu silueta interrumpiendo la paz del amanecer. Ya me había acostumbrado a no verte, no sentirte y no dibujarte en el pan tostado. La terapia fue no pensar más en ti, ni dejar paso a ninguno de los recuerdos bandidos que se atrevieran a asaltar los segundos propios de la serenidad del presente. Falló tal terapia. Volviste de nuevo, como siempre: inconstante e irresoluble. Vino de nuevo la frescura del mar que esconden tus ojos, tu aliento cálido, tu cabello confuso con el viento y tu sola presencia. No hay más sino tú otra vez, y para qué quiero más si tú, sigue siendo el todo preso en semejante pronombre.

Soy quien no debo ser cuando resucitas de la nada que fuiste y que sigues siendo. Eres quien debe ser, porque la naturaleza hizo que fueras la omnipresencia del orgullo vivo en tu cuerpo mortal que ostentas como si hubieras sido creado por Miguel Ángel, y sin embargo lo cierto es que hubieras sido su ruina.

No te quise, nunca te quise diría un bocado de negación que pretende ser la defensa perfecta ante la verdad caótica a la cual he sabido sobrevivir. Nunca me gustaron ni tus ojos, ni tu frente, ni tus labios, ni tu cuello. Nunca me gustó la F mayúscula con la que se escribe tu nombre, ni la forma en que tomabas el lápiz al escribir. Nunca fuiste lo que esperaba y en tal espera nunca llegaste a ser parte de una realidad esperanzada. Nada fuiste, nada eres.

Te quise: sí, con todo el alma. Desde la primera vez que se disipó en el aire tu figura creí haberle dado sentido a todos mis ayeres, luz al día propio en que te vi y una esencia enigmática a los mañanas que vendrían llegando cada vez que el sol decidiera claudicar ante el poder oscuro de la noche. Te quise y me gustaban tus labios, tus ojos que escondían el infinito, tus manos discretas y tus hombros tibios. La forma en cómo podías perderte en los misterios de las estrellas y la perdida forma en cómo podías arrebatarme una sonrisa. Siempre fuiste lo que esperaba, y en la espera… nunca llegaste a ser ni la esperanza de cualquier beso arrebatado, ni el sueño que se recargaba sobre mi almohada, ni la deriva del océano nombrado futuro. Reitero, nada fuiste y nada sigues siendo.

Ya no más de ti, ni de tus ojos vivos, no más de tu aliento, ni de tus labios, ni de tus manos, ni de tus atardeceres. No más de las estrellas que piensas pisar con tus pies de dios caído, nada de ti ni de tus promesas, ni tus delirios, ni tus congojas, ni tus noches en desvelo. Pretendo acabar ahora sí con todo lo que has venido ocupando en mi cabeza, en mis segundos y en mis desdichas. Nada quiero recordar de ti, ni volver a sumergirme en el infierno helado que en realidad son tus ojos. Te acabaste porque acabaste conmigo también. Porque creíste que no podría vivir sin ti y te valiste de ello para volver a sembrar ilusiones sin fruto. Nada fuiste, nada eres ni serás más. Hasta nunca. Hoy tú, nadie menos que tú, has apagado la vida de tus ojos, y no pienso seguir embaucado en semejante infierno verde.

lunes, 14 de septiembre de 2009

La tía Dolores

Tengo una tía que tras saber del engaño de su marido, ha venido sufriendo por ya más de diez años y con semejante certeza, siguió estando perdida en su manera de andar y la forma en cómo toma la taza del café. Suele pasar. Se casó y sigue estando enamorada. Eso creo yo que, por más que medio mundo le ha dicho que lo deje, y el otro medio, que vaya en busca del bienestar de sus hijas, se niega a dejarlo a la deriva de los brazos de la otra mujer. Hace apenas año y medio, ni nosotros ni ella imaginamos que dicha unión traería consigo a la cuarta hija que lleva el apellido de ambos, no sé por cuál razón vino a nacer una hermosa niña blanca como la nieve e inquieta como los niños nacidos después del año 2000, cuando ya ella acariciaba los cuarenta. Es linda la niña, y creo que la razón se sabe: siguen siendo marido y mujer.

Ahora mi tía y sus hijas, son cinco; cinco mujeres desdichadas por el desenfreno de un hombre. Y aún con todo, las entiendo y dejo de entenderlas por ratos. Hace unos días, su marido recapacitó después de la década que se dio con horas nocturnas de pasión en otro lecho. Quiere acabar con el inicio de tremenda tormenta, y quiere llegar de nuevo a estar justo al lado de la mujer que lo aceptó por esposo. Mi tía no sabe si creer o no. Ella desatiende lo que el futuro trata de descifrarle, y hace bien, hay veces que con su voz baja nos engaña y se burla. Lo que sí no deja de escuchar, la tía Dolores, como su nombre y sus penas se llaman, es su corazón. Dice que quiere reiniciar su vida junto al hombre al que siempre ha dejado entrar a su casa y a su cama, no sabe si ir a Puebla o Veracruz, donde sus cuñados le han abierto las puertas, no sabe qué hacer ni cómo pagar semejante viaje para encontrar de nuevo la paz de su vida. Eso dice su rostro, la forma en cómo platica y cuenta sus penas a su hermano, mi padre. Yo descifro en su mirada y su pecho apresurado cuando habla de su marido, que sólo desea con todas sus ansias que en Puebla o Veracruz, al fin quedando hacia el mismo horizonte, encuentre la salida de un nuevo sol, el encuentro de un nuevo amanecer, junto al brazo fuerte de su esposo y rodeados siempre de sus cuatro hijas. Como si la otra, otras o ninguna hubiesen invadido jamás el territorio que alguna vez fue sólo de ella.

Música: Esas palabras tan dulces, puede que sean sinceras...pero no, no y no; no te las voy a creer...

lunes, 7 de septiembre de 2009

Escribes, escribo: involución atada a la evolución.

En toda esta maraña de palabras y letras que se cruzan por nuestra cabeza nacen, quién sabe cómo ni porqué, escritos impregnados del perfume del amor, de la decepción, de sollozos y suspiros, de besos arrebatados, de ángeles y demonios, de santos y eternos paraísos; y me da miedo a veces perderme en este mar de sentimientos que desata unas olas impetuosas y constantes, fieras y llenas de una fuerza inclemente como muchas de tantas, si no es que tantas de las muchas veces que nos han hecho sufrir.

¿Qué hicimos para merecer todo esto? Me pregunto, y les pregunto a quienes han venido sufriendo la inconsistencia de la mala definición que el amor tiene en nuestros días. No sé, y creo que no hay respuesta a mi pregunta estúpida. Estúpido como vine siendo yo al caer en su paso indiferente. Pero para eso estamos contándonos nuestras tristezas, y regalando a quienes atestiguan con nosotros que aún ha de existir un pedazo de amor escondido en un suspiro, en un silencio, en una risa, en un aroma. En el rosado continente que se esconde bajo sus uñas, en el infierno helado de sus mejillas rojas, en la selva oscura de sus ojos o en el mar esmeralda que llegan a esconder en ellos. En la geografía de sus pieles color canela, nieve o chocolate, en el sabor de sus labios o en el tesoro que imaginamos esconden detrás de sus ropas.

Escribimos para idealizarnos fuertes aún con la debilidad de nuestros cuerpos, para ordenar nuestras desordenadas vidas, para dar testimonio del padecimiento más crudo que el alma conoce. Escribimos porque de alguna forma queremos vivir dentro de ellos por medio de las grafías que el propio ser humano ha tenido que inventar para explicarse tantas cosas que lo desconciertan. Letras y letras, las mismas letras con las que escribimos sus nombres con el dedo en el aire.

-Dentro de lo que escribimos andamos nosotros- le escribí a una amiga que también escribe- Tú abres la delgada cortina que cubre las penas de tu espíritu, te pintas y te despintas en la hoja que ante nuestros ojos se va leyendo; y yo -como bien me dijo en una de nuestras tantas charlas-, recreo mundos que llegan a mi mente para poder vivirlos en la forma en que uno quiere hacer que se vivan. Formas de inmortalizarlos al mismo tiempo en que nos deshonramos, porque: ¿quiénes son los personajes que más se quedan presentes en la memoria? Ellos y los malos pagos que vienen a dejar sin saldo alguno. Inmortales hasta en nuestros textos.

Mi amiga sufría por un amor desbocado y sin nombre, idealizado tal vez en un altar de infortunios, pero jamás digno de la firme decisión de blasfemar ante tal divinidad. Definitivamente mi amiga es un ángel con misión y sigue aprendiendo a volar. Desconoce el futuro, apenas y se deslumbra con el presente y a veces, añora su pasado. Es normal, y generoso a la vez. Y es por ello que, en la perfección de la telaraña donde anda con paso breve, radica la suavidad y la sombra inestable que le obsequian los rincones, a cuenta de que en todo preámbulo hay un mensaje, y en ese mismo enredo en que anda y desvaría, vive una araña a la cual debe pedir su consejo, porque a ella la evolución le ha enseñado a vivir sola, así como sola ha sabido esperar los breves minutos de la presencia de su macho. Toda la Biología no se ha equivocado en ello; aunque creo que no hemos evolucionado del todo. A veces llego a pensar que, los sentimientos, son el nudo más consistente que nos ata a la involución con la que venimos cargando, y no hace alarde a la evolución que entonces venimos presumiendo. Y si ante esto, soy yo el que se equivoca, definitivamente no me quitarán la certeza engendrada en las cuatro paredes de mi cabeza, pues nació revoloteando para hacerme creer que puedo llegar a ser dueño de un futuro, en donde las consecuencias de dicha involución me hagan evolucionar en las cosas que de amores tratan.

Tlaloc.
Designios de la divinidad prehispánica. Entre ayer, hoy, mañana y pasado el cielo cayó y caerá encima de nosotros. Al menos eso dicen las imágenes que el satélite envía. El Valle de México se ha visto afectado por unas lluvias torrenciales que no entran ni en los cántaros que presume el refrán. No había agua y aún nadando entre tanta que ha venido cayendo, sigue sin haber. No hay manera. La ciudad no cuenta con la recolección de aguas pluviales, el drenaje es de los mejores-dicen- aún con todo el desastre que causa en plenas arterias de la ciudad y colonias populares. Muchos hoy quedaron sin casa y sin cosas, sin metro y sin llegar a tiempo a sus trabajos. Protección civil a puesto en alarma a todos los citadinos, Marcelo Ebrard espantadísimo. No sabe ni qué hacer, aunque sería mejor que haga lo que se supone sabe: por algo está en un puesto público. Mejor hubiera sido danzar a Tlaloc y mejor respuesta nos hubiera dado. Porfa' Tlali...ni tanta ni mucha.
Música: creo ver la lluvia caer en mi ventanta, te veo pero no está lloviendo, no es más que un reflejo de mi pensamiento...