viernes, 25 de diciembre de 2009

Feliz Navidad.

Voces por los de abajo

Sí, fíjese. Ayer venía la tira correteando a unos güeyes de la Sur 18. La neta es que esos cabrones son bien gandallas, mire que en la mera Noche Buena. Ya ni la amuelan, me cae… Pero, pues ¿qué se le hace? Esos morritos nomás se estaban echando un churrito, ya sabe usted, para eso de calentar los ánimos, pasarla chido, en ambiente, bien acá. ¿Qué si los conozco? Nel, eran unos morros. Parecían duendes, así medios bajitos, narigones y con orejas picudas picudas. Traían hasta un gorrito bien cura. Nunca los habíamos visto por estos lares. A mí se me hace que esos mordelones sólo querían sacar varo; ya sabe, querían hacer su Navidad:“una lana y los soltamos”. Pinches culebras pasados de lanza. Aquí en la vecindad estábamos en el ajetreo de la piñata, el ruido de los chavitos, acomodando los bafles, cuando se oyó un desmadre y luego luego el escándalo de la chota. Sólo eran dos. Sí, bien putos esos güeyes. Ya sabe, bajan bien acá, como si sólo sus chicharrones tronaran. Para eso, los morros ya estaban escondidos en el baño de la casa. Sí, mi jefa siempre es rebuena onda para las causas perdidas, nomás les dijo “órenles chavos, métanse pa’ la casa” y luego luego le picaron pa´l cantón. Ahí estaba mi carnal el Chepos, pu’s no le quedó de otra que meterlos al baño. No, no les dimos ni madres de lana, ya ve usted la crisis. La ñora de enfrente les sirvió un vaso de ponche con su piquete, y ya ni volvieron a preguntar por los morros. ‘Ora sí que les dimos posada a los peregrinos de Belén. Aunque después si me daban harto miedo, me cae que eran unos morros bien feos. A lo mejor Diosito no los quiso hacer caritas. Comieron sus romeritos y su plato de pozole bien agustín. Y ‘orita pues han de andar en su rondín, se veía que eran bien bandita, así ¿cómo le dijera? Pues si, bien patas de perro; pero bien chiditos los tres. Ójala el Santoclós les dé un buen futuro, porque así como vamos ¿qué pinche país les toca? ¿Qué qué le pedí yo al Santoclós? Chale, pues yo ya ando medio peludo para esas cosas ¿no? Pero, la mera neta es que le pedí salud y pues que esta vez me acepten en una de las dieciseís prepas del Peje. Simón que quiero estudiar. Quiero ser escritor. Mi jefa dice que el San Juditas me va hacer el milagrito. Ójala que sí. Les quiero callar el hocico a todos mis cuates que dicen que lo que me fumo hace daño. Yo invento historias bien perronas, bien curas. ¿Qué si ésta es un invento? Nel, cómo cree usted que me lo voy a cuentear así… No, no. No le diré que no me echo uno o dos. Yo que me acuerde, sólo fue un cafecito, y mire nomás… Desperté en esta pinche celda y 'ora este Panzón barbón me está reclamando que le rapté a sus escuincles, chale, no la jodan. Por cierto ¿y usted quién es? ¿Qué tanto me está preguntando? ¿Feliz Navidad? ¡Ni madres! Hasta el pinche metro ya subió...



La música. Lo que le regalé a mi amiga Laura Mondragón. Este hombre es un gran músico. Mike Sierra. Buenos días.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Arde la sangre

Para ustedes: Papá Julio y Mamá Goyita, que procrearon a sus siete hijos; para tí, Mamá Nelly, que decidiste cuidarme desde otra distancia; para tiá More, tío Orlando, y tío Roger, que decidieron partir al infinito; y para tía Dayse, tía Irma y tío Jaime, que viven lejos pero siempre andan tan cerca de mí.



Fíjense ustedes que hoy decidí aventurarme en la profundidad del armario, y encontré una cartera de piel vino, polvosa y vieja. Creí encontrar en ella unas cuantas monedas, quizá unos billetes antiguos, de esos donde dos pesos eran dos mil y que además los custodiaba Sor Juana. Abrí aquel envoltorio vacuno y nada; de pronto, en uno de sus tantos compartimentos, ardían como las brasas varias fotos en blanco y negro con rostros que nunca recuerdo haber presenciado tan jóvenes, pero que algo en mi cabeza y en cada impulso de mi sangre dio por bien conocidos.


Por un lado, mis padres; que bien sé de sus rostros la fortuna de su sonrisa y la pasión de su mirada. Creo no tener en la cara siquiera una parte de tanta gloria como ellos expresan, pero creo sí reconocer en mis párpados caídos la esencia de mi familia materna y en la nariz ancha el afán de los Jiménez, como mi padre.


Ordené las otras fotos como una voz interna me iba mandando. Dicen que la fuerza de la sangre es profunda y llama, envuelve, abrasa con un fuego que llega hasta los huesos. Conjunté a todos los hermanos de la madre de mi madre, una mujer que cuidó de mí los primeros tres años de mi vida y creo yo que alguna fuerza superior permitió que habitara en cada respiración que doy, desde que decidió partir a un infinito que sólo pocos llegan a conocer. Así fue, que en ceremonia solemne, llamé a mi madre y le hice ver aquella jugada de recuerdos sobre la cama. Intactos, serenos, hermosos. Unidos por sus genes expresados en sus ojos grandes y párpados bajos, cara redonda, la mitad blancos como mi bisabuela y la otra mitad de piel oscura como mi bisabuelo, también presentes en esas fotos reunidas de la familia Rodriguez Solís.


Dueños de la tienda más variada de Kinchil, Yucatán, un pequeño poblado calmo del occidente del estado; Don Julio Rodríguez y Doña Refugio Solís, crecieron a siete hijos en la prosperidad de su dicha. Toda una esquina ocupaba la tienda en donde bien se encontraba petróleo, pan de caja y chile habanero. Un mostrador antiguo de madera, repisas en las paredes y cinco entradas conformaban a la afamada miscelénea. Así recuerda mi madre sus primeros años en aquel lugar, mientras yo sólo imagino y siento ese gozo de vida.


Siete hijos, y entre ellos mi abuela; siento raro escribir esa palabra porque siempre le he dicho mamá. Nelly fue, es y seguirá siendo su nombre mientras las ganas no me falten de mencionarla y hacer de su ausencia la presencia más aferrada a mi recuerdo. He de decir que siempre he conmemorado más a mi familia materna que a la de mi padre, y el triunfo que he ganado es que mi padre la conmemora también junto con todos aquí en la casa. Por eso, sigo viendo como arden sus rostros sobre mi cama: ordenados y fervorosos. De los siete, sólo me quedan tres, tres de esos siete que forman parte de mi genealogía. Viven todos, los celebro, los sigo mirando. Tengo a un lado a Julio Rodríguez y Refugio Solís, mis bisabuelos; a Mamá Nelly, mi abuela; Dayse, Irma y Dalia, las mujeres Rodriguez Solís; Jaime, Orlando y Roger, los hombres. Quedan vivos tía Dayse, tía Irma y tío Jaime. Todos viven, como benditos, en las fotos que aún tengo esta noche sobre la cama.


Feliz Navidad. Su ausencia, en estas fechas, es ahuyentada por la fuerza de sus nombres cada que se comparte el pan en esta casa. Donde quiera que estén, ¡Felices fiestas!


La música. Caminante del Mayab, de Guty Cárdenas.

martes, 22 de diciembre de 2009

Entrega total


Soledad, cruda palabra que mezcla desesperanza y silencio. Esta vez, ya no soporto la terrible soledad, dice la canción. ¿Puse condición? No recuerdo esa palabra. Que hiciera lo que quisiera por bien o por mal, no importaría. Ha venido haciendo lo último. Caminar en los jardines de la eternidad, sintiendo el fuego del infierno o el frío intenso de Plutón: a su lado, sería una entrega total.

¿Perduraría ahí nuestro amor? ¿Existiría? ¿Existe fuera del cinturón de asteroides la acción de amar? Sería toda mi felicidad, mi aire, mi nombre, mi pensamiento. ¿El fondo del dolor? El abismo, la barranca, el acantilado. ¿Por maldad o por amor? De cualquier forma tenerte siquiera, por odio, por desprecio que me tuvieras; sería forma de tener un hilo del vericueto que se enreda en tu pensamiento, tu devenir.

¿Con un beso entregarme? No, con más. Entregarme en forma total, en cuerpo y esencia, ánima. Con mis ojos, mis cejas y mis oídos, mis manos largas, mi nariz ancha y el diluvio oscurecido que penetra en mis ojos. Mi saliva como bálsamo de tus dolencias, mi aliento como la calefacción que apagaría el frío de tus tristezas, y mi sonrisa como el reflejo de la dicha que llegara a anegar tu alma. No fue suficiente. Entregarme en forma total no llegó a tu precio. Cuestas más, vales más. Hay quienes sí llegan a tu precio, amores de un día, miradas de un instante, pasos tirados a la suerte de cruzarse, amores de unas horas. Yo no, ni de un segundo. ¿Qué más se hace? Ni conmigo mismo llego al precio…creo que no tengo nada más que ofrecer…. y ahora, en esta soledad, me he dado cuenta que no vales tanto como crees valer.


Reafirmaciones. ¿Ven cómo vivo de la pena y la nostalgia? Si fuera un lector asiduo como algunos de ustedes, no llegaría a leer esta viñeta, en donde tengo el valor y las ganas de reafirmarme. ¡Qué patético!


Por medio de la presente. Hemos perdido la mera forma de correpondernos, cartearnos, escribirnos. Hace falta un buen sistema de correos en México, como de lineas ferroviarias, caminos, seguridad, alumbrado, política...No, no...yo sólo pido, que ya que existe el recurso del e-mail, nimodo... es buen recurso para no perder la costumbre. Por cierto, Guadalupe Loaeza tiene un buen libro que se titula como este apartado.


Versos.
Igual que los cangrejos heridos
que dejan sus propias tenazas sobre la arena,
así me desprendo de mis deseos,
muerdo y corto mis brazos,
podo mis días,
derribo mi esperanza,
me arruino.
Estoy a punto de llorar
Por supuesto... Jaime Sabines.


La música. Entrega total, con Javier Solís.


El libro. Empecemos con Éste que ves, de Xavier Velasco.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Fly me to the Moon


No creo ir de su mano a la Luna, ni sentir de pies a cabeza la primavera de Júpiter o Marte. Nada de jugar con las estrellas, ni siquiera en alcanzarlas a través de un telescopio. Nada que tenga que ver con el espacio que tanto le apasiona, nada que tenga que ver con aquél monstruo incomprensible del cual soy parte, por constituirme de materia.

Siquiera un beso, siquiera me tomara de la mano sin salir de este planeta tierra. Que llenara mi corazón con canciones, que me cantara, que me escribiera. Que me viera a los ojos y permitiera hundirme en su fuego. Que me dejara cantarle por siempre, como promesa cautiva de su amanecer y sus noches, como pasión inextinguible de su entrepierna, como la fiebre que corona sus enfermedades.

Eres todo lo que deseo, lo que idolatro y admiro, a lo que me aferro. En otras palabras, sincérate… Sabes que te quiero, y sé que tú nunca podrás quererme. Nunca pedí que me lleves a la Luna, que me tomaras la mano, que me besaras. Sólo pedí que algún día me aceptes en la primavera presa en tu mirada y abras la puerta de tu corazón a este hombre nómada, trashumante, sin casa ni sentido de pertenencia.

Visionario. “Creo ver un mundo iluminado más allá de su apocalíptico final, creo ver tus ojos al final de la tarde”.

Pasiones.
A mi me gusta mirar la luna, me embelesa, me hace lunático. Me alucino. Soy un azotado. Me encanta vivir “En el ombligo de la Luna”

El libro. Amores que matan, de Rosa Beltrán.

La música. Claro, Fly me to the Moon, con Frank Sinatra.


lunes, 14 de diciembre de 2009

Oh, poderoso Zeus


Regresé del escándalo que se vive bajo la insigne devoción guadalupana. México es un país que se fundó bajo las ideas posesas del Cristianismo con gran fiereza y que, a cambio de los ídolos mexicas que representaban de manera extraordinaria la cosmogonía poco enardecida por el dios trinitario, llegó la forma precisa de juntar lo indio con lo occidental, naciendo de ahí el mito más conocido por todos los que de México se dicen ser y ante ello no me meto en el agobio de repetir el santo misterio que de forma misteriosa sigue nublando de pólvora el 12 de diciembre.

Hice un viaje para olvidarme del silencio de esta ciudad y me encontré con otro silencio más escandaloso. Para empezar, la familia lejana que tengo en Santa Cruz de Juventino Rosas, Guanajuato, que se pierde en un enredado vericueto de mi genealogía materna, hizo todo goce y toda comida que pudiera existir por el sólo hecho de haber pisado su aposento. Y de ahí en adelante todo fue comida y fiesta llena de cohetes colocados en un armazón enorme de largo, llamado castillo. Común para todos los que habitan en poblados escondidos en la provincia del país, fue para mí inusual y poco concebible, pero a la vez cautivó el afán de mis ojos ver tanta chispa y tanto revuelo ardiente de luz. Escuchar azorado el inicio chispeante de su encendido y ver embelesado a medio pueblo no es cosa que se vea todos los días en este monstruo de ciudad mal planeada, pero que tanto quiero.

De interesante había poco en este lugar que de un dos por tres decidió convertirse en ciudad. Ahí nació, por ello su nombre, Juventino Rosas, hombre taciturno en la historia musical de México, con una vida trágica y un talento escandaloso como las olas de su vals. Pero aún así, con semejante hombre nacido en el seno del estado de Guanajuato, con su iglesia en cantera rosa que custodia el centro de la ciudad, con las charamuscas de colores remojadas en atole blanco en Cuaresma, con el aire del campo, con las montañas eternas que enmarcan el horizonte lejano, con el alba y el ocaso, poco pasaba en esa tierra de causas perdidas.

Ahora su población rebasa los 5, 000 habitantes y su actividad agrícola es menos del 25%. Trabajan en otras actividades impulsadas por los hermanos mojados. Andan como perdidos los uniformados de la policía con rifles a la vista y cascos que parecen fabricados por el creador de vestuario de la Guerra de las Galaxias. Ya no se ven las estrellas como en el ayer que apresaban los ojos de mi infancia. La gente de antes se va acabando y han llegado de todos lados del país a establecer ahí sus sueños. Las mujeres siguen siendo golpeadas y destinadas a tener hijos mocosos y llenos de mugre, ahora manejan camionetas Expedition, 4x4, Explorer, Van, GMC, Jeep… - Mi viejo mandó dinero del Norte- dicen orgullosas de sus hombres que calman su animalidad con otras mujeres del mismo pueblo, pero en diferente nación, redimidos por el envío constante de billetes verdes y cuando llegan cogen como benditos con sus esposas, porque lo son ante los ojos de Dios.

Llevar el nombre de ciudad se le debe a tanto migrante que ahora vive en ascuas en el Norte. – La crisis- dicen las mujeres de Santa Cruz, repitiendo las palabras que sus viejos les dicen muy agringados por el teléfono. Antes, la tía Juana pagaba por minuto cuando nos hablaba en uno de los dos teléfonos que había en todo el pueblo. Ahora, las mismas mujeres que manejan camionetas chocolate, hablan también por su Iusacell, Telcel o Nextel. Hablan más que yo y a todas horas.

- Dios dirá- dicen a cada rato. – ¡La santísima virgen!- dicen las madres de las mujeres de Santa Cruz. –Si Dios da licencia- responden a cada propuesta que hagan para el mañana. Y así como respeto la religión de mis padres, también me espanta. Todo un ruidazo y una bruma de cohetes de locos celebran a la mujer mestiza que se hizo llamar Guadalupe. –Agradecemos a todos los paisanos de Carolina del Norte, Indiana y Fort Worth por haber pagado el conjunto y el castillo de esta noche- dicen fervientes los mismos hombres que cantan en el escenario.

La iglesia repica, el ruido ensordece, las chispas ciegan a la gente. Son ya una ciudad donde se oyen andar como desaforadas las ambulancias, la policía antidrogas, se oyen violaciones y golpeados, empiezan los secuestros, abunda ya el narcomenudeo como si se cantara un narcocorrido. Se siguen comiendo frijoles en olla de barro, atole de masa, tortillas con salsa y queso. La gente se sigue sentando afuera de las casas a ver pasar la tarde comiendo cacahuates tostados y garbanzos asados con chile y limón. Siguen existiendo supercherías, brujas, hueseros, hechiceros y yerberos. Se le sigue llamando por ello “Brujentino Rosas, tierra de brujos”. Se siguen limpiando con huevo, limón y ramas de pirul. Siguen escuchándose los llantos inaudibles de la Llorona por todos aquellos que quieran preservar su existencia. Siguen naciendo niños sin control y siguen haciendo fiestas en gracia del Dios de Abraham, Isaac y de Jacob. Creen que Quetzalcoatl es un diablo que está alejado de Dios, y seguramente el cometa Halley sigue excomulgado de la Iglesia. Si supieran que rindo culto a Buda, a Tlaloc, Marduk, Obatalá y Zeus, seguramente me hubieran linchado. Si les hablara que en México (como llaman a la Ciudad) se va a los antros como se va a comer frijoles por las tardes al campo, entonces sería un descocado de los nuevos tiempos. Si hubiera dicho que apaguen su ruido para escuchar el silencio de tanto niño que confunde la Primera Guerra Mundial con la Guerra de Castas, seguramente me hubieran trepado al castillo y me hubieran quemado para bien de la Santa Iglesia. ¡Oh, poderoso Zeus, ruega por nosotros! ¡Oh Tlaloc, no nos quites el agua bendita! ¡Oh, Mictlantecuhtli, danos buena muerte! ¡Arca de la Alianza! ¡Puerta del Cielo! ¡Oh, Santa Inquisición!… ¿qué pendejadas hiciste? Amén.


jueves, 3 de diciembre de 2009

Ando yendo

"Si vivir sólo es soñar, hagamos el bien soñado" Amado Nervo

He tenido unos días en los que hago cumplir el gerundio que viví repitiendo en la primaria con sus terminaciones sencillas: -ando, -iendo. Fácil. Yo imaginaba a un borracho que poco se sostenía a pie y andaba yendo de un lado a otro, y para acabar el asunto su madre optó por ponerle Gerundio. Pero digo que ahora lo vivo, como vivo el sol y el frío de este diciembre, y lo vivo porque ahora en estos días de vacaciones no me hallan más que durmiendo, comiendo, bebiendo, durmiendo, escribiendo y gozando la nada. Pero así que ven, la nada es ardua y a veces más cansada que tener ocupadas las horas. Lo es porque a uno se le ocurre hacer todo, de todo y estar en todo.

Me he dispuesto a arreglar el escritorio donde me encuentro frente a la computadora, y lo dejo a la deriva de un mañana prolongado por la infinidad de cosas que roban mi atención, como ver videos de filarmónicas por internet hasta grabarme los altos y bajos de la voz que apresa en su garganta Susan Boyle. He escuchado una y otra vez los nocturnos de Chopin, la Danza húngara de Liszt y Veracruz de Agustín Lara, aunque digan que sea un dislocado de estos tiempos, que me gusten los suéteres de abuelito y que cuente historias como quien tiene setenta años. Y esto y más he hecho cuando nada por hacer invade el territorio de mi tiempo.

Uno en estas circunstancias suele pensar en muchas cosas y estar retraído consigo mismo, a solas, armonizándose, rehaciendo capítulos que han cambiado de página, recordando… Soy nostálgico, y eso lo saben quienes me conocen, vivo del ayer como si mi actualidad fuera prescindible. Y reconozco que tal tontería es hacer uno de los círculos viciosos en los que más permanezco, porque al hacer prescindible mi presente en un parpadeo hago imprescindible mi pasado. Y este vicio lo comparto con mi amiga Anabel, que ahora es asidua lectora de este espacio.

Desconocemos muchas cosas que existen. Alan León, un hombre cabal como impulsivo, certero y elocuente, me contó que uno de los impulsos que tiene en la vida es precisamente ello. Y lo es para todos, para el conocimiento, para la ciencia, para el humanismo. Así surgen las preguntas que a menudo conmueven nuestro raciocinio interrogante. Yo también soy movido por ello, no me abstengo de preguntarme y conseguir verdades que calmen la impaciencia de mis dudas, pero hay otras cosas que es mejor no entenderlas como el amor, porque de ahí surgen teorías e hipótesis que las hacen más inalcanzables que tangibles y más comunes que asombrosas. Yo creo que no pensó eso Schopenhauer en su ensayo El amor, donde asegura que la especie y no más que ese fantasma de hacer individuos fuertes, impera en algo que a través de tantos siglos no se le da respuesta. Por eso considero que hay cosas que mejor las dejo como creo que son y como mejor las pueda vivir: sin respuesta.

Me dispuse también a leer varios libros sin un orden ni de estilo ni de corriente literaria, y es mejor así, porque es mejor adentrarse a distintos tiempos y a distintas tintas. Pasé por el Siglo de Oro español con Fuente Ovejuna, de Lope de Vega, encontrándome con la fiereza y entereza que tiene un pueblo cuando le llegan a lo suyo, a su gente; cómo es que desde siempre han existido hombres listos que se aprovechan de sus gobernados y, peor aún, de las mujeres. No cabe duda que en esas malas mañas, la sociedad poco ha cambiado en cuatro siglos. Por ahora me encuentro detenido en una novela entrañable de Elena Poniatowska, La piel del cielo, donde el afán por sobrevivir a una vida con infinidad de escollos y tropiezos se impone ante todos y toda la sociedad posrevolucionaria de este México tan mío como de los demás. Un México que nacía a los albores de institucionalizarse con más de medio país sin saber leer ni escribir. Lorenzo de Tena es el valiente que va escudriñando esos caminos que la vida le va descubriendo, con su inteligencia indomable y su espíritu aventurero, con la única seguridad de que arriba, más allá del cielo oscurecido, existe un universo en expansión con un juego de luces que recorre los colores del espectro.

Así es que, como Lorenzo de Tena, sé que existe una realidad más allá de mis posibilidades humanas de comprender, inmensa, superior e infinita. Una expansión de materia y energía, luces que se han emitido desde hace millones de años a la distancia y llegan apenas hace tres segundos. Tiempo, relatividad, nada, desorden y orden: subsistencia. Vivir para trascender, dejar huella y funcionalidad. "Ser o no ser" diría Shakespeare… "Y es bueno tener conciencia de que en nosotros hay algo que lo sabe todo" diría Hesse a través de la voz de Demian. Tengo la fortuna de conocer a muchos Lorenzos, muchos Demian, infinidad de mujeres valientes que se imponen a la sociedad. Tengo la fortuna de tener libres estos días para saberme rodeado de hombres que andan en busca de su talismán en esta vida, otros más que descubren ser sentimentales cuando negaban con seguridad ser indoblegables. Tengo la fortuna de haber compartido una comida en paz y calma, con Taateni, Thalia y Mariana, tres mujeres que andan en esta vida como si la vida fuera andando entre las mujeres. Son valientes y razonables, únicas como sus vidas y sus amores. Únicas como ese café anclado en las calles de Coyoacán que quién sabe cuántas historias de vida no habrá escuchado en todo el trajineo que ha visto pasar, en este México de todos los tiempos, en este México que subsiste a pesar de la incertidumbre de un mañana. En este México borracho como el gerundio de mi historia infantil, este México que anda yendo…y no se llama Gerundio.

Saludos. A Taateni, Thalia y Mariana...a EmManu que llegó tarde como siempre, pero a tiempo para charlar y reir como si el tiempo no pasara por nosotros.

A una jipi con american exprés (todo en español; la Real Academia ha dado el visto bueno de cambiar el vocablo inglés por la sencillez de "jipi") ChaTri!! Ya estamos del otro lado! Un gran logro en nuestra vida. Te quiero y no es por tu dinero plástico (jaja)

Los versos. De Fuente Ovejuna, al discernir entre la existencia o no del amor.

Es rigor y es necedad.
Sin amor, no se pudiera
ni aun el mundo conservar.

Los que faltan. Amores que matan, de Rosa Beltrán; El Esclavo, de Isaac Bashevis Singer.

La música. Urge, con Javier Solís.










domingo, 29 de noviembre de 2009

Como cuando llegamos a vivir aquí.

Fausto perdió el primer amor que sus brazos delgados y su mirada apacible habían hecho suyo tan asidua como obstinadamente. Lo perdió como quien pierde un dije en el ajetreo que se carga el mar, cuando deja la concordia por la bravura de sus olas, extraviando la armonía y hallando la falacia de una tranquilidad inexistente. Los últimos días a su lado no se hicieron más que de pleitos y arrebatos sin sentido; un tercero en escena encandilaba el litigio. De la noche a la mañana, Román no volvió a pisar el departamento y no lo llamó más al celular ni le escribió por correo electrónico. No le volvió a apretujar la nariz por las mañanas mientras lo veía vestirse y apurar su cuerpo para entrar en los pantalones y el saco que lo envolvían para irse a trabajar. Se fue como un bendito desmemoriado y Fausto no hizo mas que aborrecer su maldita memoria.

De ese día en adelante, lloró por tres meses sin parar hasta ver arrugadas sus mejillas y hacerse de unos pómulos saltones y unas ojeras decrépitas. Comía helado, salchichas congeladas y enlatados de la despensa. Se dedicó a ver las series que pasaban por la Tv de paga y no contestó llamadas ni de su madre ni del trabajo. Cuando tocaban a la puerta se limitaba a decir de forma arisca: “estoy bien, sigo recuperando fuerza”; y así, todos los que le querían se fueron haciendo la idea que el tornillo que le estaba flojo se había acabado de soltar.

A la exactitud de tres meses, Fausto se miró al espejo, se lavó la cara, arrasó con la barba tupida que cobijaba su duelo, tomó un baño y se alistó para salir a la calle. Gastó el poco dinero que quedaba en las tarjetas de débito en ropa, visitó a su madre con la ardua presura que le embestía siempre, compró un helado de fresa y se sentó en el jardín que quedaba frente al edificio donde vivía. De pronto, apareció la voz de un hombre brioso detrás de unas gafas que escondían la zozobra de sus ojos.

- Sigues vivo- dijo apagando la desazón de su silencio.
- Más que mejor- respondió Fausto sin mirarlo y acabando con el cono que guarecía su helado.
- Cómo son bravas las olas del mar- dijo Román al quitarse las gafas.
- Ya veo que si. Bravas, arduas e indolentes.
- Me perdí como un dije en ellas ¿verdad?- preguntó Román en el aire.
- Digamos que ellas te arrastraron a otra playa- contestó Fausto.
- Pero me trajeron de regreso- respondió mientras se humedecían sus ojos almendrados.
- ¿Por qué lo dejaste?
- No hacía buen café.
- Ya veo…- respondió Fausto- ¿Y yo sí?
- El mejor de todos. ¿Me pasas a tomar uno?
- Los que quieras
- ¿Qué harás hoy por la tarde?
- Veré Tv de paga
- ¿Puedo verla contigo?
- Si quieres.
- ¿Dormir contigo?
- Depende…- sentenció Fausto.
- ¿De qué?- preguntó Román
- Si encontramos la cama en el mar del desorden que hay allá arriba.
- Pues dormimos en el suelo
- ¿Te parece?- preguntó Fausto
- Sí, como cuando llegamos a vivir aquí. ¿Las paces?
- La tregua; que sea entonces como cuando llegamos a vivir aquí.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

¿Quién sabe encontrarse?


Entre todas las amigas que tengo, Alejandra es una de las mujeres que más ha sabido vivir su vida en la pasividad irradiante con la que angula su sonrisa. Goza de una frescura única, de unos ojos grandes, un cabello desaliñado y siempre presumiendo aretes de todas las piedras habidas y por haber, que cualquier mujer del valle del Anáhuac hubiera envidiado.

Hace no mucho tiempo llegó a nuestros oídos la noticia de que un hombre afortunado se hizo dueño de su audacia y sus guerras. Y de ahí para acá tuvimos la pertinaz certidumbre de haberla perdido. Alejandra Jaramillo habla como quién no encuentra una palabra que aterrice a tiempo sus oraciones, y es por eso que se extiende en todo lo que su cabeza presume de contar. Habla de las vacas y los cerdos con los que practica en las granjas, del rock mexicano y argentino, de las nubes moteadas, de las fiestas, del metro y sus cólicos menstruales. Habla de todo y atropellado, pero habla. Y todos nos preocupamos cuando no supimos más de su voz y sus andanzas; y cuando digo todos, digo el grupo de amigos que nos amparamos desde la preparatoria.

- Que siempre si tiene novio- dijo Valeria una tarde que me encontró en la biblioteca.
- ¿Y de dónde será semejante flechador de fieras?- respondí.
- No sé, sólo me respondió el mensaje donde le preguntaba si todo lo que decían era verdad.

El aire se llenó de mil dudas sin sus mil respuestas y ninguno de nosotros sabía siquiera algo de Alejandra, sino los revuelos que hacía afianzada al brazo de un hombre desconocido ante nuestros ojos. Fernanda y Omar, oyeron de voces de otros la incierta verdad que nos picaba la cresta. Juan Pablo, se alejó más de los rumores, como lejos queda la Facultad de Derecho. Mario y Victor, supieron secretos que dejaron de serlo por alguien que decidió darles rienda suelta en el aire. Valeria seguía rastreando a cerca de lo que no queríamos se acomodara en nuestra convicción. Y yo, no quedé en paz hasta que la localicé. Teníamos que saber que estuviera viva y con ello dejar morir la incertidumbre que nos ahogaba por las noches.

- ¿Qué tienes un novio?- pregunté en el llano tono arisco que recrea semejante pregunta.
- Que lo tengo- respondió de una forma que la Alejandra de antes no hubiera entonado.
- Pues bien por ti y mejor por él, pero no es posible que nos abandones tanto por ello.

Dejamos muchos silencios entre cada tema que se decidió enredar en nuestras lenguas. Alejandra tenía la mirada perdida, sus manos frías, su cabello extrañamente aliñado. Parecía boba y le faltaba la chispa que en cualquier momento propicio encendía. Algo pasaba con Alejandra y tuve la fortuna de adivinar en sus gestos, algo mezclado en la hilaridad con que nos mira la angustia, y ésta andaba en su rostro. Ese miedo a lo que está por venir, llegaba burlón y entrometido al silencio de Alejandra.

- Tengo miedo de ser una perdida- dijo arrancando el poco pasto que se empeña a nacer en las Islas de Ciudad Universitaria.
- No lo tengas mientras tengas quién te encuentre. Porque, te encuentran… ¿no es así?
- Siempre- dijo ella- Comenzó por aventarme papelitos a la maraña de cabellos que tengo, salían miles cada que me bañaba y no sabía de dónde diablos venían. Primero eran unos diez, a tal grado de llegar a las cien bolitas de papel. Un día, llegó una en color rosa, escondiendo una letra redentora que decía: Me gustas, y ni cuenta te das; entonces, comencé a indagar en las miradas de mis compañeros, hasta que hallé una que escondía un pedazo de mi futuro revuelto en la oscuridad de su noche. – Me hallaste- me dijo una mañana que no paraba de verlo. Y así me pidió que anduviera con él.
- ¿Y por qué nunca nos dijiste nada?
- Por miedo a perder la paz que había encontrado. Y después llegó la guerra. Se los contaría hasta que estuviera segura de vivir una realidad.
- ¿Cómo, de tanta paz también la guerra?- pregunté asombrado por la extrañeza de sus oposiciones, y comenzó a reír como la Alejandra de siempre.
- ¡Menso! De ahí no paramos de bombardearnos cada que podemos. Fue el primero con el que tuve sexo, y la verdad es que no me he arrepentido.
- ¡Ah! ¿Entonces ya estás segura de tu realidad?
- Creo que ya. Me aseguré de ello una vez que le metí la mano a su pantalón, y me encontré con semejante serpiente.
- Si, supongo que la serpiente halló la caverna que necesitaba.
- Creo que sí- dijo volviéndose a perder en un delirio de cualquiera de esas noches.
- ¿Crees o estás segura?- le pregunté de nuevo intrigado.
- Creo, como ferviente fanática de lo suyo y estoy más que segura gracias a todo lo que he podido sentir.
- Eso es bueno, que tú también sientas.
- Todas sentimos, lo importante es creer que somos presas por una fiebre escandalosa que nos haga sentir. No todo es culpa de ellos. - aseveró- ¿Sabes?, mi papá me cachó en la sala con él, y con mi mano en su cosa.
- ¿Y luego?
- De ahí creen que soy una perdida…
- ¡Pero con él te encuentras!
- Sí, por eso sigo creyéndome que me pierdo y me pierdo como la niña esa del bosque de la China.
- Pero tú no tienes miedo como ella.
- ¡Obvio que no! Porque en esto no ando solita ni de noche- y volvió a reír con la soltura de siempre.

Desde esa vez, todos nosotros supimos que Alejandra estaba en silencio porque decidió perderse en el escándalo de su sexualidad encontrada. De ahí para acá, siguió hablando del metro, de las fiestas, de sus cólicos menstruales, de cómo Carlos, como el famoso flechador se llama, la ata y la desata cada que se dan tiempo. Y no la hemos perdido, sigue cuerda y loca, se perdió la cara de boba con que la hallé esa tarde de confesiones, pero ella no. No es una perdida, y si se pierde no importa, todos nos perdemos, pero lo mejor es que unos pocos como ella encuentran la mejor manera de encontrarse.

Hoy. Acabé con el examen final más fiero y que más miedo pudo darme, y me encontré con la paz que hace unos días había perdido.

Libros. Empiezo el Postfinales- Reyes con Fuente Ovejuna, de Lope de Vega. Y voy por más. Dice mi primo, Carlos Tun, que El esclavo es buena opción, veremos si lo es. Un saludo hasta allá, donde mi sangre rebosa al calor de la Península de Yucatán.

Música
. Querida, de Juan Gabriel.

Frase del día.
¡Y que siga la mata dando! Va para Tha que tiene que seguir dándole a esto que nos viene pasando.

Lo mejor. Para Diana y Riky que van por la Segunda Vuelta.





sábado, 14 de noviembre de 2009

El sustantivo

Es el que significa alguna sustancia corpórea o incorpórea. Subsiste por si mismo en la oración, sin necesidad de que se le junte otra palabra que le califique.



Para ti, de mí:

Sí, fuiste el todo y la nada de mi vida. El cosmos, el sol, un cometa, polvo espacial. Pulga, azotador, camaleón, delfín y hombre. El acertijo que no pude descifrar con acierto, un latido en melodioso concierto y el desconcierto de mi capacidad mental. La luz de mi noche a tientas y la oscuridad de mi tarde imprevisible. Un silbido en el silencio de mis labios y el grito que rebosa en el escándalo de mi intimidad. La figura que siempre esperé tener atada a mis brazos y el irremediable ceño fruncido de tus enojos sin causa. La incertidumbre del color de tus ojos y la certeza infinita que escondes tras de tu frente. El porqué de todo lo que vengo siendo en este entonces y la duda inasible de lo que sigo sin ser. La paz que perdí sin darme cuenta y la guerra sin tregua de la cual no me he querido rendir. El horizonte que se adivina en un atardecer y la realidad oscurecida que deja el final de la tarde. El caudal de este río inquieto que llevo en el alma y la quietud del mar Caribe en una mañana de verano. El calor que confunde mis ideas y el frío que estremece los poros de mi piel. La verdad que se esconde en el aroma de tu cabello y la mentira que pronuncia tu mirada distante. La noche que no sabe ser corrupta y el día que peca de claridad. La nube que viaja de cielo en cielo y la estacionaria para dar de su sombra. El viento y el aire; el fuego y la hoguera; la tierra y el peñasco, el agua y el manantial. Todo y nada. Mi ayer distante, mi hoy como un quejido y mi mañana anclado en la vacilación...

Eso creo yo, Isela. La que una vez creyó en ti. La que te dio ratos de ocio y de abrazos cálidos. La que te besó con ansias y se afianzó al aroma de tu cuello. La del lunar rojizo debajo del ombligo, la que pecó de tonta y creyó en lo increíble, la que permitió que te anclaras al muelle restringido de su corazón. Sí, lee bien esta carta, quizá la última después de tanto tiempo. Escribió la que sigue creyendo que hubieras sido la oración perfecta con sólo las nueve letras que conforman tu nombre. Ahora no pasas de ser el sustantivo, el ente, la sustancia. Corpóreo o incorpóreo, no importa. La cosa imperfecta que bien se acomoda a la perfección de la nada y, en dicha nada, el todo que seguirá ocupando otro más en la lista de los malos amores.

PD Tuve la necesidad de mezclar, entre línea y línea, algunos sustantivos acompañados de su calificativo ¿Por qué? Porque a final de cuentas, sin ello no subsistirías por ti mismo.



Aclaro. Verán que algunas entradas van ir teniendo título de elementos de gramática. No sé porqué surgió en mi la necesidad de escribir breves relatos con ello. Creo que trato de explicar que el amor, o el desamor, se explicarían bien con dichos elementos.

Saludos
. A mi amiga Anabel, que regresó a la tierra azteca que ha sabido querer con ansias. Cuando la ví, sentada en la sala de mi casa, sentí que algo que tenía perdido se volvió a acomodar en mi pecho.

Música. Nereidas, con el flautista pródigo Horacio Franco.

Versos. "En ti los ríos cantan y mi alma en ellos huye/como tú lo desees y hacia donde tú quieras" Pablo Neruda. Gracias a Jesús Herrera, por compartir estos versos.

Gracias
. Por las cosquillas que provocaste este jueves. Preludio de mi agonía.

sábado, 31 de octubre de 2009

Víspera de día de muertos

"A lo mejor morir es separarse de todo con facilidad, dejarse ir, dormir, flotar, fluir, abandonarse, a un curso desconocido hacia un destino también desconocido" Elena Poniatowska

En la víspera de este día de muertos, llega la solemnidad con la que siempre he recordado el brillo de tus ojos distantes. Nada hasta ahora ha podido arrancarme esa forma sublime de ver la irrealidad de un mundo a través de su transparencia, de su magia. Quisiera que algún vivo o siquiera un muerto pudiera irrumpir la tranquilidad con la que veía pasar cada segundo de mi vida, y que hasta ahora sigue intranquila como aquella paz mutada que se vive en el seno de la guerra. ¡Ya basta!, me he dicho tantas noches sumergidas en sábanas húmedas y llenas de la sal que en mis ojos irrita su esférica conformación.

Siempre me han gustado los días en que México se envuelve en el aroma suave del copal y la flor de cempasúchil, en el misticismo que engloba su prehispánica adoración por lo que vive en una eternidad desconocida y la forma sin remedio con la cual el catolicismo mexicano tuvo que acoger dicha costumbre infranqueable. La muerte que el mundo ve con asombro, simplemente la recibimos con la humildad que merece. Ofrendamos lo mejor y lo que más gustaba al difunto que se honra en cada altar de las familias mexicanas. Y en dicha forma hacemos de una pena irremediable una fiesta luminosa, solemne y llena de misticismo.

Soy un vivo que se ha venido cansando de morir cada minuto en que paseas por mi memoria y en efecto te has convertido en una enfermedad que si no sé controlar terminaré en un manicomio hasta morir revolcado en mis propios orines. Ese primer año de haberte conocido, de haberte tenido tan cerca de mis manos, no pasamos juntos este año nuevo de la cultura celta. Fui solo a visitar las ofrendas tradicionales de Ciudad universitaria, sin ti porque dijiste que ese día celebras el cumpleaños de tu mamá, y yo por no agobiarte con insistencias estúpidas simplemente no volví a invitarte. Fue un mal punto. No creí que te hubieras molestado tanto por el hecho de no insistir. Al día siguiente, mis amigos a los que ya también conocías vendrían a mi casa a ver películas de terror, te invité porque quería que entraras más a fondo a lo mío, a que conocieras de dónde vengo y quizás fuera la precisa forma para entrar a las puertas de mi alma desnuda. No viniste. Te hablé y me colgaste el teléfono como a un idiota, por haberte dicho “eres un pesado”, se esfumó en los agujeros de la bocina tu voz con la que muchas noches he soñado en mi oído. Fue nuestro primer pleito como amigos, y de ahí muchos otros fueron llegando a cada rato. El año pasado, ni se diga, anduvimos por ahí y no nos vimos más en todo el recorrido de los altares, para ese entonces había un abismo pronunciado entre tu presencia y la adoración errante que se volvió fanatismo. Al tiempo, ya no eras tú la persona que había conocido antes.

Estas ofrendas no fueron la excepción. No te vi por ningún lado, y me volví a sentir más solo de lo que sé que estoy. Volvió a rondar por mi cabeza el aroma de tu cuello y la sagacidad con la que iluminabas al mundo y que, después de una fracción de segundo, simplemente era inverosímil. Llegaste en un tiempo escaso para ordenar mi vida, y poco a poco la volviste a desordenar hasta ahora que no veo ni forma de ordenarla. Y ya no puedo más. Los que leen estas entradas de desamor aburridas y llenas de tedio, lo saben. Esta es la estúpida forma en la que vivo desde hace dos años sin tregua. Me doy pena y sé que he venido dando pena.

Ojalá que algún día pueda olvidar tu mirada y tu paso inseguro, la forma en que deshacías el universo cada vez que te enojabas conmigo, la luz con la que iluminabas los días cada mañana en que te veía llegar en compañía de la rubicundez de tus mejillas. Al menos sólo quiero que pase este día de muertos, para que entonces tenga fuerzas para soportar las posadas, tu cumpleaños y las navidades vacías, que por supuesto he vivido en la ausencia de tus ojos. Al menos, quiero terminar con esta muerte en la que vivo poniendo una ofrenda en honor al olvido que espero como el misterio mesiánico que muchos otros esperan.

domingo, 25 de octubre de 2009

Tesoros de barata

Ya hace un tiempo me encontré con un montón de libros necesitados de un dueño, decía con estrepitosas letras grandes en carteles fluorescentes "Barata de libros" y entre tanto y a tan poco precio (diez pesos), había mucho por nada. Me acerqué y tomé entre las manos un libro singular, esbelto y con una portada corrugada color blanca con el centro azul cielo. "Piel de mar" decía, dice y sigue leyéndose con una sobriedad que pareciera esconder poco dentro de sus páginas. Marco Antonio Regalado es el hombre que escribió este libro con palabras que seguro algún dios le dijo al oído. Y sigo admirando el cómo es que un hombre puede inspirarse de esa forma, con elementos tan imprescindibles como el mar, el atardecer, la piel, el viento y la memoria.
Este hombre regala en sus letras, con todo y su apellido, la gracia de lo elemental y la forma precisa de conceptualizar en la paz de sus versos lo que toda la vida al hombre le atañe el desasosiego de su corazón: el amor, el olvido, la lejanía de quien se quiere, la mujer.
Marco Antonio Regalado nació en Morelia, Michoacán; en 1962. Estudió leyes y resultó que la palabra escrita en verso de la forma tan sutil como se recrea en cada uno de sus poemas, es mera forma natural de él, un escritor innato.
Addendum. Dejo aquí las palabras con las que Neftalí Coria, describe lo que esconden las paginas de "Piel de mar" de forma que nadie pudo haber descrito mejor...

Como si el cielo fuese nombrado por la memoria del mar y las palabras-a modo de cuña- fueran puestas entre la piel de estos dos azules animales para que sangren de una sola verdad, es la extraña tarea de las manos del poeta.


Hace viento y mar en ciertos poemas de Marco Antonio Regalado. Frío hace, soledad y espina al pecho. Pasión por el mar y el deseado cuerpo de mujer que trasiega la memoria como invención del agua, como aguda nostalgia por su omnipresente figura a mitad del recuerdo o en el mar mismo del poema. Un sereno dolor hay en el suave aliento de los poemas de este primer volumen de Marco Antonio, como si el canto naciera de la tibia espesura del sueño.


Se escribe por amor a los recuerdos, por evocaciones dolorosas que a la página llegan de golpe y sin aviso. Y si a esto aumentamos el eco de la música hallada en las voces de otros poetas que de minuciosas lecturas vienen - como en el caso las de Villaurrutia, Neruda y Becerra-, el resultado tendrá una consistente armadura. Así la poesía de Regalado, vive sobre todos estos pilares.


Neblinosos cantos, calvicémbalos de humo, candados que se rompen en la tersa melodía de los versos y su profunda aventura por la página, es lo que se oye en esas playas rotas de la tristeza y bajo ese cielo de los muelles donde Marco Antonio Regalado fue a buscar su extraviada sombra y la prueba de que por siempre serán los cuerpos, antiguos navegantes.

Poesía.
He vuelto a la tarde
tu recuerdo es un rito de la memoria

El mar se hunde en tus ojos
La lluvia cierra tus labios
Los sueños cuelgan del tiempo

Te buscaría:
en la profundidad de páginas en blanco
en el olor de la ciudad vencida por la lluvia
en el crepúsculo que hace niña a la luna
en la máscara que disfraza las palabras
en la luz de mi lámpara y madrugada
en el quejido de tus labios cuando los pájaros emigran

Las palabras son mis ruinas
El sueño de tus labios

Tu sonrisa salta del alba
dibuja la mañana

El día comienza a disiparse
Marco Antonio Regalado
El libro. Regalado, Marco Antonio. Piel de mar. Joan Boldó i Clement, Editores; México, 1993. Instituto Michoacano de Cultura.
La música. Página blanca, con la voz de Carlos Cuevas.

jueves, 22 de octubre de 2009

Solamente uno

Hace tiempo escribí este poema breve que en las líneas de abajo pondré. ¿Cómo describir el acto de amar? ¿Es la simple unión de dos cuerpos? ¿Amarse a la luz del mil caricias y breves miradas luminosas? ¿Qué es el acto de amar? Tantas preguntas que tienen pocas respuestas, nunca podremos ser precisos en esto de conceptualizar el amor.
Solamente uno

Entre un mundo sin condiciones,
los dos tocamos nuestros cuerpos,
llegamos al éxtasis, a la fusión del alma;
en donde el tiempo pierde su naturaleza,
donde el presente se hace eternidad
y donde la eternidad naturalmente es destiempo.

Sólo tú y yo, solamente; fusionados…
entre mi alma y tu esencia enigmática,
con tus labios como alimento
y tu saliva como savia excepcional.

Somos un mundo juntos, juntos somos todo:
una estrella nova de refulgente brillo,
dos pájaros en cortejo, un silbido,
calma y tempestad,
agua acariciada por el viento,
dos rayos de sol en encuentro,
la armonía entre cada nota musical;
existimos entre el silencio de cada pensamiento,
somos los cuatro elementos,
somos un sueño real y la certeza de lo incierto,
sesenta segundos en la perpetuidad de un minuto,
siete días en la fugacidad de mil años.

Somos tentación de cuerpos encontrados,
somos tú y yo, somos uno…somos éxtasis,
somos materia y caducidad,
somos fuego incandescente,
un suspiro y alivio persistente,
somos caricias,
somos dos y uno al mismo tiempo…

Eres tú en mí y yo en tu profundidad,
un parpadeo de ojos, un te amo, un sollozo:
somos dos y al fin y al cabo…solamente uno.


Sobrevivencia. Nadie como una amiga que llevo anclada en el pecho cabe más y mejor como ejemplo de semejante sustantivo, que bien puede ser un verbo que por más regular que la gramática lo considere, vivirlo es un accidente todo de principio a fin. Perdió un amor y estoy seguro que llegarán mil más, como cuando se busca una estrella entre tantas, que al perdérsenos se encuentran otras con más brillo. Lo encontró, se encontraron y finalizó en plena calma todo -digo yo- Faltó, a Dios gracias, todo aquél revuelo de alegatos y culpas con sus disculpas. Nada hubo de eso. Ambos la gozaron y seguro lo recordarán con gusto en unos años. Sólo vi una vez al hombre perdido de mi amiga y con eso me basta para afirmar que fue feliz como la hizo a ella, por breves instantes inmortales que quedarán anclados a su memoria.


Siglo de oro. Vuelvo a poner los versos de Calderón de la Barca. La vida es sueño causó revuelo en mí en el primer año de preparatoria. Agradezco a la profesora Amada María Rosas su afán por procurar en la clase las mejores letras de la Lengua Española...
"Con cada vez que te veo/ nueva admiración me das/ y cuando te miro más/ aún más mirarte deseo"


La música. Nocturno Opus 15 No. 3 en sol menor. Chopin.


El video. Tocados por la divinidad de Apolo, según la mitología griega, o de Ozomatli, según las creencias de los mexicas, esta pareja brinda la certeza al verles bailar, como sólo las constelaciones danzan, de que en este mundo hay quienes viven y se desviven por lo suyo. Fred Astaire y Rita Hayworth, bailando "So near and yet so far" En:

domingo, 18 de octubre de 2009

Existimos al sabernos inventados


Soy dueño de una tarde silenciosa y un panorama inmerso en la luminosidad de un cielo caprichoso. Siempre supe que este mundo era más incomprensible que cualquier fórmula matemática resuelta en un cuaderno, y he ahí el objetivo de tal artimaña: hacer del mundo formas y elementos que podamos comprender.
Despertar a la luz de un nuevo día, causa un efecto en mí que se conjuga en los enredados brazos del regocijo y la incertidumbre, juntos hacen de mí un simple hombre que se cautiva por los fugaces rayos entrometidos por la ventana y la audacia indolente de no saber si llegará la tarde, es entonces que al abrir los ojos agradezco el aire nuevo que saluda a mi pecho y tiemblo enseguida por no saber descifrar sobre la cama si llegará una tarde luminosa.
Nadie sabe a ciencia cierta si el sueño es la forma en que el alma se libera del cuerpo que la apresa. Dice Juana Inés, mujer de talentos portentosos, que en efecto el alma es libre al cerrar rendidos nuestros ojos, que el afán de comprender el mundo dentro de una nueva perspectiva, causa recelo y pronto se intimida ante tanto incomprensible mundo. Y lo dije, tiemblo cuando sé que cosas de este mundo ya no entiendo, y es entonces que tengo por consuelo, el afanado rumbo que toma mi destino. Inescrutable para muchos, indefinido para todos, benevolente para pocos y desdichado para algunos, todo curso que éste sigue no es más que la unión de todas la cosas que uno mismo se consigue: la sincronía de los sonidos en el tiempo, la sinfonía del tiempo en determinado sonido. Un enredado vericueto, de interminables elementos y mal conformadas sintonías.
Dicen otros que saben leer los mensajes que manda el universo, leyendo en singulares pedazos de éste mismo, formas no formes y varios ruidos en silencio. La posición del tres de copas al inverso o las líneas serpenteadas de la mano, las figuras desiguales del humo de un cigarro o los ruidos que los caracoles esconden por milenios. Ellos lo saben o al menos lo entienden, dicen ser seres dotados por un Ser, que ciertas costumbres ensalzan y otras simplemente lo ignoran. No obstante, según Dante, el castigo a éstos los aflige, en el círculo séptimo del infierno, en donde caminan viendo sus espaldas, castigo atroz como mortal espada, por haberse atrevido dicha gente, a vislumbrar las aras del destino, y desconozco si estos hombres adornen bien sus desatinos o simplemente desatinado sea nuestro futuro.
Quiero volar cada que el viento estrecha sus brazos a mi escuálido ornamento, desaparecer, sentirme uno en la nada y nada en lo que sigo siendo; valerme de la esencia de un pensamiento, dividirme en las partículas que me conforman y consonar sonidos atiborrados, como la sílabas forman palabras y éstas enunciados; hacer figuras ardientes con la bravura presencia del fuego, constelar la oscuridad del cielo con celestes cuerpos e hinchar el agua de ondulados movimientos, como los peces que dominan sus adentros. Ser tiempo y verme transcurrir al inicio y final de esta quimera, ser dueño de mil mitos y otras mil leyendas, entre tanto pasan mis años, lustros o decenios, todos éstos, fragmentos inventados por la poco loable razón de entendimiento que tengo por humano. Descubrir de dónde surge el artificio de mil colores que parte al cielo después de una lluvia tenue, y ver danzar ballet a las miles de gotas que acarician el suelo ante esta lluvia, no es más ni menos que la simple genialidad que se recrea en mis ojos, ante muchos otros antojos que se discurren en ellos. Prenderme de la calidez de un beso, enamorarme del sonido de la voz que tiene alguien, a quién mis cinco sentidos componentes, con dulce nombre han bautizado. Ágil debe ser aquel momento en que sus ojos crucen con los míos, sólo así estoy seguro que consiento el desvarío que a todos alguna vez ha convencido y todos nominamos: enamoramiento, que no es lo mismo que amar, sino en concierto, un sinfín de notas musicales, todas ellas de elegante porte, anudadas al sonar del instrumento y cubriendo todas las inconformidades del defecto, que al paso largo o breve de los días, el mismo tiempo nos devela si aquél que tanto nos desvela es otro más de muchos tantos o realmente el amor se nos revela.

Así hay cosas que uno, por más entendido que sea, no puede interpretar tan bien como quisiera; y se pregunta: ¿cómo es que un sol se opone a la oscuridad de la noche y sin embargo la luna lo refleja? ¿cómo es que el viento acaricia sutilmente a las flores y con tal sutileza comprende su acción fértil y de suaves maneras? ¿cómo es que tantas estrellas inundan la extensión del firmamento, infinito todo y siempre finito a nuestro mortal espectro? ¿cómo es entonces que queremos dominar la capacidad del mundo sin ser capaces de vislumbrar el universo que reposa en las cavernas de nuestra cabeza? No hay respuestas precisas, simplemente respuestas que tratan de explicar concretamente lo incomprensible, inventamos números y letras, medimos y comparamos medidas, resumimos lo extenso y extendemos lo que poco se concibe como idea, nos inventamos para creer que existimos y es entonces que existimos al sabernos inventados.
Agradezco. A Sor Juana Inés de la Cruz, por compartir sus sueños y delirios en semejante obra que compone Primero sueño.
La música. Perhaps, perhaps, perhaps....con Cake.

viernes, 9 de octubre de 2009

Después de mi larga ausencia

Vuelvo a encontrarme, después de mi larga ausencia, frente a la computadora que se ha vuelto mi cómplice en esto de descifrar los silencios de mi imaginación. Y miren que es silente cuando el tiempo la apremia. Esta semana ha sido ardua y llena de inagotables quehaceres y deberes. Mi tiempo simplemente lo fui dando a los Hombres Grises, dejé este espacio por ahorrarme unos minutos de mi vida y ahora los intereses del Banco de Tiempo han pasado a convertirse en horas, puedo decir que no volveré a confiar en semejante institución, pero seguramente esta sociedad moderna volverá a arrastrarme en dicha corriente… ¡Momo, ven a salvarme!

En realidad, quiero ahora compartir las cosas que vine encontrando dentro de los propios pasos de esta semana febril y desatada. Y vaya que ha sido de una fiebre intensa con este calor que ha visitado esta Ciudad en que vivo y no se cansa de subsistir en la inmensidad de sus desatinos y las ideas delirantes de mis amigos que también no comprenden sus desenfrenos. No sé a cuál de todas las deidades he de agradecer por haber permitido que estas personas marcadas en mi destino, hayan aparecido sin más remedio que el de conformar mi presente, y quizá por ellos hago mucho de lo que aquí puedo ir dejando, como simple testimonio del afán que tengo por contar lo que vivo.

Pasé también por un breve lapso de tiempo enardecido, bajo un enamoramiento inaudito y brevísimo, no creo que deje marca alguna en el tejido indeleble de mi corazón, pero al menos sé que dicha entidad sigue viva dentro de mi pecho. Esta falsa presencia de un palpitar acelerado y una ignominia marcada ante “mis buenas costumbres”, tuvo la tarea de hacerme caer a cuenta de quién soy, cómo soy y qué quisiera ser si me propusieran ser algo más del yo que sigo siendo: mar.

El cielo se pintó de todos los colores también y tan bien, que sigo llevando en la memoria cada uno de los fotones que traspasaron las esferas cristalinas que vislumbran su presencia. Se vistió de azul grisáceo, de naranja, de azul claro, de violeta, de verde limón, de amarinado celeste y de una capa brillante que se cubre de dulces sabor de anís. Platiqué con la Luna mis secretos más íntimos y juntos hicimos unos amores que dejaron sobre mi piel su polvo color de plata.

Compartí con Tha la transfiguración que tuvo su rostro apagado al reordenamiento invaluable de su sonrisa, cuando vio compuestas las maneras en el hombre que dos meses atrás era tan sólo un ser que no había enredado su paso con el suyo. Volvimos al tema del amor y los amores perdidos, Chatri y yo; una mujer que se sumergió en una pila de agua bendita de pies a cabeza, amante de la naturaleza, valiente en su forma de encontrarse y en dicha odisea perderse en la razón por la que el ser humano viene a rodar por el mundo: amar y sentirse amado. Diana sigue que vuela y no tiene rumbo, por el hombre de nombre etrusco y profundas ojeras en las que no ve sino la tenue luminiscencia de una mirada que calcina hasta sus huesos; EmManu volvió a encontrar el resquicio que creyó perdido, en el ser que ha venido robándole horas de su atenta concentración de hombre fiel y enamoradizo. Sabe él mismo que dicho encuentro puede perderlo, y en tal agonía encontrar un motivo que lo haga mortal y no deidad como lo viene idealizando. Riky no cabe en la paz de su desorden y vuelve a entrar en la firme decisión de ser como es, porque nada lo hace cambiar y simplemente no sería él si no viviera en la tranquilidad con la que viene cursando su periodo clínico aún cosquilleando en su frente la idea de ser investigador, y es verdad que no será nada más que ello: un buen investigador. Sergio trae en la cabeza el rollo más alocado que jamás yo haya visto en un hombre tan cabal como él, con semejante memoria de elefante que se carga y una inteligencia que escudriña ya sea textos de Nietzsche hasta el mismísimo libro de Patología que guarda los secretos de dicha materia. Cumple lo que promete y he aquí mi promesa cumplida (Pero comentas Checo, ¡eh!) Y por supuesto, David Rosas y su dilema existencial entre el ser o no fresa de la mermelada nice, que sólo la “gente bien” carga en sus genes…mm ¡vah! ¡Qué mala fue esa frase! ¡David! Aquí te mando la definición que más se parece a la realidad incierta (que quede claro eh: incierta) de tu dilema existencial, que tipo de “Niño bien” eres, según Guadalupe Loaeza…

Niños bien rojillos: Por lo general viven en Coyoacán. Están muy de acuerdo con la nacionalización de la banca porque no les afectaba. Son amigos de investigadores del Colegio de México y de la Facultad de Filosofía y Letras. Los fines de semana van a Tepoztlán y escuchan en regios aparatos estereofónicos música clásica y jazz. Hablan mucho de política, están bien informados. Son amigos de todos nuestros actuales embajadores. Gustan de tomar muy buenos vinos, con muy buenos quesos. Por las noches, les gusta ir a Los Geranios en pantalón de mezclilla y suéter de cashmire. Para todo dicen: “mira maestro…” Van con el sicoanalista desde hace muchos años, para romper con estructuras convencionales…

Tomado de: Loeaza, Guadalupe. Los niños-bien en: "Las niñas bien" 6ª Edición. México, Océano. Pág. 16

Todo hubiera sido perfecto si estos “niños bien” dijeran: “legal”, “aja la baraja” o se excusaran con el hecho de traer brackets y hablar así: “bien fresa”

¡No es cierto David! Sabes que no eres fresa…

Así, esta semana terminó en santa paz con una tarde de viernes presta para reordenar mi vida en este desbarajuste de letras, espero guste.

Felicito. A Marianita, la niña más hermosa que tanto quiero y extraño. ¡Felicidades amiga! Y qué bueno que no cuenta tus lunares ¡eh! Y por otro lado, ¡Pobrecito! ¿Para todo le echas la culpa?

Reafirmo. No cabe duda que mi amigo Eduardo nació para ser anatomista. ¡Dios! Y luego tiene un afán incontrolable por el Sistema Nervioso, ¡No! ya sabes muchacho…lo de ahora es la Neumología; el IMSS sólo cuenta con Neumólogos en el Hospital General de la Raza. ¡ja!

Así soy yo. Ya sé que soy tímido y a veces peco de tanto decir estupideces, que no tengo un rostro que brinde armonía, que soy muy alto y caigo muy seguido en desvaríos sin remedio. Que estoy comiendo a todas horas, que pretendo a diario encontrar un amor y al mismo tiempo me escondo, que dentro de ese juego de las escondidas no sé esconder lo que realmente siento cuando una persona me roba el aliento, que prefiero el cobijo cálido de la luna a los rayos distantes del sol, que me gusta el helado de fresa, que soy distraído y me pierdo a ratos en un viaje astral de millas inacabables, que me gusta el color morado, que nado en un sinfín de promesas distantes y en tal distancia prometo no caer en círculos viciosos, pero caigo… que me enamoro más con las novelas, que me reafirmo con la poesía y que si me dieran a elegir algo en qué convertirme elegiría ser mar… porque pareciera ser infinito y sin embargo está bien limitado, porque esconde misterio y se compone de lo necesario para vivir: la sal y el agua, la vida y el aliento, porque si se enoja destruye y si está satisfecho sólo practica la danza, y porque aún con su inmensidad se resume en tres letras.

La música.
“El corrido de Tacha la Teibolera”, obviamente de Lila Downs

domingo, 20 de septiembre de 2009

Nada fuiste, nada eres

He abierto mis ojos y de nuevo está tu silueta interrumpiendo la paz del amanecer. Ya me había acostumbrado a no verte, no sentirte y no dibujarte en el pan tostado. La terapia fue no pensar más en ti, ni dejar paso a ninguno de los recuerdos bandidos que se atrevieran a asaltar los segundos propios de la serenidad del presente. Falló tal terapia. Volviste de nuevo, como siempre: inconstante e irresoluble. Vino de nuevo la frescura del mar que esconden tus ojos, tu aliento cálido, tu cabello confuso con el viento y tu sola presencia. No hay más sino tú otra vez, y para qué quiero más si tú, sigue siendo el todo preso en semejante pronombre.

Soy quien no debo ser cuando resucitas de la nada que fuiste y que sigues siendo. Eres quien debe ser, porque la naturaleza hizo que fueras la omnipresencia del orgullo vivo en tu cuerpo mortal que ostentas como si hubieras sido creado por Miguel Ángel, y sin embargo lo cierto es que hubieras sido su ruina.

No te quise, nunca te quise diría un bocado de negación que pretende ser la defensa perfecta ante la verdad caótica a la cual he sabido sobrevivir. Nunca me gustaron ni tus ojos, ni tu frente, ni tus labios, ni tu cuello. Nunca me gustó la F mayúscula con la que se escribe tu nombre, ni la forma en que tomabas el lápiz al escribir. Nunca fuiste lo que esperaba y en tal espera nunca llegaste a ser parte de una realidad esperanzada. Nada fuiste, nada eres.

Te quise: sí, con todo el alma. Desde la primera vez que se disipó en el aire tu figura creí haberle dado sentido a todos mis ayeres, luz al día propio en que te vi y una esencia enigmática a los mañanas que vendrían llegando cada vez que el sol decidiera claudicar ante el poder oscuro de la noche. Te quise y me gustaban tus labios, tus ojos que escondían el infinito, tus manos discretas y tus hombros tibios. La forma en cómo podías perderte en los misterios de las estrellas y la perdida forma en cómo podías arrebatarme una sonrisa. Siempre fuiste lo que esperaba, y en la espera… nunca llegaste a ser ni la esperanza de cualquier beso arrebatado, ni el sueño que se recargaba sobre mi almohada, ni la deriva del océano nombrado futuro. Reitero, nada fuiste y nada sigues siendo.

Ya no más de ti, ni de tus ojos vivos, no más de tu aliento, ni de tus labios, ni de tus manos, ni de tus atardeceres. No más de las estrellas que piensas pisar con tus pies de dios caído, nada de ti ni de tus promesas, ni tus delirios, ni tus congojas, ni tus noches en desvelo. Pretendo acabar ahora sí con todo lo que has venido ocupando en mi cabeza, en mis segundos y en mis desdichas. Nada quiero recordar de ti, ni volver a sumergirme en el infierno helado que en realidad son tus ojos. Te acabaste porque acabaste conmigo también. Porque creíste que no podría vivir sin ti y te valiste de ello para volver a sembrar ilusiones sin fruto. Nada fuiste, nada eres ni serás más. Hasta nunca. Hoy tú, nadie menos que tú, has apagado la vida de tus ojos, y no pienso seguir embaucado en semejante infierno verde.

lunes, 14 de septiembre de 2009

La tía Dolores

Tengo una tía que tras saber del engaño de su marido, ha venido sufriendo por ya más de diez años y con semejante certeza, siguió estando perdida en su manera de andar y la forma en cómo toma la taza del café. Suele pasar. Se casó y sigue estando enamorada. Eso creo yo que, por más que medio mundo le ha dicho que lo deje, y el otro medio, que vaya en busca del bienestar de sus hijas, se niega a dejarlo a la deriva de los brazos de la otra mujer. Hace apenas año y medio, ni nosotros ni ella imaginamos que dicha unión traería consigo a la cuarta hija que lleva el apellido de ambos, no sé por cuál razón vino a nacer una hermosa niña blanca como la nieve e inquieta como los niños nacidos después del año 2000, cuando ya ella acariciaba los cuarenta. Es linda la niña, y creo que la razón se sabe: siguen siendo marido y mujer.

Ahora mi tía y sus hijas, son cinco; cinco mujeres desdichadas por el desenfreno de un hombre. Y aún con todo, las entiendo y dejo de entenderlas por ratos. Hace unos días, su marido recapacitó después de la década que se dio con horas nocturnas de pasión en otro lecho. Quiere acabar con el inicio de tremenda tormenta, y quiere llegar de nuevo a estar justo al lado de la mujer que lo aceptó por esposo. Mi tía no sabe si creer o no. Ella desatiende lo que el futuro trata de descifrarle, y hace bien, hay veces que con su voz baja nos engaña y se burla. Lo que sí no deja de escuchar, la tía Dolores, como su nombre y sus penas se llaman, es su corazón. Dice que quiere reiniciar su vida junto al hombre al que siempre ha dejado entrar a su casa y a su cama, no sabe si ir a Puebla o Veracruz, donde sus cuñados le han abierto las puertas, no sabe qué hacer ni cómo pagar semejante viaje para encontrar de nuevo la paz de su vida. Eso dice su rostro, la forma en cómo platica y cuenta sus penas a su hermano, mi padre. Yo descifro en su mirada y su pecho apresurado cuando habla de su marido, que sólo desea con todas sus ansias que en Puebla o Veracruz, al fin quedando hacia el mismo horizonte, encuentre la salida de un nuevo sol, el encuentro de un nuevo amanecer, junto al brazo fuerte de su esposo y rodeados siempre de sus cuatro hijas. Como si la otra, otras o ninguna hubiesen invadido jamás el territorio que alguna vez fue sólo de ella.

Música: Esas palabras tan dulces, puede que sean sinceras...pero no, no y no; no te las voy a creer...

lunes, 7 de septiembre de 2009

Escribes, escribo: involución atada a la evolución.

En toda esta maraña de palabras y letras que se cruzan por nuestra cabeza nacen, quién sabe cómo ni porqué, escritos impregnados del perfume del amor, de la decepción, de sollozos y suspiros, de besos arrebatados, de ángeles y demonios, de santos y eternos paraísos; y me da miedo a veces perderme en este mar de sentimientos que desata unas olas impetuosas y constantes, fieras y llenas de una fuerza inclemente como muchas de tantas, si no es que tantas de las muchas veces que nos han hecho sufrir.

¿Qué hicimos para merecer todo esto? Me pregunto, y les pregunto a quienes han venido sufriendo la inconsistencia de la mala definición que el amor tiene en nuestros días. No sé, y creo que no hay respuesta a mi pregunta estúpida. Estúpido como vine siendo yo al caer en su paso indiferente. Pero para eso estamos contándonos nuestras tristezas, y regalando a quienes atestiguan con nosotros que aún ha de existir un pedazo de amor escondido en un suspiro, en un silencio, en una risa, en un aroma. En el rosado continente que se esconde bajo sus uñas, en el infierno helado de sus mejillas rojas, en la selva oscura de sus ojos o en el mar esmeralda que llegan a esconder en ellos. En la geografía de sus pieles color canela, nieve o chocolate, en el sabor de sus labios o en el tesoro que imaginamos esconden detrás de sus ropas.

Escribimos para idealizarnos fuertes aún con la debilidad de nuestros cuerpos, para ordenar nuestras desordenadas vidas, para dar testimonio del padecimiento más crudo que el alma conoce. Escribimos porque de alguna forma queremos vivir dentro de ellos por medio de las grafías que el propio ser humano ha tenido que inventar para explicarse tantas cosas que lo desconciertan. Letras y letras, las mismas letras con las que escribimos sus nombres con el dedo en el aire.

-Dentro de lo que escribimos andamos nosotros- le escribí a una amiga que también escribe- Tú abres la delgada cortina que cubre las penas de tu espíritu, te pintas y te despintas en la hoja que ante nuestros ojos se va leyendo; y yo -como bien me dijo en una de nuestras tantas charlas-, recreo mundos que llegan a mi mente para poder vivirlos en la forma en que uno quiere hacer que se vivan. Formas de inmortalizarlos al mismo tiempo en que nos deshonramos, porque: ¿quiénes son los personajes que más se quedan presentes en la memoria? Ellos y los malos pagos que vienen a dejar sin saldo alguno. Inmortales hasta en nuestros textos.

Mi amiga sufría por un amor desbocado y sin nombre, idealizado tal vez en un altar de infortunios, pero jamás digno de la firme decisión de blasfemar ante tal divinidad. Definitivamente mi amiga es un ángel con misión y sigue aprendiendo a volar. Desconoce el futuro, apenas y se deslumbra con el presente y a veces, añora su pasado. Es normal, y generoso a la vez. Y es por ello que, en la perfección de la telaraña donde anda con paso breve, radica la suavidad y la sombra inestable que le obsequian los rincones, a cuenta de que en todo preámbulo hay un mensaje, y en ese mismo enredo en que anda y desvaría, vive una araña a la cual debe pedir su consejo, porque a ella la evolución le ha enseñado a vivir sola, así como sola ha sabido esperar los breves minutos de la presencia de su macho. Toda la Biología no se ha equivocado en ello; aunque creo que no hemos evolucionado del todo. A veces llego a pensar que, los sentimientos, son el nudo más consistente que nos ata a la involución con la que venimos cargando, y no hace alarde a la evolución que entonces venimos presumiendo. Y si ante esto, soy yo el que se equivoca, definitivamente no me quitarán la certeza engendrada en las cuatro paredes de mi cabeza, pues nació revoloteando para hacerme creer que puedo llegar a ser dueño de un futuro, en donde las consecuencias de dicha involución me hagan evolucionar en las cosas que de amores tratan.

Tlaloc.
Designios de la divinidad prehispánica. Entre ayer, hoy, mañana y pasado el cielo cayó y caerá encima de nosotros. Al menos eso dicen las imágenes que el satélite envía. El Valle de México se ha visto afectado por unas lluvias torrenciales que no entran ni en los cántaros que presume el refrán. No había agua y aún nadando entre tanta que ha venido cayendo, sigue sin haber. No hay manera. La ciudad no cuenta con la recolección de aguas pluviales, el drenaje es de los mejores-dicen- aún con todo el desastre que causa en plenas arterias de la ciudad y colonias populares. Muchos hoy quedaron sin casa y sin cosas, sin metro y sin llegar a tiempo a sus trabajos. Protección civil a puesto en alarma a todos los citadinos, Marcelo Ebrard espantadísimo. No sabe ni qué hacer, aunque sería mejor que haga lo que se supone sabe: por algo está en un puesto público. Mejor hubiera sido danzar a Tlaloc y mejor respuesta nos hubiera dado. Porfa' Tlali...ni tanta ni mucha.
Música: creo ver la lluvia caer en mi ventanta, te veo pero no está lloviendo, no es más que un reflejo de mi pensamiento...

jueves, 27 de agosto de 2009

Que Dios lo esconda

Cuando murió su marido, Ángela estaba en un mar de lágrimas ante el muro de los lamentos que era aquella pared despintada de su casa, justo la que quedaba a un lado del féretro. Hasta ese entonces, Faustino y ella habían compartido las tres comidas del día sin cruzar palabra, como dos extraños recién llegados a una casa de huéspedes- al menos ahí hay cordialidad-, habían educado a siete hijos provechosos, dormido en camas separadas hacía ya más de treinta y cinco años y más de cuarenta en haber pronunciado, aún enamorados, el “sí acepto” como promesa indeleble de amor ante el Dios casamentero de la Biblia.

Entre tanto, llorando se hallaba Ángela y su desconsuelo…

— ¡Ay, comadrita, ya no chille!— le dijo afligida Delia, su amiga y comadre de toda la vida— ¿Qué no ve que si le chilla al compadre, nomás no lo va a dejar ir de aquí por su tristeza?
—Ay, comadre, si yo no chillo de tristeza por él— le respondió secándose las lágrimas con un pañuelo
— ¿Pos luego entonces?
—Chillo porque el desgraciado vendió la tele antes de que se muriera… Además, por algo debía llorar. No debo ser mala viuda ¡Hasta pa’ viuda se debe ser güena!
— Ay comadrita…pos eso sí, eso sí— respondió Delia admirada.
— Y tiene razón comadre, ya no chillaré tanto, no vaiga a ser que su compadre quiera quedarse más rato por acá, y mire que yo, nomás ya no le entro al juego.
— ¡Qué Dios le aguarde comadre, qué Dios le aguarde!
— Ay no, comadre…ya mejor ¡Qué Dios lo esconda!

domingo, 23 de agosto de 2009

Las cerraduras

¿Mario? ¿Cómo estás querido? No sabes el gusto que me da escuchar tu voz. Hace tanto tiempo que no sé nada de ti, ni de tus aventuras que disipas por la vida, ni de tus risas desaforadas, ni de los sutiles comentarios que lanzas como fuego, siendo irónica ¡eh! Pero, cuéntame: ¿qué has hecho? Dime que ya no lo has visto por favor, ese come mierda nunca mereció tener ni siquiera la dicha de conocer a alguien como tú.

-Estoy bien. Qué mas da…apenas me habló el muy cabrón después de mil quinientos días y cuatrocientas cuarenta horas…

Y ¿qué hiciste? ¿qué te dijo?

-Qué más, tomé la llamada. Me dijo que me ama, que me extraña y que no fue su intención hacerme el daño que me hizo.

¿No fue su intención andar de caliente pirujo? ¡Pinche cabroncito! Dime que lo mandaste a la chingada, dime que sí…

-Le dije que olvidara todo, que olvide que me hizo daño, que ya no pienso en eso, que si quería me echara a mi la culpa de todo, quizás yo fui quién lo abandonó por tanto trabajo

No Mario ¿cómo pudiste decirle eso? Es un desgraciado. No tiene madre el cabrón. Dime entonces que ya lo olvidaste, ¡dímelo!…

-En parte se puede decir que sí…sólo en parte. Además uno realmente nunca olvida, se aprende a vivir con ello toda la vida, con los recuerdos fantasmagóricos, con la presencia de su aroma en la ausencia, con el eco de las risas y con los besos eternos que derrochan fugacidad.

¡Ay amigo de mi alma! ¡Cuántos no buscarían un hombre como tú! Tan tierno, tan noble, tan lindo por dentro y por fuera…

-No importa mucho Lore, nada importa ya…así es esto.

Lo amas aún ¿verdad?

-Con todo el alma

¿Qué has pensado entonces?

-He pensado más en estos meses, que los años que llevo de vida. Lo amo como nunca he amado y no tengo nada que perdonarle…todos cometemos errores.

¿Él sabe eso?

- Lo sabe, me conoce; bien lo sabe.

¿Y luego?

- Roberto brinda todas las noches con el que cree su amigo: el orgullo.

Lo esperas aún ¿verdad?

-Todas las noches

Y… ¿cómo es eso?

-Antes, cuando todo estaba bien, no ponía el seguro de la puerta, tomaba un libro, me servía café, daban las doce y entonces sabía que la hora de su llegada sería más allá de las tres de la mañana.

Qué lindo eres…pero ¿ahora haces lo mismo?

-Todos los días, cuando llegaba tarde, él no iba a la cama conmigo, se quedaba en el sillón; después de un rato que se quedaba dormido, quedamente le ponía una cobija sobre él. El sillón sigue ahí, y siempre he estado al pendiente y con la cobija lista.

¡Es un imbécil!

- No, goza de la vida…quiere vivir a manos llenas, no sabe bien lo que hace…es joven.

¿Crees que un día vuelva?

-Puede ser, la verdad aún no lo sé…

¡Cierra ya todas las noches esa pinche puerta!

-Hoy mismo inicio con ello.

¡Así me gusta Mayito de mi alma!

-Sabes…lo malo es que no sé cómo abrir la entrada de mi corazón.

Cuesta más…necesitas un cerrajero sentimental.

-¡Mierda! Ni me lo recuerdes... ya ves que Roberto es el cerrajero que cambió las cerraduras de todo el departamento… y resultó que de paso hizo buen trabajo en esta cosa que late y late dentro de mí.

¡Ay amigo! Está cabrón de verdad, está cabrón…

miércoles, 19 de agosto de 2009

Sol de nadie, sol de todos.

Conocí el amor propiamente a los dieciocho años como quien se enamora de un atardecer de agosto con la lluvia tenue de su tarde. Y verdaderamente puedo estar seguro que me enamoré, como nunca y como nadie. No creí vivir demasiada intensidad en la sagacidad propicia que embaucó del todo a esos meses. Y para ello lo constan las estrellas, el mar de Yucatán, el cielo de mis días y la luna apelotonada que cada veintiocho días trata de enamorarme y nadamás no puede hacerlo porque, por más que ha tratado, no hallo en ella ni su sonrisa ni sus locuras.

Quizás fui yo el culpable de caer al fondo del abismo que guareció la cumbre de mis pasiones, yo fui quién idealizó un futuro sin más que un presente que debí desvivirlo al máximo, fui yo quién confíó más en la casualidad que en la causalidad de un desenfreno, una pasión ahora extinta de su parte y más avivada que nunca dentro de mi cabeza y mi corazón. De rostro ameno y dilucidado en el remanso de sus gestos, dignos del desafuero más imprevisto y la locuacidad más desatada. Tiene el espíritu más inquieto de todos los que han venido cruzando mi camino. Le quise tanto que me di miedo, y fue entonces que mi miedo por pensar en el inicio de una relación comenzó a helar la amistad establecida.

Conoció la privacidad de mis días y mis noches, la cantidad de comida que podía comer en un minuto, la gente que quiero y las bromas más inesperadas que bien supo esperar de mi parte. Pudo ser también que nos conocimos tanto que de inmediato tomamos el expreso rumbo al tedio y el enfado. Pudieron ser tantas cosas y nada a la vez, pudo ser en la extensión propia del hubiera, en donde no caben los límites de un futuro idealizado, pero si la pretensión de un pasado sin concluir. Nada y todo, sol de nadie y sol de todos.

Pero ¿quién me quita a mi la sonoridad de su voz? ¿de su risa? ¿la ligereza de su cabello? Miles de veces he pedido a las estrellas que me permitan escabullirme en tan sólo uno de sus sueños, le he pedido al mar de Yucatán me consuma a mí y a mis lágrimas para perderme en su infinito limitado, al cielo que tanto ruego para que me convierta en nube y así pueda seguir su rumbo sin dirección.

Todo este tiempo me he preguntado por qué una tarde de agosto con todo y su lluvia es la forma precisa para describir la revolución que vine sintiendo. Podría ser que comencé a enamorarme justo cuando agosto renacía de nuevo, pero no… fue como una tarde de agosto porque sólo ellas se cubren de un regazo anaranjado y violeta esparcido en el aroma de su lluvia, esa lluvia imprevista e intensa como el amor que tuve y vengo sintiendo, lluvia que se apresura en caer y tarda en cesar, de esas lluvias que lo empapan a uno sin ni siquiera darse cuenta cuándo fue que empezó y cómo fue que vino terminando tal elocuencia.

Día de hoy: Dos amigas nadamás no caben dentro de la influencia de mi frase “Quien busca a la Casualidad, casualmente ese día dicha mujer no sale de casa” Ellas la han venido encontrando sin más que una sonrisa o una breve plática. No sé porqué no se acomodan en ella, si está muy clara pero, sólo por eso, espero que el fenómeno de su influencia siga creciendo y me aune a la rebeldía que se vienen cargando.

Frase de hoy: me gusta y se me ha pegado la canción que ronda de estación en estación de radio, seguro la conocen si escribo la frase. Sé que muchos odian el pop y otros lo viven, pero la frase me cautiva: “Mira, que mi amor te enciende y te enfría como una ilusión que te expía”. No dejo ni quién la canta ni cómo es semejante música.

Música: “Yo vendo unos ojos negros, ¿quién me los quiere comprar? Los vendo por traicioneros, porque me han pagado mal” No sé si sean negros, esmeralda o azules, eso lo dejo a la realidad que me sé y muchos de ustedes saben.

domingo, 16 de agosto de 2009

Ojalá y fuera...


Ojalá fuera una gota de agua que acariciara todo tu cuerpo con mi escurrir tangible, desde tu cabello suave hasta la punta última de los dedos de tus pies; ojalá fuera una chispa incandescente que devorara tus mejillas, cada que un halago te encienda y un viento frío te cobije; ojalá fuera la tierra de todas tus andanzas, para evitar siempre que cayeras a la oscuridad de un abismo y al mismo tiempo ser la luz que bautice cada uno de tus pensamientos. Ojalá fuera el aire que se pasea por tu garganta, y así estremecer el órgano de mil sonidos fluctuantes que entonan el himno de tu voz que tanto baila en mis oídos. Ojalá fuera cometa, como toda artimaña cósmica que cautiva tu atención; ojalá fuera el mar que cubre de pies a cabeza la imperfección de tu cuerpo, que mi mente recrea con la perfección de su errática geometría. Ojalá fuera un atardecer violeta que desmenuce el verde profundo de la ventana de tu alma. Ojalá dejara de sentir tanta pasión errante por el melódico perfume de tu paso, por tus cejas, por tus ojos, tus labios y el palpitar incasable de tu corazón. Ojalá fueras parte de un artificio mío que permitiera diagnosticarme como un loco, y no estar loco como estoy ahora por creer que eres un artificio, sin diagnóstico aparente. Ojalá fueras una nota musical, un dibujo plasmado en tinta, una palabra al aire, un cigarrillo, un ser intangible… ojalá y algún día, tan sólo me canse de dibujarte en mi mente…y así nunca más pueda recordarte.

Addendum: Ojalá mi nombre hubiera comenzado con I y significara risa, para así poder poseer una caricia tuya, un pensamiento… pero más que ello, hubiera conocido el sabor que imagino han de tener tus labios.
Amigos de hoy: gracias a David Rosas por tratar de darme una razón de ser feliz, por compartir su afán por la música y la inmortalidad que se ve plasmada en sus versos, a Diana por el interés incorrupto que le viene dando mi salida del viernes y a Thalia, quien tiene a alguien a quién empezar a querer y ese quién estoy seguro que también la quiere.
Amiga: Anabel, mi amiga de toda una vida que ha ido en busca de no sé qué cosa que le cautiva sus ansias. Te debo una entrada totalmente dedicada a tí, y espero acabarla pronto y hacerla como quiero que sea, porque la mereces. Te quiero amiga, ojalá y tu osadía realmente fuera de seis meses de delirio.
Música de hoy: Desde el fondo de mi corazón por Roberto Carlos.

jueves, 13 de agosto de 2009

Los maldecidos

Para mis amigas que tanto quiero: Anabel, Diana, Thalia,
Mariana, Violeta, Taate, Lilis, Mariela, Karen, Vale, Angélica...en fin, esas mujeres que me dan
de qué hablar y con qué entretenerme.

Cuando Georgina vio plasmada su firma en la hoja del divorcio, pudo suspirar tranquila y recordar, sin culpa, muchas de aquellas aventuras que meses atrás bajaban y subían de su cabeza al cenit de sus placeres, sin pedir permiso alguno.

Al salir del juzgado, en donde sobraban parejas con pasiones extinguidas y con el tedio de ceja en ceja; armoniosa e implacable, pronunció:

— Te deseo lo mejor con ella…
— ¿Por qué no me crees que es mi asistente?— rezongó Antonio, ahora su exmarido, sin gracia y con el pesar de un anticuario al ver perdidas sus reliquias.
— No es la primera, sé de muchas que te asisten bien.
— Al menos siempre te tuve satisfecha, nunca necesitaste de nadie más­— replicó con tono de donjuán para esconder su orgullo herido.
— Si así lo crees… lo cierto es que quedé insatisfecha tres meses después de haber comparado tus brazos lánguidos y tu abdomen sin chiste con aquel cuerpo perfecto del instructor de fitness que vive enfrente. A veces, he llegado a pensar que en su departamento esconde el Olimpo detrás de un mueble, sobre todo cuando se asoma a la ventana con la toalla enredada y sus hombros tensos, con majestuosidad en su perfil, después de ducharse todas las noches. Créeme, no mucho que ver contigo.
— ¿Por eso te asomas todas las noches? Siempre creí que lo hacías por esperarme…
— Uno no siempre conquista la verdad con sus creencias— respondió, después de reír irónica.
— Pero… ¿es por él?
— No sólo por él. Esa ventana me mostró un mundo lejos de ti y de tus mujeres, lejos de la desilusión que algún día me causaste. Me mostró mi mundo todo iluminado. Además, así conocí al futbolista aquel que también se asomaba por su ventana todas las noches.
— ¿Quién? ¿Gregorio Rojas? — preguntó intrigado
— No sé. Nunca me acuerdo de su nombre, creo que nunca me lo dijo. Sólo me gustaban sus piernas y aquel juego de sábanas suizas color marrón que cubrían su cama, la única cancha en donde no es una falta un fuera de lugar, sino un gol en tiempos extra. En fin, por eso digo que es bueno estar divorciados ¿no lo crees?— dijo Georgina, segura de sí y de sus decisiones precisas en la imprecisión de sus amores— Me despides de tu asistente en turno.

Con el tronar de un beso volado y el correr de sus piernas firmes al grito de su independencia, se despidió de aquel Antonio de quien se había mal enamorado a sus escasos veintidós y liberado a sus veinticuatro.

Desde ese entonces, con su futuro como horizonte y el presente entre sus manos, Georgina persigue en la ventana de su vida el deseo de encontrar a un hombre, más que con un cuerpo perfecto y divina potestad en la cama, con la bendición de tener inteligencia, cosa difícil entre los tantos y muchos maldecidos que andan y creen sentirse los dueños de este mundo, con todo y sus mujeres.

sábado, 8 de agosto de 2009

Nuestro siglo veintiuno

Roberto Ortúzar, tuvo la bien dada decisión de presentar, por fin, ante sus padres y sus hermanos, al amor de toda su vida, el que rige sus pasos y sustenta cada una de sus ocurrencias. Siempre supo que le impresionaron sus manos y aquel mar inmerso en la transparencia de sus ojos, mar bravío que calmaba el alboroto de su espíritu con su azul de mil destellos.

Tenía, Roberto, veintiocho años, la ambición de seguir retando a su destino y por profesión las Letras Clásicas, sin haber santiguado su frente con las Ciencias puras, como sus cuatro hermanos lo habían hecho.

Aquella tarde, aún cruzaba por su cara el temor que un niño tiene ante sus padres después de hacer mil travesuras, después de haber cometido cualquier irregularidad que irrumpiera el orden implacable de su domingo:

— Papá, mamá, atención todos…les presento a Ramiro, el hombre con quien salgo y por tanto, mi pareja— pronunció con un principio de indecisión y con un final de valeroso torero andaluz, quizás la única herencia ibérica de sus abuelos.

Sorprendidos, los Ortúzar cesaron el bullicio que acompaña la sobremesa de todos sus domingos, restaurándose poco a poco por el susurrante pensar de los hermanos y por la voz redentora del padre ante aquel momento silencioso:

— ¿Y mis nietos? — dijo preocupado
— Se pueden adoptar— respondió intrépido Ramiro, descubriendo al reír el brillo refulgente de sus dientes.
— ¿Y la boda? — preguntó la madre.
— Si habrá boda, aunque le llamen “Sociedades de convivencia” — prometió Roberto.

Pasó la brevedad de otro silencio, como el que traen consigo las noticias aturdidoras, y más la de aquella realidad agitada. Esta vez no fue la presencia de un ángel quién regaló el mutismo de aquella tarde.

Tan de pronto, y sin mañas, interrumpió el padre de nuevo con la elocuencia del sonar de sus palabras:

— ¡Vaya, vaya! Brindemos entonces por este par de pillos locos, y por el yerno que nunca imaginé tener

Los hermanos y sus mujeres, con el liberalismo colgando de su frente, hicieron alarde de su open mind, que por don les dieron sus dioses griegos y secundaron el brindis con todo un jolgorio por respuesta. La madre, dejó caer una lágrima al mismo tiempo de lanzar un abrazo al delirio de su hijo, convertido en el nuevo integrante de su familia. Sin duda, la familia Ortúzar ante esta modernidad que se escucha y se respira.

Fue así que, en un dos por tres, Roberto entró de lleno a los terrenos de su amor con todas las bendiciones de su familia. Hasta ahora siguen tocando el cielo con su relación más transparente que el agua bendita y la felicidad como danza propia de una nueva constelación. Vencieron sus miedos y el hastío de vivir a escondidas, a medias, como si hubieran conseguido romper juntos el litigio entre la noche y el día, con el simple y solo afán de amarse en los albores de este, nuestro siglo veintiuno.