jueves, 30 de diciembre de 2010

Retirando escombros

Puede ser que el final del año permita que nos deshagamos de mil cosas. Esta tarde me he hallado frente a escritos y hojas que he venido acumulando desde hace tanto tiempo. Exámenes de secundaria, trabajos y puntos de vista donde aún no aparece acentuado un "él" que simula un sujeto y posiblemente no sabía la diferencia entre el Modernismo y las Vanguardias. Cómo pasa el tiempo. Textos largos donde todavía no encontraba el hilo de un futuro próximo, donde hablaba de parásitos sin saberlos cerca, donde hablaba de gente ajena y creía en la Providencia y los escapularios.Tiré cosas que, erráticamente, creo están ya dentro de lo que pienso, quizá mañana o los primeros días del 2011 añore regresar a la textura de aquellas hojas amarillentas. Espero que no.

Volví a encontrar fotos y cartas. Cartas que llevan letras cargadas de tiempo y largas distancias. Yo no sé escribir cartas, lo confensé frente al público ardiente que acudía al taller de creación literaria en la Casa del Lago. Lo he intentado varias veces y entre esas tantas las he tirado a la basura. ¿Qué digo en ellas?¿Cómo saludo?¿Qué cuento?¿Qué color de tinta uso?¿Letra de molde o cursiva?¿Cómo la fecho?¿Cómo la acabo?¿Firmo? Qué arte más afanosa es la epístola. Me hubiera gustado vivir en el tiempo en que esperar una carta envolvía más que un segundo viajero en la red, un remitente adornado con estampillas postales, un sobre tieso de goma que olía a oficina de correos, una letra revuelta en dicha o tristezas varias.

Guardé esas cartas como memoria irrefutable de la existencia de un tiempo más leal a la espera y a vivir despacio. Volví al montón de basura que tenía a un lado. Años acumulados, vida, poemas bárbaros atrás de los cuadernos, dibujos extraños, mensajes con un código guardado en el olvido, números telefónicos, letras de gente a quien he sabido querer, sueños y algunos quebrantos. Pero también encontré el cuaderno de Lengua Española, el acercamiento más vehemente a los letrados que se han apropiado a mi pasión por el castellano. Cómo recuerdo a la profesora Amada, frente a un grupo de jóvenes recién entrados al bachillerato, leernos La vida es sueño, acercarnos a Lope de Vega, a Bécquer, a Benito Pérez Galdós, a las Generaciones podrigiosas, a Unamuno, a García Lorca, Valle-Inclán, entre muchos otros.

El fin de año trae consigo, a parte de los desafíos del año entrante, la excusa por retirar escombros y encontrar cosas que creíamos perdidas o simplemente olvidadas. Cosas qué tirar y otras que seguimos guardado por las puras ganas de hacerlas un asidero cercano. Encontré también un papelito donde escribió su correo electrónico y su teléfono la primera vez que conocí la redondez de su letra. Hace ya tres años que ese pedazo de papel existe. ¿Será posible esa eternidad para su milimétrica presencia? Es posible. Ese escombro también es necesario de retirar, más todavía si se está llenando de hazañas enfermizas. Con sólo números, letras y una arroba, netamente prosaico y a la vez carente de prosa, es una diatriba para mi persona, una maledicencia, un escombro, pero lo guardé. En la cajita que mi hermana me ragaló para mi cumpleaños, junto a las largas cartas de familiares queridos, junto a los recuerdos y las fotos que más quiero, junto a los escombros difíciles de retirar por el simple hecho de ser pedazos de mi vida.

Feliz año 2011.

Doy el adiós a dos personas que se fueron con los días de este año. Ustedes que ya no están aquí, lo saben. Han pasado a una dimensión donde ya nada terrenal importa. Benditos ustedes. Susana García Herrera y Jaime Rodríguez Solís. Tan míos siempre.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Seguir bateando

La primera vez que supe que Octavio bateaba con la zurda, me dio ñáñaras. Siempre temí por acercarme a cualquiera que vaya en contra de lo común, lo que salga de rango. Ya no tomaba de la misma botella de agua, ni apretaba fuerte el saludo por temor a fracturarle alguna falange; supuse que todos aquellos que tuvieran rizos como él, tenían gustos enroscados por los hombres y más aún por la forma en cómo hacían de un saludo por teléfono una extensa charla. Que prefirieran las novelas a las columnas del Récord o que siguieran el futbol no por el preciso uso de las piernas de Rafael Márquez, sino por ellas en sí mismas, iba en contra de lo normal. Qué aficiones tan raras, pensaba con asombro.

Pasó el tiempo y se puso de moda eso de salir del armario, a últimas noticias hasta al vecino le gustan esos trotes. Para ese tiempo perdi de vista a Octavio y sólo sabía de su vida nocturna que muy de repente me resumían algunas amigas que compartíamos. Con la noche encima, se desenvolvía a pleno aire. Así las cosas. Yo seguí el camino del periodismo y mucho siguió interesándome la poesía de Wilde y la música disco; seguía admirando los pasos de John Travolta y la mirada tan sublime bajo el cabello engomado de James Dean. Que fuera obsesivo en el orden y que tomara café descafeinado, nada tendría que ver con mi inusual forma de hacer llevadera mi vida, hasta que volví a ver a Octavio, tan propio como siempre, digo, siempre admití que era de buen parecer.

Bajo su mirada se perdió la mía delineando la losa del piso. Me intimidaba. Estrechó tan fuerte mi mano, que me dolieron los huesos con tremendo apretón. Él fue quien rompió el silencio.

—Y qué—dijo en un estruendo— ¿sigues dentro del clóset?

—Nunca he estado dentro—respondí.

—Claro, si para estar adentro es porque tuviste que haber estado afuera, era de notarse.

Así seguimos caminando bajo el frío de esa noche. Volverlo a ver, resolvió mis dudas… a final de cuentas, uno se acomoda a batear de cualquier forma, el chiste es perder el miedo y seguir bateando.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Para ti, de mí.

Hola Manuel, aquí te entrego esta cajita de olinalá. Mírala, tómala entre tus manos, las mismas que acariciaban mi cuerpo a veces tibio y otras abrasado. Ábrela, encuentra en ella el corazón de papel que te hice de origami. Rómpelo, destrózalo, incéndialo, cómetelo entero; haz confeti de sus partecitas, vuélalo al aire, sumérgelo en el charco que dejas cuando lavas tu carro a cubetadas. Mira al fondo de la caja de nuevo. ¿Ves aquellos boletos que parecen entradas de cine? Sí, Manuel, las primeras entradas de nuestras largas carreras al cine o a la Cineteca. ¿Cuántas películas vimos ahí?¿Cuántas horas frente a la luz reflejada de vuelta a nuestros ojos del proyector? Seguro no te acuerdas, seguro no sabes que fuimos cuatrocientas veinte veces, sin contar aquellas en que invitábamos amigos o nos invitaban. El tiempo ha borrado la tinta de las entradas, pero no ha podido acabar con mi memoria. 4: 15, sala 2, Viridiana, de Luis Buñuel. Entonces tus ojos claros miraban transparentes bajo el cielo soleado de aquel marzo. Llevabas una rosa y al no controlar tus nervios, no sentiste las heridas que aquel regalo había encajado en tu mano. Ah, tus manos, de hombre, de niño, de prestidigitador del teclado, de plebeyo, de demonio azul, de Peter Pan, de noble, de oso de peluche. Después se convirtió en rutina. Esperarte hasta entrada la noche, saliendo de tu trabajo e ir en tu carro sobre aquella larga avenida llena de ruidos y luces. Eres un niño, Manuel. Un niño grande, un títere. Un güero bonito y tierno, un güero mágico, un güerejo pelos de elote, con pecas en las mejillas y sonrisa de santo, de Niño Dios, de Bambi, de Dumbo. Un güerito fácil de manipular, Manuel. Pero abre la caja, Manuel. Busca, busca y encuentra. Encuentra el carrito que te compré el día del Niño y casi pierdo mi cartera entre las sombrillas de colores del Sanborns, busca la mitad del chocolate que mordisqueaste la vez pasada. ¿Ya viste la foto que hay dentro? Soy yo, la misma mujer que un día la entregaste a la fortuna de tenerte y al otro la privaste de la felicidad. Veme, ve la profundidad de mis ojos oscuros y me cabello negro, de mi sonrisa entregada a tu vida, a tus tristezas y a tus desvaríos. Soy yo, veme. Haz conmigo lo que quieras. Písame, échame a la estufa, al triturador, dame revuelta entre sus croquetas al estómago de tu perra, que me coma, que me llene de babas, que juegue con mi cara y me quite un ojo, mi nariz, mi boca. Los ojos que te miraron primero como un viejo conocido de infancia y luego como el viejo que traería a mis años infantiles el futuro que nunca había conocido, el mismo cabello que lució limpio ante ti, lavado, perfumado, alisado, peinado o despeinado, revuelto en tu almohada y en tus olores, en tus amores. La boca, ay esta boca que te ha de extrañar. La misma que te besaba y te decía caricias, la que te aconsejaba, la que te regañaba, la que a veces te insultaba. Sí, he de aceptarlo, llegué a gritarte, a insultarte, a agredirte...Pero siempre caí a la cuenta de amarte, de hacer que me perdonaras con besos largos. Busca y encuentra, Manuel. Te regalo esta cajita de olinalá. Abre la caja. Halla en ella el pasado revuelto en este ahora que hiere como una daga infectada de dolor y más dolor, de veneno. Ábrela, no dejes que ella te la quiete. No dejes que ella te niegue todo lo que adentro de la caja te entrego. Déja que ella pinte, que siga pintando el infierno en la pared de tu casa. No dejes que te invite a cruzar ese arco, esa puerta fúnebre. Ésa que dice: ¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza! Si entras Manuel, no volverás al Limbo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Los lunamieleros

Ellos se quisieron, aunque también aprendieron a odiarse y no darse la razón de nada. La mayor parte, ni se entendieron. Sabían que uno usaba el cepillo azul y otro el verde para lavar sus dientes; que uno fumaba a media madrugada con el ventanal del balcón de par en par, habitando su pensamiento más remoto que olvidaba a mitad del día, y el otro se escondía del relente briznoso bajo las sábanas recién llevadas a lavar por las mucamas. Olían a detergente, a burbujas, a litros de agua evaporados, a besos, a pesadillas, a otros amores y a sueños tan propios como ajenos. Juan se abandonaba a ese instante agazapado en la cama, esperando el regreso de Dominique, al cerrar el balcón.

A Juan le gustaba remojar las galletas en el café con leche y hacía un sonido delatador a pleno amanecer. En la cama, Dominique, a quien miraba con disimulo fingiendo leer el periódico en la sección de economía entre aquellos números revueltos con rectas curvas y rebanadas de pastel, estaba cubierto por las olas verdes que simulaban las cobijas. La barba nueva que poblaba su mentón era policroma. A veces rojiza y otras negra como la oscuridad de una cueva, aromática, perfumada de mirra. Por las mañanas nubladas podrían ser de color azul como un cielo sin pena y en otoño, verdes como la fruta madurando bajo el sol del verano. Olía a embarcación reciente, a velero hundido. Haber nacido a nivel del mar lo hacía de carácter potente, mitad hombre mitad pez: un tritón.

La miel de la luna les había cubierto completos, embarrados como se embarra el pan tostado con miel, sin dejar ni un huequito; como se unta la mantequilla y la mermelada en las tartines. Oui oui. Oh là là. Untuosidades bárbaras de pastelero francés, de francesito naufragado en las Indias equívocas. Recién llegado, entre ríos caudalosos, miseria y pieles oscuras restregadas con piedra pómez y jabón de pasta, caústico e hiriente. ¿Qué hubiera hecho Dominique sólo en esta tierra? Con su acentito gutural y prodigioso, suavecito y excitante; con su "gr" detenido entre la garganta y la lengua, con sus manos tiernitas como la masa de su repostería francesa. "¡Saque ese gargajo, güerito! ¡Sáquelo, escúpalo, dilúyalo en el aire, en la tierra!" Oui oui, Monsieur! Je ne parle pas espagnol. Excusez-moi. "¡Francesito pendejo! No te vaigas a tragantar. ¡Muévete como machito, carajo!"

Su pecho lleno de vello rojizo como tapete turco, tupidito, tupidito. Caluroso y susurrante, decía secretos y hacía onomatopeyas de mar, mandaba acallar la bulla: shh...shh...shh... ¿De dónde vienes Dominique? ¿Qué hay en Marseille? ¿hablan así de bonito? ¿hay pájaros y peces? ¿hay barcos también? ¿te gustan las barbas? ¿las faldas? ¿bordas? Juan no paraba de hablar, como si entendiera el francés y sus reticencias. Excusez-moi, mademoiselle. Échame de tu pefumito pa que huela retebonito. Doy masajes también, te llevo a pasear por el malecón.

Lo vio solo, como niño abandonado por la cigüeña. ¿Quién limpia el excremento de las cigüeñas en París? ¿Por qué unos nacen entre sangre y menudencias y otros aparecen en canastos afuerita de las ventanas? Tienes rasgos de visigordo, franquiano o de ostrodogo, perdón, ostrogolo. ¿Me entiendes? "Tú vu moi entedregs?" Juan cambió su nombre que por siglos había trastocado las pilas bautizmales de sus antepasados más parecidos al Hombre de Tepexpan que al Cro-Magnon, por el de Jean. Lo pronunciaba con aliento amanerado y sin prisa.

"¡Qué va a entenderle Juan al barbaroja! Sólo va a menearle el sarape. Si luego luego se le ve lo salta pa tras, lo joto. Pura mariconería, qué guía de turistas, ni qué madres"

Pero se quisieron al mismo tiempo que se usaron. Usaban cada parte de su cuerpo. Ambos entendían su lenguaje, el aroma almizclado y la canícula revuelta entre sus deseos. Desentendían el castigo babélico, sus lenguas habladas y desiertas. Veracruz y sus aguas turbias, recibían siempre a toda embarcación mal avenida por los malos aires. A todo expedicionario. Por una semana se quisieron y se usaron, por una semana fueron "los lunamieleros". Siguen enviándose correspondencia, escribiendo cada cual en su idioma, así es, idioma: acordaron no decir "lengua", porque con ella aprendieron el último día de su estancia a comunicarse.

jueves, 16 de diciembre de 2010

La vigilia


La noche cae en el letargo, menos yo. Hay veces que las horas entradas en nuestro día toman prestadas las primeras de otro. Pasa, suele pasar. Por mas que los párpados caigan tiesos sobre los ojos, no hay manera de hacerlos ligeros a la orden de dormir. El vecino ha encendido su camioneta bajo esta helada otoñal. La luna sigue creciendo sobre su órbita milenaria y quizá eterna. Desorbitadas las esferas de mis ojos, que no tardan en ver el sol sin haberse dejado seducir por otro cielo. Espero entonces que el mundo despierte sin despertar de mi vigilia.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Sólo de noche vienes

Oigo la noche pariendo luz en sus profundidades estrechas, estrellas frías de silencio y clamor hondo. Oigo al silencio aullar de pena, acuchillando su entraña vacía. Oigo el canto de las nubes, cuando comienzan a danzar con pasos suaves sobre la tierra seca, pidiendo perdón por su estéril condición errante, blasfema. Oigo los cometas y el polvo espacial hacerse añicos, oigo girar los anillos alrededor de Saturno, el murmullo de Dios en pleno éxtasis, al demonio escupir sobre las brasas de su estero. Oigo el cercenar de la tristeza encerrada en mi pecho, conglomerada en una nebulosa fría a punto de colisionar dentro, muy dentro, arañando las paredes de las cuatro cámaras que dan volumen a su amorfa existencia, que bombean a cabalidad su composición oxidativa, que la fusionan y la materializan, la moldean, la hacen líquida y espesa, irrigando su melancolía con magistral destreza. Oigo tu voz y no la escucho, la siento tan cerca y no la veo; la veo y no puedo olerla. Quizá tus ojos huelen a verano y a tierra mojada, a lluvia estival. Quizá tu voz es suave como el durazno y fría como la cristalina conformación del agua sólida. Quizá sabes a mar, a toronja, a jerez, a almíbar, a sulfuro y a calcio. Quizá no oyes ni sientes, no miras, no hueles, no sabes. Quizá tus labios inmóviles pronuncian maledicencias proféticas. Te oigo, murmulla el viento tu poesía insurrecta, las misas negras de un ángel caído. Te siento llegar con tu cuerpo tibio al declarar la guerra al ejército de mis sueños. Te huelo azufrado como el infierno y te saboreo como el último trago de cicuta que quedara en la copa de mi agonía. Quemas, ¡ah, cómo quemas cuando incendias mi cama con tu abandono! Abro los ojos y no te veo, de nuevo vienes de noche haciendo ruido.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Civet de jabalí

Qué podría negarle a su presencia, a sus ojos neptunianos, a su sonrisa de Belcebú. Su cabeza de jabalí jadea de furia cada que su ropa no se plancha, cada que una arruga accidenta el terreno llano de sus pantalones de vestir. La camisa talla cuarentaiséis, de rayas, entalla en un desajuste perverso su cuerpo abotargado. Del tocador saca las mejores esencias de maderas finas que se mezclan con sus humores abominables de tocino refrito y grasas saturadas. Las moscas lo persiguen semejando una turbamulta de obispos ortodoxos en procesión al presbiterio.

Ella, Diocelina, reza a cada momento. Hace rosarios a toda hora, en el alba y al ocaso; al mediodía, a las seis de la tarde; a las nueve y a las nueve cuarentaitrés. Hace rosarios al espulgar los frijoles y con las piedras; forma abalorios de habas y lentejas. Hace letanías y canta salmos. Pide por ella y por el Señor Jabalí...Que llegue a destiempo, cuidanos en cada momento. Ampárame, Señor, no me abandones. Ruega por mí y por don Rómulo a quien le hago la limpieza, por su hermano muerto Remo; por don Caballo, el de enfrente, a quien le riego sus plantas y le cepillo las crines. Ruega por Macario el aguador y el señor gasero, por don Casasgrandes, el casero; por el señor de los tomates e Inodoro el plomero. Ruega por don Luis el abacero, el ejecutivo que ayer me atendió en el banco. ¡Oh, Señor! Pido en nombre del Señor Jabalí su destierro, pido por sus posesiones y sus mujeres extramaritales. Amén.

El Señor Jabalí llega a casa. Antes de abrir la puerta, echa un vistazo por la ventana. Diocelina siente su mirada traspasarle el pecho, siente las caricias de sus pupilas alineadas como si fueran sus manos toscas y rasposas trastocando su espalda blanca, sus maneras finas de niña inocente hecha una vieja, con piel color leche de vaca, de burra, de chocolate blanco, de luna, de perlas y conchas nacaradas. Presiente sus jadeos y sus pasos paquidérmicos, sus flemas asfixiarlo en cada movimiento. Allí está el Señor Jabalí, el obtuso voyer que vive en casa. Cómo desmentir su visión mal desarrollada tras de sus lentes de mica gruesa.

Se oye la cerroja. El Señor Jabalí, abre y cierra la puerta. Diocelina escucha el radio sin encenderlo; pone atención a los cantos gregorianos. Finge no escuchar el advenimiento del Señor de la Casa. Come las cáscaras de las pepitas de calabaza. Masca un pedacito de bolsa del súper porque ahora son biodegradables. Sólo un pedacito diario, para evitar la inflación, los gases. Aquél da el primer jadeo, resopla, gruñe por vez primera en esa tarde.

Diocelina tira las pepitas de calabaza en el cesto de inorgánicos. No las come. Acaricia la cabeza del Señor Jabalí. Él, pretende morderla, tiene hambre. Le entrega la correspondecia. Para el Señor Scrofa, Jabalí. Estimado, Sr. Scrofa; Excelentísimo Sr. Scrofa: permítame informarle que debe el abono del refri y el agua, el predial, la luz, el teléfono, las abarcas de yute a la medida de sus pezuñas. Le rogamos su pago. El Señor Jabalí rompe las cartas, las tira en el cesto de renovables. Dicoelina trae la cena. Lleva un gran plato con trufas y vegetales, una bolsa entera de súper, un oso de peluche bañado en salsa de óxido de zinc e hidróxido de calcio. Pide más, no se ha saciado. Le sirve un rollo de papel higiénico en rebanadas, tres discos de acetato y de postre un kilo de algodón. Eructa y bosteza. Prende su puro hecho de papel de estraza. La bañera está lista. Diocelina templa el fango con el codo, porque la piel gruesa del Señor Jabalí es delicada.

La mujer prende la tele. Oye las noticias mientras está sentada dando la espalda al monitor. Teje como su madre le enseñó, después lo echa al cesto de orgánicos. Aumenta la violencia en el país, escucha del noticiero. Sube la gasolina. Hace cuentas en su cabeza, no alcanzará a comprar los dieciocho litros que toma su marido. Piensa en comprar sólo dieciséis. El Señor Jabalí sale del baño, se oyen sus pezuñas arañar la duela. Diocelina le pone la piyama. Le cepilla las crines. Las moscas no tardan en aparecer, de cantar a coro, de mover obsesivamente sus alitas brillosas y repugnantes y hacer escándalo. Sale del cuarto, lo deja leyendo el libro vaquero.

Diocelina se mira en el espejo del pasillo. Observa sus ojos color de miel, sus labios delgados. Su cabello claro, su piel blanca fastidiada por el sol y las arrugas que han arañado su presente con su ayer lejano. Se siente harta. Cómo pudo casarse con el Señor Jabalí. Quién le hubiera advertido de su metamorfosis, de su futuro. Prende veladoras. Comienza otro rosario. Reza. Enciende su cabeza, desea pecar, desea no preparar los duelos y quebrantos del Señor Jabalí en el desayuno. No besarlo, no dormir con él. Piensa en don Rómulo y sus brazos de atleta, en los ojos verdes que tenía su hermano Remo, en las crines sedosas de don Caballo, en los bigotes del señor aguador, en la voz del señor gasero, en las patillas del abacero, las herramientas de Inodoro, el más guapo de todos. ¡Cómo mira!, ¡cómo besa!, ¡cómo huele!, ¡cómo hace el amor!

Mientras rememora, come galletitas de nuez y arcilla remojadas en té de rábano. Se siente encendida y deseosa de aquel plomero advenedizo de tierra de dioses. Mañana arreglará las tuberías, mañana traerá las herrmamientas más prodigiosas. El Señor Jabalí ronca, duerme profundamente. Diocelina saca el recetario catalán de su abuela. Recibirá a Inodoro con un manjar. Página cuarentaisiete. Civet de jabalí (con cebollitas y setas). Sonríe. Está segura que le encantará. Los ingredientes están listos.

Dan las nueve cuarentaitrés. Reza. Dicoelina pide perdón por sus encuentros extramaritales, por sus pecados. Invoca a Inodoro y a su omnipotencia... ha descubierto que entre todos aquellos dioses terrenales, Él, es el único.

Alma de Géiser, despedázame.
Cuerpo de Estrella, incéndiame.
Agua del Cenote Sagrado, ensúciame.
Pasión de Bruto, revuélcame.
¡Oh, mi Amor! Sométeme
Dentro de tu boca, devórame.
No permitas que me alejen de ti.
De otros amores, apártame.
En las llamas de tu fuego, extíngueme.
Y a la hora de mi muerte, llámame…hazme el amor.
Para adorarte y creer en ti, como hasta ahora, por los siglos de mis siglos y tus siglos. Que así sea.

Diocelina renueva su oración. Comienza a picar los ingredientes del marinado.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Las nuevas de la Real Academia

Así es, si yo hubiera sabido que esto de escribir por oficio se vuelve una lata, me hubiera librado mucho antes de saber sus contrariedades. Encontrarse con la hoja en blanco —o sea, el simulador de hoja en blanco que aparece en la pantalla—, pone a uno con la piel de gallina. En el affair del periodismo esto, más que la violencia que en sí misma es aterradora en nuestro país, hace que la úlcera gástrica nos destripe de verdad. Y qué decir de llegar a tiempo a la redacción, que es un asunto de locos, ya no cabemos en esta ciudad. ¡Qué desastre!

Ayer me enteré, además de todos mis debrayes existenciales y a uno que le exigen correctas audacias con el lenguaje, que la “i griega” ha caído en depresión y por ende se llevó entre las patas a la “i latina”. No más nombrarlas con sus apodos, porque se sienten; con sólo decir “ye” o “i” basta, junto con el correcto nombre de pila de sus primas la be o la uve, y la ve doble. Y qué me dicen que el “sólo”, acentuadito y toda la cosa —sí sí, el mismo que puse en la tercera línea de este párrafo—, puede o no ayudarse de una tilde para demostrar su origen adverbial y no adjetiva. ¡Qué barbaridad! ¡Qué cosas! Qué miedo con los académicos que se pasan de vivos, no es que yo esté dudando de su arduo paso por el mundo de las letras, sino que mucho trabajo me costó memorizar semejantes reglas y órdenes ortográficas para que de pronto me desorganicen el software que adquirí entre la secundaria y la preparatoria, y que no conseguí de la fayuca, mi trabajo me costó. Así las nuevas. Así con éstas. ¿O que diga, “estas”?¿Sin acentito? ¿Así casi al desnudo? Mejor dicho: ¿entienden “estas” sin acento?¿Saben de quiénes hablo? Sí, de las nuevas reglas. Porque si sí lo entienden, pues lo dejo sin acento y si no, pues mejor se lo ponemos. ¿Cómo ven? Como ustedes se acomoden. Esto se traen los de la RAE, si en el contexto se entiende es preferible no acentuarlo, pero si dudas mucho mucho, demasiado,—¿de quién?¿de qué? ¿de la capacidad del bendito lector?— mejor ponlo, por si las flais.

Pero no crean que esto es lo peor, no no no. ¿Qué me dicen de la excomunión de la che y la doble ele? ¿Qué pecado cometieron? Hasta parece que la Inquisición anda suelta. Ya de algunos años atrás se les cocían las habas por quitarlas del alfabeto, si no es que ya se les habían cocido. ¿Qué culpa tienen ellas? Las pobres. No sé si sentirme lleno de pecado al hacer uso de sus grafías impías al escribir llaves, llueve o llaga… chile, chocolate, champurrado, chido, chafa, chascas, chupe, chafirete, chapopote, chapulín, alcachofas, anchoas, achiote, achaque, chanfle, Chamula, Chapala. Ni yendo a bailar a Chalma, nos regresarían nuestras letritas, tan chulas ellas, tan bonitas. No sé por qué la exclusión, digamos que son grafismos compuestos: dígrafos; qué atentado tan duro contra la fonética; bueno, ya nos lo habían dejado clarísimo en el noventainueve, pero qué mal plan, ¡qué manchados! Uno se encariña bien harto, al menos que nos la suelten más despacio, así de golpe son ching… perdón, pero es que me da coraje, casi chupo faros de un retortijón de panza, la bilis se me revolvió y ni el té de boldo me compone. ¿Tendrá que ver con asuntos similares a los de la eñe? ¿Puros asuntos de fácil manejo del lenguaje informático? Bueno, en éste —sí sí, acentúo indiscriminadamente el “éste” que habla de este caso de la eñe—, sí que era un sacrilegio. Y de pensar que hasta asesinos de letras somos, ya me dieron ñáñaras. Por eso hicieron enojar tanto al querido Gabo aquella vez.

Qué les parece si mejor hablamos de noticias. Pues como saben, los estadunidenses ya dijeron patitas pa’ que las quiero del asunto de Iraq, perdón: Irak con k. En otros asuntos, el quórum del senado deliberó la ley que dice adiós a los televisores análogos. A sí sí, el cuórum con c. Bueno, a ultimadas cuentas, si quiero escribir Iraq o quórum, ¿qué? Okey, okey. Ya entendí. Las pondré en cursivas y sin acentos, por ser extranjerismos puros. Por otro lado, para hoy sábado, recuerde el programa de Hoy no circula: engomados con terminación 5 ó 6. Perdonen ustedes, he cometido una gravísima falta ortográfica. Tildé la “o” entre el 5 y el 6, recuerde: no más el uso de la tilde en la “o” involucrada en las numeraciones. Pero ahora sí, regresando: les platiqué que el viernes pasado, huí de un intento de robo menor. ¡Me lleva la que me trajo! Volví a acentuar incorrectamente. Esta sí me la condena la RAE, nada de acentuar: guion, truhan, hui, riais; so pena de grave error ortográfico, lapidación, inri de apóstata a la ortodoxia española; pues sería faltar contra las leyes naturales del monosílabo que son. Esto si me queda más claro. Nada de que unos crean si existe o no hiato, no existe y punto. O séase, muy a la de a fuerzas.

¿Qué les parece? ¿Le seguimos? No no, mejor aquí le paramos. No más cambios ortográficos por amor a Dios o a Cervantes. Nada nada, no es que me sienta más fregón que la elite — ¿o élite? A sí, esa sí es como uno quiera— de la Academia, pero ahora sí se la jalaron. ¿Qué sigue? ¿Quitarle usos a la equis? ¿Aceptar el aditivo de la ese a los verbos conjugados en pasado de la segunda persona en singular por su uso excesivo en la jerga tan mexicanísima como el nopal? Sí sí, los mismos del comistes, fuistes, llegastes, comprastes. ¡Por Quevedo y Góngora, que nos amparen! No nos dejen caer en la malicia, ya sea diacrónica o sincrónica, de esta bendita lengua viva, que los lenguados más que vivos, parece que ganan la batalla. Y como leen, hoy por hoy, he llenado otra hoja en blanco; bueno, una y media: el chiste es que esto no esté medio lleno ni medio vacío.

martes, 19 de octubre de 2010

Amaneciendo

No puedo dejar de escribir en este blog que he dejado a la deriva. A horas antes de un examen, aquí me tienen. Hace tiempo que no llegaba tan temprano a Ciudad Universitaria y sigo creyendo que no existe mejor vista que verla amaneciendo. Desde la Biblioteca Central se siente su espíritu.

Toda esta tierra huele a pirul y pasto recién cortado, su ruido tiene aroma a exámenes y ecuaciones; se escuchan repetir constantes las leyes que los abogados repiten en su cabeza, las fórmulas que lo químicos pretenden mezclar en su futuro. Se tocan los sueños y se encuentra uno con las peores realidades, pero ante ello no existe mejor audacia que la nuestra, la misma que hace viva esta mi Unversidad.

Bienvenido. Tessitore di sogno, que ha llegado a este lugar de un Puerto bienaventurado. ¿Cómo llegaste aquí sin naufragar? Gracias por arribar a él. Ya tengo el tuyo para seguirte.

Para un músico. No les he contado que hace ya un tiempo volví a encontrarme con un amigo que lo conocí niño y a la fecha un hombre. Ahora él anda metido y bien metido en la música y sus desafueros. Es noble y pretende hacer de su pasión la profesión más azarosa y menos abandonable, la que sin duda alimentará su espíritu y el de otros que esperamos escuchar sus promesas. Ya habrá tiempo para hablar más y mejor de él. ¡Saludos, Chavita!

lunes, 18 de octubre de 2010

Dichos y dichosos

Ayer acabó la Feria del Libro del Zócalo de la Ciudad de México, y tuve la dicha de verla ardiente junto con su gente alborotada. Ahí se anduvieron todos aquellos que creen en los libros como yo y otros más. Ahí también tocó un grupo musical a la usanza y forma del medievo. Tan azarosa es la vida que los ha devuelto al siglo xxi, después de medio milenio en que anduvieron perdidos.

Descuentos y gangas; gente y ruidos de pólvora, charlas y autógrafos. Benditos libros que traen a rastras nuestra razón por entenderlos y adueñarnos de sus mundos. Parecen flores abiertas a las abejas obreras. Esconden néctares y memorias, olores y desafíos.

Estuve ahí. Entre libros y gente. Escuché a Ángeles Mastretta hablando de mujeres, entre mujeres y hombres. A un lado de Carmen Boullosa y Gioconda Belli, siguieron hablando de ensueños, desfalcos y desafíos. Leyeron relatos, preguntaron, se contestaron y nos contestaron. Sus voces eran volátiles. Apasionantes. Hermosas ellas. Gioconda leyó un poema: Amor en dos tiempos, dijo que era una suma de palabras, y así es. Palabras enardecidas por una mujer.

La foto. Ángeles me había prometido firmar mis libros que son suyos. Lo hizo. Después vino la foto en donde los dos sonreímos dichos y dichosos, sin más juego que el de entender lo que las letras esconden.

viernes, 1 de octubre de 2010

Concierto para violín



Cristina se supo entonces abandonada. No volvió a creer en las palabras de ningún hombre ni en los hombres de palabra. Se dejó llevar por las enjundias de un duelo que consistía en tomar licor de anís con las amigas e ir a bailar los fines de semana. Quemó las fotos y los recuerdos; no derramó ni un gramo de sal diluida en sus propias aguas. Nada, y si algún pasado atestaba el control de su cordura, acudía a Mozart a Beethoven o a Liszt para acabar con dicho asedio. Se supo entonces en busca de otro destino, otros afanes y otras maneras.

La conoció en una tienda de discos, cuando cruzaron sus bríos para alcanzar el último ejemplar de Mozart con el Concierto para violín No. 5. Lo ganó ella, Paula. Y desde entonces fue sumando aciertos. Sentía también debilidad por el licor de anís y por desayunar jotquéis o huevos rancheros. Amaba el frío del invierno que acuchillaba milimétricamente su piel blanca, al cielo sobre su cabeza y al suelo que pisaba. Cristina se dejó arrastrar por sus ocurrencias y dislates, por aquel vendaval que le hacía leer en desorden y bajo el riguroso orden de sus caprichos. Cristina sintió cómo sus ojos oscuros llegaron a invadir el terreno inestable de sus más recientes dudas, estableciendo el régimen de sus respuestas. La supo cierta y entera; de palabra y acciones que no se doblegaban al paso del tiempo.

Gustan de ver las montañas, al caer la tarde. En especial la vista del Ajusco, que da a la ventana de su recámara. Cristina y Paula, además de ansias y aficiones, comparten máximas y verdades; sobre todo aquella en no creer en la palabra de ningún hombre, mas sí en la música, en el cine, en el mar o en los libros, y más aún en las certezas que traen los instantes póstumos al arrebato de sus besos antes de acostarse, soñar y volver a ver, juntas, el mundo iluminado.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Invadido por la nostalgia.

He abandonado el blog. Las tareas, el cansancio y el sueño arduo han venido ganando la batalla. No he hablado de tantas cosas, y me asusta. Aquí no se ha escrito desde la fiebre de un Bicentenario que pasará al olvido mucho antes de acabar el 2010. Ya hace frío en la Ciudad de México, y a la vez un bochorno inexplicable. La libido está que arde. El otoño ha entrado entre lluvias y calamidades que han dejado sin casa a tanta gente. Escribo rápido para no perder la costumbre. Escribo para sentirme cerca de lo que soy. Septiembre está por acabar. El viernes pasado, sería el cumpleaños de una mujer a la que llevo en mi recuerdo; algún mecanismo de defensa psicológica no me ha hecho hablar de su partida en silencio. Nunca creí no volver a sentirla cerca, no cuando sabía que estaba ahí, siempre a lado de mi madre, su amiga por años. A donde quiera que haya ido, seguro recuerda lo que hizo. Fue, junto con mi madre, la primera mujer que me enseñó a contar y a leer, a recortar y a iniciarme dentro de mi largo afán por el aprendizaje. Treinta años enseñó a nivel preescolar. Treinta generaciones la llevan en el recuerdo. El mes de septiembre está por acabar, y yo en pleno otoño me hallo invadido por la nostalgia.

Porras. Para mamá que mañana cumple años.

Poder. Dice el expresidente Vicente Fox que es muy probable que el PRI regresé al mando del país. Medio mundo cree que Peña Nieto resultará vencedor del 2012, el otro medio es quien quizá no acudirá a las urnas.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Por el Bicentenario. Tercera entrega. "Historia Patria"

Por más ganas que uno traiga, poco ánimo enardece este quince de septiembre. México sigue en el desamparo que toda su vida independiente ha cargado. Pobre México, tan bonito el condenado. Es un cuerno de la abundancia; lo dice la geografía y los que han sabido creer en que todo tiene remedio. ¿Pero cuándo ha habido paz entre su gente?

Desde el Primer Imperio, hasta la lucha entre Federalistas y Centralistas; desde la Reforma hasta el Porfiriato, el Maximato y las dictaduras contemporáneas, el aire nunca ha dejado de oler a pólvora y sangre hermana.

¿Cuántas traiciones no se esconden en los libros de historia básica? Qué injusticia esconder el trágico desceso de Vicente Guerrero, secuestrado por su propio "amigo" Picaluga por la suma de $50,000 pagados por Bustamante y entregado al gobierno como si fuera un villano.

¿Cuántos males esconde la figura de Juárez? El Benemérito, el patriota, el salvador de la nación, el enemigo de la Iglesia. ¿No fue él, quien regaló prácticamente el Istmo de Tehuantepec a los estadounidenses a cambio de dinero para financiar la Guerra de Tres años? Aquel Tratado firmado por McLane y Ocampo, brindaba paso seguro y sin ningín tipo de tarifa al comercio entre el Istmo y la frontera, desde Tamaulipas hasta Mazatlán y que por poco y vende la Península de Baja California, sino es porque Juárez entró en razón de que ya lo que hacía era demasiado.

Y de ahí entonces, sin paz. Ni con el Segundo Imperio llegó la calma. Ni con los gobiernos liberales. Planes, tratados y revoluciones surgieron en todo el siglo diecinueve; y para rematar nos fuimos contra la dictadura más longeva de esta Patria. Porfirio Díaz, también fue traidor. Escapaba de las circunstancias más peligrosas como un verdadero profesional y vendió al país entero a cambio de progreso. Lo consiguió. Más allá de ser un estratega militar, fue sin duda un hombre perspicaz ante la situación tan retrógrada en la que seguía sumergido el país. Aplastó todo tipo de rebelión, no hubo en aquellos treinta años más voz que la de él. No hubo otro eco ni otra forma de gobierno. "México no está preparado para la democracia" Decía con cierta razón y templanza.

Díaz había añorado el orden de su Patria en guerra; de su progreso. Fue radical en las determinaciones frente a revueltas que hacían cimbrar aquella prosperidad enmascarada de su gobierno. Luego el poder comenzó a radicar muy dentro de él, hasta enfermarlo. Sin embargo, bien supo que este país estaba en pañales. Cuando los ideales de la Revolución, más retrógrada que evolutiva, comenzaron a gestarse, lo predijo. El país es una "fiera", hay que saberlo domar. No se pudo. El chaparrito de Parras no pudo, y por mucho que sembraron los ideales magonistas, poco repercutió de su audacia en este futuro intrincado en la modernidad incierta. Carranza no pudo unir del todo al país; Villa quizá consiguió sus propios objetivos y Zapata fue a quien menos caso se le hizo a su causa. Los pobres siempre hemos sido pobres y los ricos, ricos. De ahí para acá, sin paz. Luego vino la Cristiada y más sangre se diluía sin pena alguna. Elías Calles odiaba a los chinos y a todo aquél que no quisiera reconocerlo como Jefe Máximo. Cárdenas fue padre adoptivo de quienes se les negó la Patria; y además se hizo de fama con la supuesta expropiación petrolera, que hoy por hoy es sólo una fecha para el calendario de efemérides.

México festeja esta fecha, el inicio de la gesta de Independencia. La guerra que se extendió por once años con tal de dar razón y geografía a una patria sin más patria que sus calamidades. Desde entonces se ha construído la historia a razón de calumnias y farsas, a razón de hombres que han hecho de la nación el patio trasero de su casa, a razón de negocios sucios, a razón de malas hazañas y mentiras. De ahí que aun fuera del mando de un partido que institucionalizó la revolución, sigamos sumergidos en la cloaca de una historia patria, que seguro para cien años próximos, seguirá mintiendo.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Por el Bicentenario. Segunda entrega. Águila ensangrentada, doy la razón a su certeza.


No me he ofendido. Creo que la Nación y la Patria, es más allá que un símbolo al que respeto, mas no adoro para no caer en falsas idolatrías. Es cierto. México se está desangrando entre su propia gente, y eso si causa tristeza. No me siento ofendido por el cartón de Daryl Cagle, ni por haber venido del país que siente tener aires de pureza en cuanto se habla de violencia, corrupción y narcotráfico: el elegido para salvar a toda América de sus males. Es grave el asunto de pertenecer al listado de paises más violentos. Qué espanto. Esas si son ofensas, sabernos, presenciarlas y no hacer nada por ello, y peor aún, que a los que confiamos solucionar para bien de todos los problemas del país, se la pasen metiendo mujeres a la carcel por decidir sobre el rumbo de sus vidas o discutiendo si los homosexuales no serían capaces de educar niños.

No hay ofensa, al menos no para mí. Realmente creo que el alto índice de violencia está muy bien representado. México sufre, y tratamos de evadirlo. Yo mismo lo hago al darle la vuelta a las noticias que muestran a todo color las sanguinarias hazañas de malhechores sin cabeza que degollan a otros. Pero yo solo no puedo, ni junto con un amigo o amigos. Son ellos, los que están arriba, los que arman el teatro, los que firman acuerdos debajo del agua podrida de sus negocios. Son los grandes ministros de una Iglesia que presume redención a cualquiera que se niegue a vivir la vida con libertades, sigue siendo el compadraje de los altos mandos y el Narco; la guerra más cruda y menos pacífica, la guerra falsa que el sexenio en turno proclama como blasón de la paz. Falsa Paz, en esta Tierra de Nadie, la misma que fue bendecida por otras razas, sanguinarias todas, artífices de guerras, pero al menos más dignas de saberse comprometidas con el cosmos y la vida.

Se espera el regreso de un hombre que anbandonó por el Oriente su tierra, y fue dejando la semilla de paz en cada paso que dio su rumbo. Lo espero con ansia. En el año Uno Caña, nació para cambiar la visión de guerra de mi gente. Él también ve a un águila caída, ensangrentada. Quizá sea una de las señales que vaticinen el regreso de semejante hombre convertido en luz centinela. Por lo mientras, no me ofendo: me da tristeza. Cagle sólo expone su visión, y doy la razón a su certeza.

martes, 31 de agosto de 2010

Por el Bicentenario. Primera entrega. "El encuentro de dos mundos"

Hoy acaba agosto. ¡Otro mes! Y yo abandonando la bendición que la Internet me ha dado con este espacio. Ingrato yo. Mañana nos llega septiembre de golpe y comienza la cuenta regresiva por tan esperada fiesta del Bicentenario. Me da gusto y me da tristeza. La Patria, tan desairada estos últimos años con la violencia; tan enmohecida por sus males de siempre: la corrupción y los malos gobernantes.

Pero bendigo su nombre y su tierra, desde la Sierra Madre Occidental, la Oriental y la del Sur. Benditos sus volcanes y sus dos penínsulas. Bendigo al Territorio perdido; a su cielo y sus benditas nubes. Bendigo también a los olmecas, zapotecas y mixtecas; a los tarascos, los toltecas y totonacas; a los mexicas y mayas. A Tenoch y a los once Tlatoanis. Mis Señores de otrora. Al lago de Texcoco mítico. Me postro ante Huitzilopochtli y Tláloc, ante Mictlantecuhtli y Quetzalcóatl; ante Kukulkán y Chaac, Coatlicue y Coyolxauhqui. Dejo en el destino la llegada de los españoles, el porvenir que mal o bien venido, se conjuga con el tiempo pasado para entretejer este futuro presente.

Estos Horizontes del Precolombino mesoamericano, con todo y el Quinto Sol que rige nuestros tiempos.Benditos. Siento la raza que soy, la fuerza de su piel oscura y su avidez por la vida; por dejar huella entre las estrellas y el papel amate, en los templos y el estuco, en las estelas y los cenotes sagrados. En el jade, la obsidiana y el copal: hallo su esencia, su espíritu inmortal.

¿Qué habrán sentido los españoles al pisar esta tierra? Al ver una civilización en esplendor, al escuchar el bullicio del mercado de Tlatelolco y toparse con la magnificencia de los templos. ¡Qué daría yo por vivir aquello! El encuentro de dos mundos. Porque éste de aquí, por sí solo lo era.

El libro. Pobre Patria mía, de Pedro Ángel Palou.

Asedios. Mis ideas inconclusas, que nomás no dan para hacer historias en estos días.

Antojos. Ni porque entra el Mes Patrio, me dejan las gringadas. Jotqueis. Qué espanto.

lunes, 9 de agosto de 2010

Por los amores perdidos.

Celebramos el fin de semana el cumpleaños de Abel Rosales. Fue una reunión donde pocos de los muchos que conformábamos un grupo de preparatoria asistimos. Apenas teníamos dieciséis años y casi nada de lo que ahora hemos venido haciendo se conformaba en la remota idea de serlo. Veníamos de los sueños y desasosiegos de la secundaria. Al cruzar la puerta de la Preparatoria, nos creímos acogidos por la Máxima Casa de Estudios de este país. Y creyéndolo terminamos por ir consumiendo tal acierto.

Fue extraño vernos ahí, sentados sobre el suelo y viendo nuestras caras azotadas por cinco años de tiempo sin regreso y mil desvelos relacionados con la vida académica de la Universidad. Bebimos cada quien por nuestros logros particulares y con nuestros nuevos grupos de amigos que en conjunto hicieron de aquella reunión una grata fiesta. Jaime, Valeria y yo fuimos abandonados por otros amigos. Nos bebimos un vino tinto y una bebida preparada de color azul estridente que nos hizo pasar un buen rato. Comimos pasta y frituras varias. Bailamos poco pero lo justo. Después la tarde soleada tuvo frío y se cubrío con el manto diario de la noche. Había canciones que de puro oirlas daba gusto y echábamos al aire una sonrisa; otras que de puro recuerdo nos empañaban los ojos y hacían un revoltijo el estómago y el pecho. A ésto muchos le llamamos nostalgia, para evitarnos la pena de darle más nombres que al fin y al cabo nada nos resuelven. De todos los ahí reunidos, sólo Valeria y yo brindamos. Nadie supo por qué y ni nosotros nos dimos explicaciones innecesarias. Ella y yo lo supimos y lo sabemos, porque cuando las canciones traen a rastras afanes y otras pasiones disueltas, con llorar no basta y es mejor acompañarlas con un buen vino... para eso de los amores perdidos.

Felicitaciones. Para Abel Rosales, que sigue siendo como cuando lo conocí en el primer año de prepa.

La música. Llevame a dormir, de Single.

El verso. El Rey se puso a pensar en lo que la pasión es; y poco tiempo después el Rey se volvió a enfermar. Rubén Darío.

sábado, 7 de agosto de 2010

De vuelta a Ciudad Universitaria

Este es el último fin de semana de vacaciones para los alumnos de educación superior. Es un lío todo esto de los calendarios escolares que se han impuesto en el país. Que si por ser de la SEP es uno y otro más por ser del Poli. Uno para la UAM y quién sabe cuántos otros haya perdidos en el fondo de la república. Por mi parte sé bien que el de la UNAM comienza este bendito lunes. Lo bendigo porque ha de regresar el borlote y la vida a Ciudad Universitaria. Mi casa y mi lugar de formación académica y espiritual. Quién sabe qué sería de mí si hubiera seguido sin conocer tal espacio que ya es del mundo. Ciudad de conjuntos arquitectónicos dueños de historia, arte y modernidad en pleno empedrado volcánico. Acoge a la representación pura de la ciencia y las humanidades. Lo mejor del país. Donde los chicharrones truenan, me consta. Y es que caminar por sus pasillos y su facultades, es excitante. Ver cómo se desenuvelve la vida en Derecho y Filosofía, en Economía, en Ciencias Políticas, Medicina y Veterinaria; Arquitectura, Ingeniería, Química. Ir a buscar libros a la Biblioteca Central. Ver la puesta del sol recostado en las Islas. Ir a sus museos, asistir a algún taller, jugar ajedrez, visitar a los cuates, prepararse para las ofrendas de día de muertos. Ver jugar a los Pumas, nadar en la alberca, ir hecho la raya en las bicicletas que prestan para no llegar tarde a clase, es más que una rutina escolar, ya la rutina de nuestras vidas. Quien conozca la vida universitaria, sabe qué es lo que digo. No es mamada, es la neta. Bienvendios los chavos de nuevo ingreso que están por descubrir su vida, en esta bendita Universidad a la que tanto quiero.

Por mi raza, hablará el espíritu.

Música. Un pato. Natalia Lafourcade.

La peli del fín. Viridiana. Luis Buñuel.

domingo, 1 de agosto de 2010

Artilugios

Mi madre sigue bajo el cielo de Yucatán. Ella y mi hermana andan entre casa y casa visitando a la gente que lleva la cuarta parte de mis genes revueltos entre historias y voces entonadas. Quién sabe si le cruza por la cabeza regresar dos mil metros más arriba de donde anda. En su lugar yo me quedaría para escuchar leyendas y placeres varios que ahí se saben contar. Siempre he dicho que algo de lo que aquí escribo, se lo debo al artilugio que tiene mi familia materna por contar historias. Todos ellos cuentan cosas, como si la vida fuera para contarse y contándola se les fuera media. Así también es mamá, y seguro ya anda ideando la manera precisa para contarlo todo ahora que esté de regreso bajo otro cielo, lejos del mar y el calor tropical de aquella tierra de dioses.

El libro. Temporada de caza para el león negro. Tryno Maldonado. Qué hombre tan más grotesco y estridente es Golo: tan desfachatado, tan cínico, tan... bueno...la verdad es que toda esa mezcla de caracteres antiestéticos, son los que hacen de semejante hombre un guapo más de la literatura contemporánea. No sé si es lamentable o afortunada la manera en la que uno es arrastrado por su rara belleza.

La música. El siguiente nivel. Chetes.

El arte. Jorge, que ama los videojuegos como arte y pasión que desenvuelven sus manos.


lunes, 26 de julio de 2010

Si yo fuera inmortal

Si fuera inmortal, volvería a encontrarlo en el último rincón del planeta. Sería de nuevo un juego inacabable, un número ocho, un círculo trazado con compás. Me refugiaría en su frío inclemente y volvería a guardar silencio cuando contara historias. Sentiría mil orgasmos cada que me contara cuántas veces había estado en la cama con otro, me posesionaría de su piel y bebería su sudor en copas de cristal. Me haría pintor para hacerle un desnudo artístico; escritor para darle poesías nuevas cada amanecer y músico para componerle una sinfonía arrebatadora y trágica. Lo haría inmortal también: le haría sentir la muerte de cerca, como cuando me la puso de frente, cuando acabó con lo que pretendía construir de la nada. Lo excitaría con besos en la entrepierna y mordidas de animal en celo. Le arrancaría el cabello y me lo comería para llenar el vacío que su rechazo fue haciendo cada vez más hondo. Visitaría al psiquiatra que ha de atenuar mis obsesiones. Le lamería la rodilla que alguna vez llegó a lastimarse y me haría adicto al ejercicio y a lo balones que atraviesan el aire que parte una red voladora en dos territorios en contienda. Lo dejaría hablar cada que me insultara o creyera que sigo siendo sucio y estúpido, y lo pondría contento al llevarlo a tomar café bajo un cielo nublado. Lo besaría por diez años sin parar, después cien hasta un milenio. Descubriría su abdomen conquistado ya por otra sarta de conquistadores avorazados y calientes. Olería su cuello por veinte años y comería sus labios para reponer el sustento que llegara a faltarme. Si yo fuera inmortal, tendría tiempo para dejar de soñarlo...así me costara de nuevo la eternidad.

sábado, 24 de julio de 2010

Nube viajera

Llueve y recuerdo tu voz
sublime ilusión en plena noche
sensación remota,
trivialidad aparente:
un derroche.

Escribo y te recuerdo
corriendo entre arbustos,
sonriendo al caer la tarde.

Recostado sobre la cama,
aparece tu aroma en el aire,
se va,
huye de mí,
como tú y tus ojos,
tus labios y tus manos tibias.

Llama azul,
estrella nova,
cometa inquieto,
sal de mar,
diente de león a pleno vuelo,
nube que moja
y calcina la piel,
relámpago ensordecedor.

Sigues siendo tú
el primer pensamiento
enredado en el aroma del café
y la privación de mis labios.

Cielo nublado,
velero sin rumbo...
tú y tu fuego azul
ilusión de siempre,
lluvia de verano...
mi nube viajera.

viernes, 23 de julio de 2010

¡Álzalas, güey!


Buscando la grafía correcta de güey, vocablo tan empleado en la jerga popular de México, me topé con su significado por la Real Academia Española. Le involucra como adjetivo de persona tonta y sólo definida con tal ortografía para este país en el que he nacido. Andamos entre tontos, me di por entender de más y enseguida corregí mi indiscriminada hazaña maliciosa y mala onda. Desde las calles de las clases medias y las bajas hasta las muy altas; fluye y confluye semejante palabra. ¡No manches, güey!; Mira nomás la güey, resultó panzona; ¡Güey, fíjate!; Estás bien güey; ¡Ay, güey!; ¡Órale, güey! ¡Pff! Tan familiar el escenario. ¿No es cierto?

La Academia Mexicana de la Lengua, hace notar su empleo como la deformación lingüistica de buey (bovis), adjudicando su semántica como persona tonta. Pero su empleo ha gando terreno en una infinidad de significados que van desde amigo, enemigo, trastornado o estúpido. Bien se entiende entonces que es usado como despectivo tanto como superlativo. La Real Academia de la Lengua, reconoce el léxico de buey con su primer significado bien descrito con anterioridad, aparte del de macho vacuno castrado. Sin embargo, para México es aceptado como insulto la grafía de güey en el habla popular; aunque ambas sean empleadas para tal connotación. -¡Válgame, Dios! Resulta que ahora a todos los que les he dicho güeyes... ¿no tienen huevos? ¡Calma! Uno, dos... respira...tres, cuatro...- Algunos estudios filológicos, refieren que güey es la remanencia del náhuatl huey, que quiere decir hermano. De ahí su empleo de amigo o carnal -¡Uf!, entonces no están castrados, pero unos que otros sí que son unos güevonazos.

Siempre se anda escuchando el güey por todas partes. Hasta yo mismo me lo digo cuando estoy a punto de cometer tonterías, cuando estoy por caerme o cuando me doy toques con algo o con alguien - entiándase toques, por aquellas chispas de electricidad que se dan entre la piel de uno y los objetos conductores de cargas- Qué más dá: así es la palabra, su intención. Ocurrente y oportuna para muchas ocasiones. Debe saberse usar, saberse emplear, decirse con la simpleza que implica para nimiedades varias. No abusar, no hacer del güey una palabra multiusos, un exceso, una vulgaridad. Arriesgarse a usarlo, implica saber usarlo. Finalizo diciendo que en México no se anda entre tontos, sino entre cuates.



¡Álzalas, güey! No te metas en pedos al usar el güey.



Logos de: http://www.brandslogotypes.com/es/pizza-ay-guey-logo-vector-imagen-eps-ai-cdr-wmf-formato-39322.html
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martes, 20 de julio de 2010

Vivir con estilo. Coco Chanel


Qué genes tendría expresados, de más o de menos, Gabrielle Chanel. Una mujer dotada de belleza, pero sobre todo de inteligencia, estilo y perseverancia. Superó la adversidad, se impuso al orden de sus tiempos que le resultaron extraños y fuera de lugar. Quedó en manos de la orfandad al morir su madre cuando sólo contaba con doce años. Su padre la llevó junto con sus hermanos a un hospicio, situación de la cual siempre rehusó recordar para otros tiempos. Ahí aprendió la costura y fue entonces que a los 17 años, las monjas encargadas de aquel austero lugar la colocaron con el oficio de costurera.

Nació en el año de 1883, y aún pertenciendo al siglo diecinueve, trajo consigo la vanguardia vestida de sencillez y sobriedad, sin perder nunca la elegancia ni el estilo. Entre los sueños que más le cruzaban por la cabeza, era el de llegar a ser una gran modista. Presa de la fiebre de tal devaneo, terminó metida y bien metida en antros de mala muerte y mal nombrada fama, en donde su peculiar belleza se vio asaltada por la diversión de los hombres más adinerados, cuestión por la cual obtuvo beneficios propios para llegar a su objetivo.

Con la ayuda económica de Etienne Balsan, fue que llegó a París a instalar su primera tienda de sombreros: Modas Chanel, sobre el Bulevar Malesherbes. De ahí, siempre afianzada por los diversos hombres que buscaban su glamur también bajo sus sábanas, fue andando por las ciudades más famosas de Francia, hasta que se instaló en París por definitiva en la Rue Cambon, donde fundó su primera Casa Chanel.

Pero más allá de ser quien fue y sigue siendo, de valerse del dinero de quienes asediaban su belleza, su toque liberal, su inclinación por lo masculino, lo confortable, lo elemental; fue una mujer fuera de tiempo. De las primeras feministas, la perseverante, la rara, la fuera de lo común. La mujer que daba a desear en el vestir, por saber diluir en ello una mezcla de deseo y distinción. La mujer que amó a un hombre y por amor se hizo amante, mujer de horas, de esperas, de entrega total en entregas, en tiempos, en servicios. ¿Qué tendrían los ojos de Arthur Capel? Aquél inglés de renombre social, guapo y fino; jugador de polo. Él que tanto confió en ella, quien la impulsó con más brío, quien la acercó a la lectura, quien le enseñó de arte y la incineró con su fuego. Quien la sacó del esnobismo en que vivía para entrar al salón de la fama verdadero. El que le dio vida y se la quitó mucho antes de morírsele en un accidente cuando iba en su automóvil deportivo; desde que le supo comprometido con una mujer por buenos negocios, por un contrato.

¿Amar así? ¿A ratos? Puede ser lo mejor. No vence el tedio ni la costumbre. Se perpetúa, se inmortaliza. Como Coco, la mujer con el siglo veinte, veintiuno, veintidós y cuantos fueren por cada respiro, por cada golpe que le daba a su cigarro. La degenerada, la que montaba a caballo y ponía pantalones, sacos, corbatas, jerséis, sombreros sin plumas. Gabrielle Chanel, la que no recurría a su pasado, la abandonada por sus padres y por su amor; por Boy, por su guapo Boy, su inglés apuesto.

Qui qu'a vu Coco? Coco Chanel. La mujer, la creadora del emporio más prestigiado en la moda, en el vestir, en el estilo. "Todo lo que es moda, pasa de moda" decía con cigarro en mano. ¿Quién no ha llegado a oler Chanel No.5? ¿Coco Chanel? ¿Coco Mademoiselle? ¿Chanel No. 19? Diluida en dichas pócimas mágicas, desenvuelta en sus notas. Por siempre Gabrielle Chanel.

Murió enferma, al recostarse después de su inyección de morfina; en su departamento ubicado en hotel Ritz, a los 87 años, el 10 de enero de 1971; después de facilitarle a la mujer contemporánea, los aspectos más aprovechables del vestir de los caballeros y dando al mundo del buen vestir, la glamurosa sencillez de portar lo confortable.

domingo, 18 de julio de 2010

Volviendo a su tierra

¿Qué involucra regresar a la tierra donde uno nació? Sin duda emociones disueltas en medio de familiares, recuerdos y vestigios. El olor húmedo del suelo, la cercanía del mar, un cielo de otro azul. La casa donde alguna vez se anduvieron sus padres en su propia infancia, donde existió una tienda de esquina a esquina y se encontraba desde petróleo hasta enlatados de importación. Ahí existía la botica de un abuelo sabio y curandero ancestral; ahí guardaba las joyas de oro antiguo, que pertenecieron a los antepasados, una abuela de carácter fuerte y pasos audaces. Por el pueblo se vislumbra una paz de ámbito tropical, al calor de otras latitudes. La perturban los huracanes y las lluvias de verano, y de ahí vuelve el olor selvático arrastrando los conocimientos milenarios de quienes habitaron esa misma paz. Volver a ver a su gente, a la sangre de uno, a sus allegados, es una locura. Una algarabía que a pocos nos consume desde que se toma el teléfono para dar por avisado que se volverá a ver de frente a los ojos que esconden otras historias entrelazadas a las nuestras. A la tía que lleva la sangre de una madre legendaria que murió pronto y sin prisa, como la gente buena. A las primas que son madres como mi madre y a los primos que son padres como mi padre. Hace un calor exquisito y las playas son imprescindibles. Se camina de noche y se ve oscurecer al son en que aparecen las luciérnagas en el aire y otras miles se van pegando en el cielo. Mi madre ha viajado a su tierra, al mítico lugar de donde se siente por haber nacido allá y de donde me siento por sentirlo tan mío. Porque a los nueve años en que vi por vez primera, antes de aterrizar a esa tierra consagrada por los mayas, su litoral que se me quedó grabado en la memoria y en las lágrimas, siento que la distancia me asaltá la cordura y lloro por tenerle lejos. Mamá se ha acercado, junto con mi hermana, y siento alegría conjugada al oirlas al teléfono diciendo: "Ya llegamos, fueron todos por nosotros a la terminal de camiones"

jueves, 15 de julio de 2010

Desengaños

Llegó con aliento alcohólico y oliendo a perfume barato de mujer; diciendo incoherencias y balbuceando como un niño. Su inteligencia fue asaltada por un sopor tóxico. Seguía siendo imponente, un macho alebrestado y tendencioso. Lo llevó al sofá de la sala, así condescendía Renata: ofreciendo sus labios suaves y breves a la carnosidad devoradora de los de Rogelio. Exigía su lugar, su trono, sus reverencias: el señor de la casa. Venga a nuestro reino. Renata sintió repugnancia y se revolvió su estómago al imaginar disueltas otras salivas y otras bocas pestilentes, amargas y cáusticas: ponzoñosas. Se quedó dormido, mostrando la blanquísima muralla que erguían sus dientes inferiores; sus ojos entre cerrados, a medio lucir el verde aguamarina que tintoreaba el perfecto círculo de sus iris. Sus ojeras le daban un toque apuesto, seductor, deseable. Jugaban con su rostro joven: conjugaban a otro tiempo los verbos pronunciados a sus treinta. Un mechón de cabello claro le cubría la cicatriz de su frente, aquella insigne perpetua de sus años sin freno. Renata sentía erizar su piel al sentirlo cerca. Lo miró derrotado y vulnerable, como un león exhausto después de haber saciado sus instintos, sus rasgos primitivos más elementales. La prueba se iluminaba en su pantalón, de Armani, al corte: una humedad delatora a medio secar. Le tentó bajo los calzoncillos, de ahí provenía la fuente de tal rastro. Le quitó sus zapatos de piel vacuna que había comprado en Italia la navidad pasada. Enrolló sus calcetines y descubrió sus pies blanquísimos y largos, sus uñas recién cortadas. Unos vellos gruesos y rojizos coronaban sus diez dedos, hermosos y perfectos. Sintió ganas de besarlos y rendirse a ellos. De comérselos, de arrancarlos y poner cada uno en diez altares, de rezarles un novenario y hacerles misa. Después volvió a odiarlo y a execrar para sus adentros, a repudiarle y blasfemar ante su propia idolatría. La esfinge trató de articular frases sin éxito. Un silencio religioso inundó aquella habitación: su santuario, el centro del mundo, su meca. Volvió a recorrerle de la cabeza a los pies con la mirada. Desabrochó su corbata y encontró en el cuello de su camisa Calvin Klein el brillo de un corriente carmín que contrastaba con aquella finísima tela. Metió su mano en su pecho selvático, lleno de rizos dorados que se entretejían en sus dedos. Se detuvo en sus tetillas, esos dos conos volcánicos que reaccionaban sin decoro, firmes y duros respondían a sus caricias, escupían fuego, reaccionaban a su querencia, a su afán; a aquellas ganas que no se saciaban cuando la poseía, cuando en minutos la hacía suya y después un despojo, un trozo de carne, un retazo. Una luz iluminaba su frente, como si fuera un sol, una deidad hecha carne, digno de oblaciones y condecorados. "Qué tal Licenciado", "Cómo le va Licenciado", "Es muy amable Licenciado". Le imaginó con pectorales y brazaletes de oro, adornando su bien torneado cuerpo. Su tórax amplio, sus hombros angulosos y erguidos en plena posesión etílica. Sobre su cabeza un penacho de plumas de quetzal, un tocado, un kepres. Estaba indefenso, no se imponía. No gritaba, no hablaba fuerte. "Vas a cenar, amor", "Te sirvo la comida", "Te hago un té" No había trivialidades ni sumisión. El patán, el esposo, el abusador: su trinidad. La providencia, su penitencia, su marido, su sostén, su desatino. Era suyo, abusaría de él, aprovecharía su duermevela, su letargo, su estupor. ¡Dios les salve, alcohol y fermentados! Podía ahorcarlo, tomarle del cuello asediado por mujeres nocturnas. Se enamoró de él desde el principio, de sus ojos y su silencio prometedor, aunque su matrimonio haya sido un acuerdo vil entre las familias, entre sus legados y sus honores; los apellidos, la sección de sociales, la élite. Le moralité, les bonnes manières. Lo descubrió a flor de piel después de casada. Usaba máscaras, era un abismo, un sádico, un fantoche, un títere de su estatus. Guapo monstruo. Con el apellido a cuestas, su pedigrí; alcoholizado o iracundo, era un Santibáñez. Con los pañuelos de seda bordados por una esquina con sus iniciales, con la cigarrera Hermès en el bolsillo interior de su saco, las plumas Montblanc con las que siempre hacía su garabateada R en mayúscula y la firmeza curveada y elemental de la S de su apellido. Era Rogelio Santibáñez. Aquellos edictos con su grafía al final se promulgaban por sí solos como ley y orden. Usaba lentes oscuros de Versace y el Allure Sport de Chanel endulzaba su paso. Ponía su anillo de matrimonio desde que el sacerdote lo bendijo en la iglesia de Santa Úrsula. Comía a sus horas y con el provecho de su apetito. Iba al club a jugar golf y a nadar; desayunaba jugo de apio con limón y huevos divorciados, pan tostado con mermelada de naranja y café sin azúcar. Siempre tan chic, tan trendy, en boga. Ése mismo parecía ahora un animal, un despojo de carne tirado en el sofá donde antes sabía hacer el amor y después se dedicó sólo al sexo. A cenar salían juntos y sonreían para el Ovaciones. "Son divinos". Él, en realidad, un desenfrenado, un crápula. Lo cargaba en sus genes desde tiempos sin memoria y memoria desenvuelta lejos del tiempo. Renata sabía cuánto lo odiaba, cuánto aborrecía el color de su corbata Oscar de la Renta; hacerle los nudos, doblarle el cuello. ¿Por qué antes lo amaba tanto? Maldito zafio disfrazado de correcto. Falaz. Qué más daba si de una vez por todas acababa con él, con su presencia. Omnipotente, el Señor de la casa. Seguía balbuceando y dejaba ver a ratos el mar de sus ojos. Renata volvió en sí. Se escuchaba la regadera, el caer del agua, el olor a flores de los jabones que trajo su suegra de Turquía. "Son relajantes, exquisitos, paradisiacos". La mujer se la pasaba entre fiestas y juegos de canasta, entre caridad, velorios y novenas. Bajaba a los santos. Era una dama. Dios mediante, Santa María, Cielo Santo, la Providencia. Engañaba a su esposo cada mañana de sábado hasta la tarde, cuando iba a los brazos de un hombre lozano que le enseñó a usar la caminadora en el gimnasio. Renata odiaba a su sangre, a su gente. El vapor del cuarto de baño le encendía un reflejo instintivo, olvidaba que alguien rondaba la habitación con su cuerpo tibio. Se dirigió entonces al armario y sacó una cobija cálida para Rogelio. Se la echó encima. Peinó su cabello claro y besó su frente. Estaba indefenso, no lo ahorcó, no lo golpeó, no lo insultó. Se dirigió a la ducha. La puerta a medio cerrar le procuró su alivio. Se despojó de su bata y su ropa de dormir. Se duchaba su amante. Le hizo callar, entró a aquella lluvia de agua artificial que encendía sus poros. Cerró el cancel, dos siluetas firmes se abrazaban tras de él, se tocaban, se entretenían abajo de su abdomen buscando resquicios infinitos y placenteros que hicieran gritar, que hicieran salir gritos profundos desde el centro de su cuerpo: un big bang, el origen del universo. Dos siluetas de mujeres, gritos de mujeres. Bajas pasiones. Su amante, su verdadera poesía. Dos mujeres, mil orgasmos, mil desvaríos. Bajo la regadera, hacían el amor. Desnudas de cuerpo y alma. Tres años llevaban jugando adivinanzas sobre su piel, acertijos descifrables. Tres años tras otro suspiro y siete de casada. Odiaba a Rogelio y amaba a Cristina. Seguían bajo la ducha. Dichosas ellas, flagrantes. Se olvidaban del mundo. Mientras, Rogelio, invadido por moléculas de alcohol etílico en su torrente, dormitaba y formaba frases. Pedía perdón por ser quien es, pedía perdón por haber visitado de nuevo ese lugar, haber dejado que otros labios intoxicaran su piel. Pedía perdón por no amar a Renata, como merecía. Bajo el sopor de su intoxicado viernes, seguía pidiendo perdón. Otro travesti más, en la casa de citas. Otros placeres más, fuera de casa. Balbuceaba. Rogelio, cada semana destinaba un cheque a la prensa, para salvaguardar la honra de su apellido.

martes, 13 de julio de 2010

El que espera, sigue esperando.

Con todo y todo, espero una llamada telefónica; un mensaje, un zumbido, un revoloteo en su memoria que sea capaz de encender un suspiro en mi ánimo. No importo. Lejos de importarle, hay alguien más y muchos más, y todo lo demás que pueda cimbrar en su ánimo otra pasión desbordada. Lejos de todo extraño sus ojos, su voz y la fortuna de su risa, esa que permitía a mi cuerpo conducir una descarga de iones y electrones, fotones, quarks y todo nombre inventado para las piezas fundamentales de la materia a la cual me someto.

Tan fría es la morada en la que me hundo a ratos, que he vivido acostumbrado a vivir entumecido, en el páramo de su abandono y en la oscuridad de su olvido. Creo que ni la muerte es igual de fría que su indiferencia. No importa, porque una vez que hemos sido tocados por un amor que deja su impronta en el alma, y va dejando improntas en otras risas... nada es igual que antes. La monotonía, aunque fastidiosa y cáustica, es quizá la que menos dolosa vuelve a la vida. ¿Para qué quería yo otros horizontes al pronunciar su nombre? ¿Para qué mojarnos bajo una lluvia que deslavara nuestras querencias? Engañosa vida, fraudulenta. Todo teníamos, un conjuro faltaba para unirnos, un hechizo, un lazo que estrechara aún más nuestro aliento.

Falló todo, yo fallé. Yo el culpable, el crédulo, el idiota. El iluso, el dolente, el entregado. El fantasioso, el cuentista, el soñador. He fallado y cargo con la culpa desde hace tanto, que no creo poder recuperar otra fortuna como la que tuve. Caí en el juego de un amor ahora prohibido, para ese entonces falso, onírico, inexistente.

Vaya lío en el que sé meterme, porque si de salir se trata, no hallo cómo. Dice una canción, que de amores prohibidos habla, que sus ojos eran como una tortura, así son éstos: los suyos. Ya no sé si pedirle salvar nuestro destino, no hay nada entre nosotros, ni una mínima reminiscencia del universo que construimos. Nada. Ni una sonrisa, ni una mirada. Lejos de la fortuna, en un hoyo negro, en una oscuridad atroz. En la nada, en la espera de una esperanza desesperanzada. Espero y sigo esperando, nada encontraré como antes en el amanecer de sus ojos, ahora las señales del Apocalipsis.


Música de hoy. Forbidden love, Madonna.

domingo, 11 de julio de 2010

Furia Roja

Hoy se ha acabado el deliberado aire del mundial: esta fiesta deportiva y mediática que desde cuatro años previos se desenrolla en el futuro de quienes la esperan por esperada; con decir que el Brasil 2014, ya está encandilando otras furias de generaciones bravas más abajo de éstas que hoy se desempeñaron en las canchas de Sudáfrica. México quedó fuera antes de cruzar otra esperanza ficticia en los cuartos de final, aun con todo y el gol que nos quitaron por las ganas del árbitro que impuso su gobierno en pleno, como dictador latinoamericano bajo otro cielo y entre países hermanos. Pero de penas e injurias no hablaremos hoy, que por mal llorado o bien acomodado en nuestro ánimo, ya hemos superado tal derrota.

De los favoritos llegó a la final Holanda, un equipo entero que supo ganarse la posición hasta la que llegó, con un ímpetu reverberante y bien logrado. España, por otro lado, se posicionó por una lucha constante y ardorosa; como si por cada derrota de otros contrincantes fuera tomando fuerza. Tuvo partidos flojos y no tan emocionantes como los de Alemania o Uruguay. No de balde resultaron campeones de la Liga Europea 2008, estos hombres que presumen una lozanía y una juventud en éxtasis. Poco a poquito escalonó la final, el equipo español; caracterizado por tener una furia y una pasión por el balompié, es hoy el campeón del mundo. Lo predijo el cefalópodo que desviaba las miradas a sus predicciones atinadas y transparentes como la pecera en la que se miraba. Quizá le creyó la reina Sofía al llevar su saludo hasta los vestidores, donde encontró a un equipo gozoso y lleno de algarabía, antes de creerse campeones y de serlo; donde encontró también al hombre que metió el gol de triunfo envuelto en una toalla y al cual saludó con la majestuosidad que se cargan: ella de parte de una familia real y él, como rey de la jugada.

Es una fiesta la que se trae toda España. Y cómo no se ha de hacer fiesta con semejante copa entre las manos y entre su gente. Vestidos de rojo y amarillo, en plena acción de rendirle a su patria, nuestra Madre Patria a la que le confié el triunfo para esta final; concentrados y concéntricos, sin agravios, con triunfos, con glorias y vítores. Como el imperio que fue, el poder que clamaba, la Armada Invencible, la Furia Roja. ¡Olé, olé! ¡Arriba España triunfadora!

Aclaraciones. Hasta yo que no sé nada de futbol (fútbol), me dejé llevar por la ola que a muchos nos arrastra.

Vítores. Para Iniesta que me devolvió la calma que ya había perturbado con una imaginaria escena estresante de penaltis.

Música. Could you be love, de Bob Marley. Que se escuchó tan hermosa en la entrega de la copa. ¡Qué feliz hubiera estado en Sudáfrica! Dijeron sus hijos que en su representación anduvieron en ese continente.

Felicitaciones. Para Pulpo Paul, prócer en las artes adivinatorias. ¡Qué aire de misticismo le dio a este Mundial!

jueves, 8 de julio de 2010

Contando historias. Para Anabel.

La conocí con dos coletas desalineadas que salían de ambos lados de su cabeza y con la carga de los nueve años encima. En sus ojos verdes se podía ver, desde entonces, el ir y venir de las olas que mojan el malecón de la Habana; con la sonrisa de sobra de su rostro y las calcetas de punto, blancas y hasta arriba, como suelen usar las niñas de tercero de primaria.

Arribada de una isla incorrupta, gobernada bajo el puño de un comandante astuto que se adueñó de aquel tesoro hace ya más de cincuenta años. De una isla calmosa que nada en el Caribe, como si nada pasara fuera de sus limitaciones y más allá de su litoral; llena de carencias, pero más aún de tesoros y noches febriles llenas de fiesta, ron y música hecha para bailarse. Llena de noches sin luz eléctrica sin más brillo que un plenilunio tibio y vaporoso. Creció entre su gente y portones abiertos al griterío y la cadencia de las charlas del medio día; entre el olor suelto de la tierra mojada, de los tostones, del congrí y la yuca al mojo, de una Cuba candorosa y diáfana.

Mi amiga Anabel, es inteligente y hábil, emprendedora, sensible y llena de un espíritu que nadie puede parar, cuando ha decidido cumplir lo que su voz interior le ordena. La posee una capacidad ardua por hablar, habla y no para cuando de charlas extensas se trata el asunto: como al contar el capítulo de algún libro que le cautiva todas las noches, evocar el pasado que ha corrido como el agua entre nuestros pies, al hablar de su extensa familia y de su infancia, de los arrebatos que suelen atenazarle la cordura, de los consejos de su padre, de los decires de su madre y las travesuras de su hermano adolescente. Nadie, nada y mucho menos yo, la paran, cuando se suelta a hablar. ¡Bendita voz que se carga! Es como un bálsamo para nosotros, sus escuchas.

Siempre me ha venido gustando escuchar su voz sumergida en tantas historias que se mezclan en el aire de aquellas tardes en que extravío mis horas tan sólo al oírle hablar. Tiene un fervor esencial por el paso de sus ayeres y desconfía ante las sorpresas de un futuro incierto. Ama la historia de México, como si amara cada mañana que vivió en Cuba hasta los seis años, cada atardecer y cada verbo que conjugó sobre aquella tierra hermana. Vive y siente el paso de los segundos, sabe que no regresan, que se esfuman, que se marchitan y sólo renacen cuando bien nacen en los recuerdos. Le gusta el arte y esta ciudad, con todo y sus barbaries.

Hablo de ella, porque hoy es su cumpleaños. Juntos compartimos nimiedades excéntricas, pasiones desbordadas por hacer historias; ella sabe contarlas, es su don y su próliga labor, las cuenta mejor que todo lo que escribo. Ella baila y tiene gusto por las costumbres y al mismo tiempo por un liberalismo esencial. Siente afición por las ideas que tuvo Maximiliano de Habsburgo y tristeza por haber regresado su rostro inerte a Europa con unos ojos de vidrio color oscuro. Sé también que si en la Revolución hubiera andado, Zapata la cautivaría con sólo ponérsele enfrente. Sé que le gusta el helado y también sale de compras, que le gustan las bolsas grandes y vestir bien, que ama El bosque de los pigmeos, de Isabel Allende; que a su familia fuera de Cuba la lleva en el alma, y a otros tantos los sabe lejos pero vecinos, justo en aquella península ganchosa que cuelga en los mapas de América del Norte, como queriendo atravesar la paz indescifrable del Golfo de México: Florida.

Quien la conoce, sabe que no miento. Es transparente y llena de ímpetus inquebrantables, de desafíos y logros, de metas y de mil variedades. Quien la conoce, sabe que Cuba se desenvuelve en la mitad de su aire...porque la otra mitad la ha sabido repartir entre sus gente, su México y otras tantas destrezas que se inventa cada que en su sueño se inicia otra retahila de hazañas.
Feliz cumpleaños. Para ti amiga, que me cuesta trabajo escribirte, porque uno no halla ni por dónde entre tanto.
Otro Feliz cumpleaños. Para Alan León, que aparte de ser un gran médico en potencia es un gran hombre, escucha, lector, escritor y consejero imprescindible.
La música. Abriendo puertas, de Gloria Estefan... por ser de las primeras canciones que me compartió mi amiga.
El libro. Paseo de la Reforma, de Elena Poniatowska.

lunes, 5 de julio de 2010

PRImera fuerza política

Ayer los comicios dejaron en claro el rumbo de los colores que irán pintando el futuro, aún incierto, de las elecciones de 2012. Incierto en el sentido de que muchos que propiciaron el cambio del 2000, no se la creen al ver que el Partido Revolucionario Institucional de nuevo toma fuerza para estos años. ¿Y qué querían? Vimos que el PAN nada ha sabido hacer en estos nueve años al mando y el PRD se hace añicos desde su estructura interna. Pero, vamos... mucho tiempo hemos visto tantas carencias para este país que la desesperanza y el tedio llegan a embargar el futuro de nuestros hijos. El PRI se ratifica como fuerza pólítica de este México que en otro aire le dio la espalda. Ahora muchos piden a gritos su regreso, otros sólo se conforman con el "viejo por conocido". Yo ya venía sabiendo que el PRI regresaría, desde aquella aventura mía de trabajo casual en donde mucha gente exigía su regreso. Lo de hoy es estar a la expectativa de qué jugarretas se tienden, pero más importante aún es acabar con esta violencia que acabará con cada uno de los mexicanos.

Mil disculpas.Por estas entradas tan llenas de política y aire partidario. He manchado el título de este blog al llenarle de nubarrones y rayos. Pero regresa el cielo iluminado.

viernes, 2 de julio de 2010

Panorama electoral. Julio 2010

Por Antonio Jiménez.


México no anda bien, lo sabemos todos y muchos desatendemos la verdad. A diario hay decapitados y desaparecidos, mensajes que dejan por entendido un cobro, un adeudo saldado con sangre que desencadena más lagos de sangre y terror. El Norte del país es quizá el área más afectada, pero se suma el Sur, el Suroeste, el Centro: todo el país. ¿Quién nos gobierna? Pareciera que aparte del gobierno estatal, se involucra a toda costa el Narco,su influencia, su crimen, su poder.

Este domingo habrá elecciones bajo un ambiente vulnerable y lleno de ponzoña. Se entremezclan la mala administración de las propias instituciones, el descrédito que la ciudadanía ha dado a la exigua credibilidad de los comicios y nada menos que la ola de violencia que pone a temblar a cualquiera que lee los encabezados o se atreve a presenciar las muertes por medio de la televisión. Un gran número de ciudadanos se ha declarado a favor del abstencionismo que toma el nombre de "voto nulo". Entre los estados que elegirán gubernaturas se encuentran: Sinaloa, Chihuahua, Tamaulipas, Durango, Aguascalientes, Hidalgo, Tlaxcala, Puebla, Veracruz, Oaxaca y Zacatecas; los cuales son de gran peso y podrían dirigir el rumbo para las elecciones presidenciales de 2012.

La lucha por el poder, nuevamente, ha tirado a la borda a la democracia en pañales de este país. Quien haya creído que México trabaja a favor de esta forma de gobierno, está fuera del contexto real, que es deprimente. Aquí sigue rigiendo el compadrazgo, las influencias, la entrada de dinero, los "huesos", los "favores". Se ha hecho un círculo vicioso; la sociedad civil, al no confiar plenamente en sus gobernantes, se ha desenvuelto en el terreno de lo ilegal y todo lo "debajo del agua", la evasión de impuestos, la violencia, el deterioro de los valores humanos. Sobrevivir sin importar cuántos queden dañados, mucho menos el cómo.

La Reforma Electoral fue un fraude, como lo ha venido siendo el propio Instituto Federal Electoral desde su creación. Millones de pesos siguieron yendo y viniendo en estas campañas, como si nadie notara que infringieran la ley apenas reformada. El mal uso de campañas federales y apoyos sociales, siguió dando de qué hablar y nadie volvió a hacer nada. ¿Será que México nunca podrá ver la luz que promete el Estado Moderno? Desde hace ya cien años, Porfirio Díaz seguía no creyendo en la capacidad de este pueblo gobernado para elegir a sus gobernantes. Mintió desde lo más profundo de su entraña al decirle a James Creelman, que México era otro, que México había progresado, que podía dejar que haga con la democracia su gobierno. Él sabía que aun con una revolución, mucho le hacía falta.

Nada puede parar el afán del presidente Calderón por acabar con el narcotráfico con su llamada "guerra". El ejército se despliega a sus anchas por las calles de las ciudades más afectadas. Su estrategia, que ha sido criticada por la mayoría de los mexicanos, no tiene sentido al ver incrementado el número de asesinatos. Tal parece que el gobierno federal se exime de la responsabilidad que tiene en estas elecciones, no procura acuerdos y, al contrario, abre camino al peligro que puede desatarse durante la jornada. Ya al inicio de esta semana, se dio la muestra con el asesinato del candidato del PRI para la gubernatura del estado de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, quien se creía como favorito en la entidad.

"El crimen organizado, es la mayor amenaza para la libertad de los mexicanos", fueron las palabras del presidente Calderón; y lo es, sin dejar a un lado que el propio Estado se encuentra corrompido, que los propios paradigmas y valores partidarios se han quebrantado. Para mayor muestra el PRD y sus divisiones a favor de corrientes internas que no hacen más que dañar su estructura política. Las alianzas establecidas, entre el PAN y PRD, como la tan criticada "Compromiso por Puebla"; deja ver, por un lado, lo que pocos ciudadanos llegaron a creer posible: dos partidos opositores y con ideales contrastantes juntos en una alianza política que, bien "manipulada" por los medios de comunicación, representaría un avance para estas elecciones al unir fuerzas para gobernar con mejor desempeño; pero por otro lado, todos sabemos que lo que más influye es el miedo ante el fuerte advenimiento del regreso del PRI como mayoría.

Hasta el día de hoy, más violencia ha seguido invadiendo las horas previas a las elecciones. Romero Núñez Montiel, fue ejecutado por un comando armado en el municipio de Jolalpan. La coalición del Compromiso por Puebla, desmintió que Núñez Montiel haya sido operador de Moreno Valle, su candidato a gobernador del estado. Por medio de un comunicado, la coalición expresó que el acaecido era militante del PRI y sólo simpatizante de palabra para con sus candidatos. Muestra sus condolencias a la familia y exige a la PGR la investigación pertinente del caso, al tener un fondo evidentemente político. La coalición tal parece que se lavó las manos después de que el líder estatal del PRD, Miguel Ángel de la Rosa, diera a conocer que Núñez Montiel era, además, brazo derecho de Zenón Barbán Martínez, candidato a la alcaldía de Jolalpan por la misma alianza política.

El "teatrito" sigue siendo dirigido desde los más altos mandos de esta República Federal (que aun con tanta guerra entre liberales y conservadores, la Guerra de Reforma y la Revolución, sigue siendo puramente una República Central). El 30 de junio, a 3 días de la contienda electoral, Arely Gómez González, titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE), renunció por medio de una carta dirigida a Felipe Calderón, donde se justifica al dejar el cargo a alguien que esté más apegado a las políticas públicas que el gobierno federal pretende manejar. Sin embargo, el vocero de la PGR, pronunció que el procurador Chávez Chávez, pidió su renuncia a Gómez González por las diferencias en el manejo de la Fiscalía, recordando que de esta institución depende la FEPADE. La bancada del PRI, en total desacuerdo, manifestó que todo esto viene desde las presiones de la Secretaría de Gobernación. Por su parte, Jesús Ortega, celebró la renuncia de la fiscal, al reconocer que esta dependencia no atiende con prontitud ni eficacia su labor en el campo de la legislación electoral.

Como se da a notar, la contienda trae todo un escenario complejo tras de sí. Las elecciones de este domingo son importantes en cuanto al efecto que podría causar para con las elecciones presidenciales de 2012. En esta ocasión los partidos se posesionarán de su rumbo para tal jornada y no es de esperarse que muchas sorpresas puedan mostrarse. Hay escepticismo y desesperanza en el ámbito ciudadano; violencia, sobre todas las cosas y la que más corrompe a estas elecciones, lo cierto es que dejar a un lado nuestra participación como ciudadanos, implica una irresponsabilidad engendrada a propia voluntad y con ello el leño que alimenta el fuego que sigue consumiendo al México contemporáneo: el desinterés por acabar con los malos gobiernos.