martes, 4 de octubre de 2011

2 de Octubre. México 68. Tres opiniones

Fue el genocidio más grande que hubo en México, después del que hubo contra los indígenas de parte de los españoles. Supe de él a los 7 años. Mi papá estuvo ahí, mataron a su amigo. Estaba atrás de él y le tocó un balazo. Me dijo mi papá que le pasó por la oreja y le tocó a su cuate. En eso se echó a correr, iba pasando un carro. Era su vecino. Lo echaron a la cajuela. Adelantito, los militares pararon el carro, pero dijo su vecino que sólo era un trabajador que iba de pasadita. Mi pa llegó a su casa casi orinado. Yo creo que no volvería a ocurrir un Movimiento así. Las desigualdades sociales de ahora, son más que las de ese tiempo, el pueblo está en un estado de resignación. La misma educación, ya no orienta a la reflexión de nada. Actualmente la globalización ha cambiado todo.

S. Adán Rodríguez Cabrera, estudiante de 4º año en la Facultad de Medicina, UNAM


 

Fue una tragedia. Y es lamentable que ya nadie se acuerde, al menos eso creo. Quizá porque no lo vivimos. Yo creo que antes la unión entre estudiantes se veía un poco más, era fuerte. Ahorita quién sabe que haya cambiado, si la moral o qué demonios. No creo que ahora alguien arriesgue lo que tiene, menos morir.


 

Val Santiago, estudiante de 4º año en la Facultad de Medicina, UNAM


 

Considero que fue una muestra de autoritarismo, una muestra de represión estudiantil, violación de las mal llamadas garantías constitucionales. Fue un suceso histórico. Cambió para bien o para mal. Lo que sí aseguro es que fue la pauta de acontecimientos deplorables o ridículos de los movimientos estudiantiles de hoy en día, que no se comparan en nada con los del 68. Esos llamados grupos Pro-derecho. Dio cierta libertad de expresión. Desgraciadamente, como en toda la historia de México, corrió sangre para darle el valor y el impacto que no se le dio cuando fue.

Juan P. Arroyo, estudiante en la Facultad de Derecho, UNAM

lunes, 3 de octubre de 2011

A unos calcetines

Ya no robes calcetines, amor. No se los quites a quien apenas comienza a andar por la vida. ¿Sabes andar por la vida? ¿sabes levantarte después de caer? ¿te gusta andar descalzo? Enséñame. No me digas de qué color son tus calcetines nuevos. Sólo puedo adivinar que son muy tú, que van con tus zapatos de suela resbaladiza, muy europeos, muy a tu estilo. ¿Cómo es que los pierdes? ¿No los haces "bolita"? ¿No los acomodas junto a tu ropa cada que vas al vestidor? ¿Tienen pies? ¿Calcetines para pies, con pies? Que caminan, que se te escapan, se te alejan. ¡Cómo haces que se alejen de ti! Ni ellos ponen tus pies sobre la tierra. No te hacen dar cuenta de quién eres, de qué eres. Déjate llevar, déjate querer. No digas no al exhibisionismo. "No no no" ,"No me beses" ,"no me hables", "no cantes" "No hables de Iglesias" "No digas que me quieres" ¿Por qué no te darás cuenta de tu estirpe? ¿De tus capacidades diferentes? Déjate llevar, amor. Deja que tus calcetines te ayuden a andarte por el piso. ¿Dónde se habrán metido? Seguro al cesto de la basura, adonde los fui a buscar...

sábado, 19 de febrero de 2011

Máquinas sin sentimientos

Es difícil ser un humano con sentimientos; lo sabe quien se deja regir por sus leyes. Por más que uno se niegue a todo lo que involucre las razones del corazón, caemos en ese remolino que nos da vueltas sin más sentido que revolvernos el estómago y sentir mariposas u otros alebrijes de colores, muy adentro. Lo sé, en mi cursilería está la fe que me hace creer en ello. Pero hay personas que también creen tales cosas, que comparten otras manías y sueños; que pretenden darse cabida en otros, y desde luego se agradace. Nunca había hablado con alguien que guste de Los Miserables y al mismo tiempo de van Gogh; que hable de máquinas sin sentimientos y con todo y todo se les de un grado de aprecio por formar parte de su vida; que haga reclamos sin sentido para caer en la risa más airosa de una noche fría y que además se sienta con capacidades diferentes, por la jugarreta que hizo la evolución en nuestra estirpe. Siempre he sabido que no sé nada, quizá Sócrates mucho tiene que ver en lo que digo; pues de otros nos robamos las ideas y crecemos porque las incorporamos a lo que según creemos. Hacemos una verdad propia, nos mentimos a nosotros mismos y cuando vemos tan de cerca otra verdad, a otra persona que nos deslumbra y juega de manera tan cercana a creer lo que nos inventamos, surge una luz que nada tiene que ver con los fotones. Otra clase de energía, otro nivel. Las mariposas vuelven a aparecer cuando menos uno lo imagina, cuando llegamos a pensar que nos habíamos convertido en motores alimentados por diésel.

Coloquialismo. "Carburar". De carburo. Dicho de una persona o una cosa: funcionar. Mezclar el aire atmosférico con los gases o vapores de los carburantes para hacerlos combustibles o detonantes. Según la Real Academia Española, y según yo, definitivamente hay veces que no carburo.

Tal vez. Expresión donde se da espacio a un futuro incierto. El puente entre un presente y futuro próximo. Variedad condicional para poner condición de que pasará, sin ser premeditado.

sábado, 5 de febrero de 2011

Generación espontánea

Llenos estamos de recuerdos y otras trivialidades. Que la vida nos traiga momentos repetidos, es mero azar con aires de causalidad. Pero a la vez, sin duda son excusas. Nos gusta remover los recuerdos, volverlos a nombrar como si nadie más ya lo hubiera hecho; como si el tiempo no existiera ni la memoria fuera prodigio de las teorías de Darwin. Entonces le echamos la culpa a la generación espontánea, qué digo a ésta, a un Dios que todo lo ve y todo lo escucha. A él, que es el único que atiende a la súplica que le hacemos en silencio o bajo el efecto de la sal que escurre en nuestras lágrimas, al que le pedimos que borre de nuestra culpa (entiéndase memoria) a todos aquellos entes que no se cansan de morar en lo más profundo de nuestro sistema límbico, de expandirse volátiles entre las paredes de nuestra cabeza cada que un aroma nos precisa sus mañas. Entonces sí, le echamos la culpa al azar, a lo improbable, a no haber ido al confesionario el viernes primero, a faltar a misa, a la hora santa, a la novena. ¡Puras trivialidades!¡Putos recuerdos! Tenía ganas de pasar un buen rato en un lugar lleno de maneras gringas, hamburguesas y malteadas. Sin duda, un rato agradable en compañía y plática de dos personajes admirables. Y los recuerdos vinieron como maremotos, con todo y su voz regada por el ventarral de aquella tormenta. Como moscas que nacían de la nada, de un pedazo de carne en mero auge de putrefacción. Sin Dios ni sombra, sin Spallanzani echando abajo la generación espontánea. Como putas moscas trayendo consigo toda clase de mal logrados sueños. Zumbando, moviendo sus patas peludas, regando recuerdos innecesarios, volátiles como su aroma, brillantes, aquerosos tonos verdes tornasoles. Llego a la cama y apago la luz. El espectro verde ha bañado mis más remotos recuerdos. Soy un mal discípulo de Darwin, no evoluciono al hablar de nuevo con la deidad que me escucha a oscuras y en silencio. Ruego por él y por su lejanía. Ruego para que el recuerdo, no vuelva a invadir mi espacio. Lloro en silencio, y otras mil moscas aparecen por generación espontánea.

sábado, 22 de enero de 2011

El fular y tu estilo

Sí sí, Miguel, ese fular era la onda. Tan fino tú, tan chic. La seda tan ligera va con tu estilo, con el toque de hombre metrosexual que te cargas, de niño bien haciendo travesuras con el dinero de sus padres. Qué color tan rojo, más intenso que el del jitomate que tu nana te deba a comer cuando no sabías ni siquiera pronunciar mamá, no en español ni en inglés, mucho menos en francés. No cuando nada sabías de comida italiana o libanesa. Con él puesto, te conocí en ese café lleno de libros e intelectuales. Seguro ya ni me recuerdas, y qué bueno. Fumabas en las mesas de la terraza y hacías volutas de humo con el tabaco que se dejaba incendiar por un golpe suavecito que daba tu garganta. Sí, tu garganta cubierta por ese fular Hermès. Leías Las Metamorfosis de Ovidio, o eso parecía; acomodabas tus lentes redondos de hombre letrado y nada te distraía de tu lectura. Mostraste el brillo de tu ortodoncia cuando la mesera se acercó con el servicio. Un frappé, cuidando el estricto régimen de tu dieta: Sin crema batida; Sólo un sobrecito de edulcorante; Sin chispas de chocolate. ¿Cuántas calorías llevas? ¿Cuántas horas en el gimnasio a la semana?¿Cuánto tiempo de cardiovascular? Tú y tus ganas de lucir tan bien, de andarte en sacos Calvin Klein o Armani, de oler a Burberry o Lacoste, de combinar los suéteres con el color de tus camisas Yves Saint Laurent. Pero tu fular, ¡ay, tu fular tan colorado! Me miraste, Miguel, y te acercaste a mí. Lentamente se perdieron esos segundos en el abismo de mi nerviosismo. Yo, Catalina, la introvertida, la zonza, cerca de un tipo como tú. Tenías la madurez que desprendía un buqué de altura, mediterráneo como tus rasgos de muñeco. Tus manos grandes cortaban el viento cada que pronunciabas un vocablo, quién sabe qué ocupa tu boca, el ritmo de tu voz seducía con un tono tan afrancesado a los estratos sociales que nunca salían en sociales, que nunca habían ido a París dos veces al año ni habían ido de compras por la 5ta Avenida. ¡Ay, Miguel! ¡Qué bonito llamabas a la mesera con el tenedor! Qué bonito tu fular y tu sombrero de Peter Pan escarlata. ¿Dónde escondes a Campanita?¿Y Wendy?¿En qué página vas de tu libro? ¿Ya leíste cómo Nictimene cometió incesto con su padre? ¿Y cuando las hijas de Minias se rehusaron a las fiestas de Baco?¿Y cuando Ascálafo es convertido en búho por hablador? ¡Ay, Miguel! Qué decepción la mía. Mucho menos hubieras entendido los versos en que Sor Juana alude a tales seres dueños de la noche. ¡Ay, Miguelito! Parecías tan intelectual, tan culto. De nada sirve tu fular tan rojo y tu aroma a Chanel Sport, tan esnob tú, tan farolito. No sabías ni qué leías ni quién era Ovidio. ¿Tomaste el primer libro que el azar adueñó en tu mano? ¿Qué harás cuando tu padre te herede esa inmensa biblioteca? ¿Así también vas vestido a los antros? ¿Querías ligar con una intelectual a expensas de tu ignorancia? ¡Ay, Miguel! Parecías príncipe de cuento de hadas. Más culto que el príncipe Felipe; que Nicolás de Grecia; que Alberto de Mónaco, que Guillermo de Inglaterra o Federico de Dinamarca. ¡Ay, Miguelito! Tan güero tú y tan güey. Con tus aires de princesa europea. Mejor sigue sonriendo para Vanidades, antes de trastocar los clásicos. Sigue luciendo ese fular, lo único meramente rescatable de tu estilo.

domingo, 9 de enero de 2011

Dificultades

Hay veces que nada se le ocurre a uno por escribir y, evitando dar molestias innecesarias, mejor ni las pensamos. Es difícil esto de inventarse la vida con palabras, yo que creía que era tan fácil como beber café o leerse un libro. Pero, pensándolo bien, nada es fácil. Ni siquiera beber café resulta fácil cuando se tiene que lidiar con las cafeteras o con calentar el agua, mucho menos se diga cuando el bolsillo no alcanza para comprarse uno que dé placeres al gusto. ¿Leer? Quizá sea un atrevimiento decir que tampoco es fácil. No con Voltaire o Hesse, no con los del Siglo de Oro, con Sor Juana, Ovidio, Paz, Aristóteles, Mistral, Borges, Freud, Cortázar, Fuentes, Homero, Schopenhauer...

Un atrevimiento el mío éste de ir y venir entre autores y filósofos, entre andantes y eruditos, entre siglos, corrientes y quehaceres varios. Ahora comprendo que todo se me hace difícil por andar provocando desórdenes.

jueves, 6 de enero de 2011

Ya vienen los Reyes Magos

Ya recuerdo estas horas en cuenta regresiva, sumergido en la emoción, el miedo de quedarme paralizado si yo viera un elefante estacionado afuera de mi casa y la incertidumbre ocupando mi cabeza por aquello de si hice o no méritos de ser visitado por los Reyes. Al parecer siempre los hice. Llegaban a casa puntuales como las estrellas del Cinturón de Orión con quienes platicaba y pedía desde que comenzaban a verse a finales del año.

No había más dicha para entonces que ver resplandecientes los juguetes que los reyes de casa colocaban sin demora al poco rato de haber fallado en la espera de verles y caer rendido. Hacían magia desde quién sabe cuántos meses antes cargando en su tarjeta de crédito la bicicleta negra que hasta ahora luce como nueva, mis figuras de acción y tantas otras cosas que hoy las gobierna el abandono.

En México se vive de costumbres. Qué haríamos entonces sin unos reyes que aparte de vestir con capas y ser policromos, se dicen magos y los creemos como tales. A un tiempo nos querían quitar la dicha de verles en escenarios de fiesta, ahí en la Alameda Central; regresaron ahora hasta con feria. Vaya regreso el suyo, no sé si agradecer al centenario de la Revolución o al Jefe de Gobierno, pero sea a quien fuere, gracias entonces porque los Reyes Magos no se fueron.

De fiesta. En casa ya llegaron. A mi hermana le han traído una bicicleta para andarse y mi sobrino una pelota enorme de color verde limón, yo no sé qué tan bien me porté que me han traído la grabadora con la que pretendo adueñarme de las voces que merecen la pena oirles para inventarlas en papel.

Los otros Reyes. Benditos los padres de uno, que aparte de que son reyes son cuates de los que son magos.

No entendí. Fuera del contexto de feria y alboroto, no entendí por qué cobrarán el uso del segundo piso del periférico. Al que creía mi "carnal" ya no le siento creíble... a un año de las esperadas elecciones de 2012.

lunes, 3 de enero de 2011

Ellas y ellos.

Nada hay como una sonrisa, como volverles a mirar completos. Al paso por la Escuela Nacional de Medicina (Facultad ahora, en fin nomenclaturas varias, pero única y precisa por ser de la UNAM) me encontré con ellas y ellos. Ya el pronombre circunscribe el plural de varios y varias, aunque pocos sean quienes han llevado mi admiración por sus talentos. Entre las ellas hay tres mujeres de brevedades y aromas alborotados. Una de ojos claros que lleva consigo la dicha de caminar por la calle de Madero como transeúnte desmesurada, amante del jazz y, por si fuera poco, quien es capaz de sostener el cielo con su risa; otra que apresura su habla cuando charla conmigo, la impacientan las conferencias extenuantes y disfruta visitar a dos amigas suyas que se hicieron de amores hace ya un tiempo; una más que a últimas perdió una estrella pero no las constelaciones restantes, que busca brío en Iguala por ser su tierra mítica y a veces no sabe que el brío es el que lleva anudado a la sensualidad de su voz. De estas amigas me he sentido afortunado por verlas andar juntas, como si la vida fuera sólo mirarles desenvolverse entre sus pasos. Con ellas el tiempo pasa sin querer pasar a prisa, porque hasta el tiempo sabe que su estirpe es de otra dimensión.

Pero en los ellos también se esconden otros, en concreto sólo dos. Un hombre que comparte vicios y otras perversiones con mis preferencias, que guarda en su plática la tergiversada lengua que hace de oírle un código sólo descifrable para los muy cercanos a su voz y otros secretos; y uno más, inteligente y fiero como sus ideales, seguro de sí como quien sabe que no puede estar para darle fallas al mundo y quien se ha comprometido con entregar su corazón al propio estudio de semejante músculo que bombea sangre.

No cambiaría nada por mi breve paso en esta Facultad de Medicina. Ésta, que ahora la acentúo con ahínco y vehemencia por mucho que la recién instaurada ortodoxia del español me lo censure, para evitar anfibologías y otras confusiones con las otras escuelas de medicina. Mi segunda casa, donde he encontrado el universo al que pertenezco y a la gente que me ha hecho crecer, compartiéndome su mundo.