sábado, 19 de febrero de 2011

Máquinas sin sentimientos

Es difícil ser un humano con sentimientos; lo sabe quien se deja regir por sus leyes. Por más que uno se niegue a todo lo que involucre las razones del corazón, caemos en ese remolino que nos da vueltas sin más sentido que revolvernos el estómago y sentir mariposas u otros alebrijes de colores, muy adentro. Lo sé, en mi cursilería está la fe que me hace creer en ello. Pero hay personas que también creen tales cosas, que comparten otras manías y sueños; que pretenden darse cabida en otros, y desde luego se agradace. Nunca había hablado con alguien que guste de Los Miserables y al mismo tiempo de van Gogh; que hable de máquinas sin sentimientos y con todo y todo se les de un grado de aprecio por formar parte de su vida; que haga reclamos sin sentido para caer en la risa más airosa de una noche fría y que además se sienta con capacidades diferentes, por la jugarreta que hizo la evolución en nuestra estirpe. Siempre he sabido que no sé nada, quizá Sócrates mucho tiene que ver en lo que digo; pues de otros nos robamos las ideas y crecemos porque las incorporamos a lo que según creemos. Hacemos una verdad propia, nos mentimos a nosotros mismos y cuando vemos tan de cerca otra verdad, a otra persona que nos deslumbra y juega de manera tan cercana a creer lo que nos inventamos, surge una luz que nada tiene que ver con los fotones. Otra clase de energía, otro nivel. Las mariposas vuelven a aparecer cuando menos uno lo imagina, cuando llegamos a pensar que nos habíamos convertido en motores alimentados por diésel.

Coloquialismo. "Carburar". De carburo. Dicho de una persona o una cosa: funcionar. Mezclar el aire atmosférico con los gases o vapores de los carburantes para hacerlos combustibles o detonantes. Según la Real Academia Española, y según yo, definitivamente hay veces que no carburo.

Tal vez. Expresión donde se da espacio a un futuro incierto. El puente entre un presente y futuro próximo. Variedad condicional para poner condición de que pasará, sin ser premeditado.

sábado, 5 de febrero de 2011

Generación espontánea

Llenos estamos de recuerdos y otras trivialidades. Que la vida nos traiga momentos repetidos, es mero azar con aires de causalidad. Pero a la vez, sin duda son excusas. Nos gusta remover los recuerdos, volverlos a nombrar como si nadie más ya lo hubiera hecho; como si el tiempo no existiera ni la memoria fuera prodigio de las teorías de Darwin. Entonces le echamos la culpa a la generación espontánea, qué digo a ésta, a un Dios que todo lo ve y todo lo escucha. A él, que es el único que atiende a la súplica que le hacemos en silencio o bajo el efecto de la sal que escurre en nuestras lágrimas, al que le pedimos que borre de nuestra culpa (entiéndase memoria) a todos aquellos entes que no se cansan de morar en lo más profundo de nuestro sistema límbico, de expandirse volátiles entre las paredes de nuestra cabeza cada que un aroma nos precisa sus mañas. Entonces sí, le echamos la culpa al azar, a lo improbable, a no haber ido al confesionario el viernes primero, a faltar a misa, a la hora santa, a la novena. ¡Puras trivialidades!¡Putos recuerdos! Tenía ganas de pasar un buen rato en un lugar lleno de maneras gringas, hamburguesas y malteadas. Sin duda, un rato agradable en compañía y plática de dos personajes admirables. Y los recuerdos vinieron como maremotos, con todo y su voz regada por el ventarral de aquella tormenta. Como moscas que nacían de la nada, de un pedazo de carne en mero auge de putrefacción. Sin Dios ni sombra, sin Spallanzani echando abajo la generación espontánea. Como putas moscas trayendo consigo toda clase de mal logrados sueños. Zumbando, moviendo sus patas peludas, regando recuerdos innecesarios, volátiles como su aroma, brillantes, aquerosos tonos verdes tornasoles. Llego a la cama y apago la luz. El espectro verde ha bañado mis más remotos recuerdos. Soy un mal discípulo de Darwin, no evoluciono al hablar de nuevo con la deidad que me escucha a oscuras y en silencio. Ruego por él y por su lejanía. Ruego para que el recuerdo, no vuelva a invadir mi espacio. Lloro en silencio, y otras mil moscas aparecen por generación espontánea.