domingo, 28 de marzo de 2010

La primera cita

¿Qué será después de la primera? De esta primera que se extrapola a las que uno crea en la quimera de la imaginación. Al menos la primera siempre es la primera; la que se entrecorta con tantos besos y tantos momentos llenos de palabras y otros de su extrema ausencia, la que se entreteje más en el olfato y el sistema límbico, la que representa la fortuna y la suerte, la que el tarot predice, la que el horoscopo esconde, la que a todos emociona y a otros tantos les prende los instintos, la que se da sin más de dos personas que pretenden darse a querer, la que se recordará en un futuro, la que se tratará de revivir en cualquier presente y la que siempre seguirá viva en un suspiro cuando quede atrapada en el imperio amurallado del pasado.

Quíen. Para Quién, que trata de ser parte de mi vida, y le he abierto las puertas sin demora, para ese Quién que tiene los ojos más vivos y sinceros que he llegado a ver.

Detalles. He guardado el ticket del primer desayuno y las entradas del cine, por petición de Quién.

La música. Espacio sideral, J & J

sábado, 27 de marzo de 2010

Con el alma en los labios

Hay en los labios una promesa intacta desde que se nace con ellos. Son el umbral al interior del cuerpo y la salida a un mundo que no sabe de pactos. En ellos danzan las palabras y reposa todo momento en que el silencio gobierna el mundo. Los labios besan y son una delicia, un fuego que no quema pero enardece el alma, son precisos y preciosos, dotados de carne y savia elemental para la vida. Los labios son el alma misma, el verbo hecho carne, la pasión hecha agua bendita y carmín. Los labios y los besos, son en esencia el inicio de alguna pasión que se desborda e inunda el valle de la amargura o el de la felicidad, por eso uno trae el alma en los labios.

lunes, 22 de marzo de 2010

Y tú qué crees

Fer Gallegos la vio cruzar la plaza del pueblo, como si nada ni nadie pudiera alcanzar sus pasos; hasta que él, tenaz aventurero, la alcanzó. —Oye, mujer, ¿tú quién te crees? — dijo Fernando, con la voz gruesa que los genes de los Gallegos le habían hecho expresar desde su adolescencia. — Pues me creo yo, Carolina Almanza. ¿Quién más he de creerme?¬— respondió con el filo de su voz, a la defensa de su nombre y su apellido.

Desde ese día en que se creyeron y descreyeron, siguieron muchos otros en los que pudieron conocerse más y saberse más de ellos mismos. Primero salían a caminar, después a tomar helados, a besarse en público, a bien quererse y así, hasta juntar los votos de las pláticas matrimoniales. Se hicieron de dos hijos, una casa y una vida. Cada uno creyendo en los retos que se imponían y en el hecho de llamarse como siempre se han sabido llamados.

Hoy en día, a sus cuarenta y con la pasión entre las brasas de la madurez, después de hacer el amor surge en ellos una pregunta como mera curiosidad de su orgullo, Fernando siempre es quien la evoca:

—Mujer, ¿crees que fallamos?

— Creo que no— responde Carolina, con la seguridad de sus labios —En todo caso creo que el que sí fallo fue el preservativo, y de ahí que Pablo tenga hoy sus veintidós años precisos, pero no sólo eso, además de todo, creo que te amo como no he llegado a amar a ningún otro, pero eso no se llama falla sino debilidad; lo creo yo que soy la que más cree en lo que creo. ¿… o tú qué crees?

— Sin duda, cielo; falló el mundo, menos nosotros.

jueves, 18 de marzo de 2010

Lagarto y lagartija.

Mariana jugó con él desde que tenían cinco años y ganas de perseguir lagartijas entre los ladrillos y matorrales que había de sobra en casa de su abuelo. Ricardo se llamaba aquel vecino del cual olvidó su rostro y su existencia, desde que se mudó a otra patria. Veinte años después, apareció un hombre fornido, de ojos negros y tibia presencia, a visitar al abuelo veinte años más viejo. Vino de hacer no sé cuántos estudios acerca de reptiles y artimañas de esa estirpe evolutiva, en Cambridge. Cuando volvió a verlo y a escuchar su nombre, Mariana, recordó aquella infancia posesionada de resorteras y piedrecillas. — ¿Tú, Ricardo corazón de Lagarto? — preguntó absorta.

— Yo mismo, Lagartija veloz— respondió aquel reptil humanoide.

— ¿Qué te trae por acá? — dijo Mariana, curiosa y vehemente.

— Busco lagartijas. ¿Y tú a qué te dedicas?

— A buscar lagartos, y mira que me he topado con uno muy interesante.

Desde ese entonces, Mariana y Ricardo han vuelto a las andadas, sobre todo desde aquel día en que el juez los declaró: Lagarto y Lagartija…puede usted, lengüetear a la novia. Amén.

martes, 16 de marzo de 2010

De cuento en cuento

¿Cuánto lo quise? No lo sé. Para qué cuantificar algo impalpable y sin aroma alguno. Lo gocé y hasta ahí. Si me dijeran que podría borrarlo de mi vida, no dejaría que me arrebataran tal trofeo de mi memoria. ¿Te imaginas negar el sabor de sus besos? ¡Jamás! Eso sí que nunca. Sería inconcebible perder en la nada su peso suspendido sobre mí, sus ojos atenazados a los míos y el intrépido temblor de su entrepierna cuando mi lengua acariciaba sus muslos. ¿Cuántas veces no giramos sobrios sobre el pasto y ebrios rodamos hasta la cama? ¿Cuántos preservativos no nos cansábamos de usar por las noches de sábado y preservábamos el cansancio los domingos hasta el medio día? Él odiaba el jugo de zanahoria y la comida china, le chiflaban los chilaquiles verdes y las cosquillas debajo del ombligo. Lo amé tanto que escapé de casa una noche en que decidí unir mis diecinueve años vírgenes a sus veinticinco indiscutiblemente conocedores. Se inventaba cualquier cuento para hacerme el vivo protagonista de las fantasías que brincaban de su cabeza a su cama; después prendíamos un cigarro y veíamos cómo se escabullía lo que nos quedaba del fuego, en la reticencia de nuestros cuerpos desnudos, esperando inventarnos otro final que diera inicio a otra fantasía. ¿…que si volvería con él? Tampoco lo sé. Hay un puente firme entre el engaño y las pocas ganas de seguir con quien se engaña; seguramente se buscó un protagonista más completo, ahora que si buscara un antagonista dispuesto a reinventarse, me apuntaría al casting que semejante cuentista convocara, y con ello me haría a la idea de dirigir mi venganza al objetivo de olvidar juntos, el clímax que nos llevó a tal deslinde.


Vicios. Una vez más lo negó y volvió a aceptar su desconsuelo. Creo que el MSN no ayuda mucho para esto de olvidar los amores del pasado. Regresan y regresan como un zumbido electrónico que se encierra en nuestro oídos y en el alma. Amigo Em, te comprendo.


Desafíos. Hay en el ser humano un afán por redescubrir lo que nunca se ha descubierto y descubrir lo mil veces conocido, que no sé en qué línea hallarme siempre que el viento no se pone de acuerdo en la dirección de viajar. ¿Y cuándo el viento elige su destino? Creo que el destino elige la dirección del viento.


La música. Always on my mind, con Michael Bublé.


El libro. Retomando a Lewis Carroll y su Alicia en el País de las Maravillas.


El baile. Obviamente el Futterwacken. ¡Sombrerero loco loco!

martes, 9 de marzo de 2010

Ando volando bajo

"Ando volando bajo", dice la canción. Me pregunto y se preguntarán por qué en las relaciones humanas nos encontramos, muy a menudo, con alguien que nos mira desde muy alto, como si no llegáramos a alcanzar sus desaciertos, como si esa persona que equívocamente elegimos fuera un cohete que se expande entre los componentes del viento y nos hechizara, desde su altura, con sus mil colores desatados al estallar. Eso nos pasa a quienes nos entregamos sin pensar mucho en nosotros mismos, y vernos después en el abandono. "Y tú tan alto tan alto, mirando mis desconsuelos/ sabiendo que soy un hombre, que está muy lejos del cielo"

Uno se clava, se pierde, se deja ir, simplemente uno se deja, ni porque hay en demasía otros tantos placeres. Nos perdemos en ese falso pedazo de cielo que se nos revuelve en el arenal que pisamos, donde nos revolcamos cuando el amor se convierte en una necedad enfermiza y obstinada. ¿Será entonces que el amor es un paso a la locura? Quién sabe. "Tú y las nubes me vuelven loco/ tú y las nubes me van a matar"

"Tú pa' abajo no sabes mirar" ¡Qué atinado Jiménez en sus versos cantados! ¿Cuándo estos especímenes se preocuparon por uno? Nunca. Al menos refiriéndome a aquellos amores que hacían su nido entre las nubes, más allá del monte Olimpo, más allá de sentirse deidades y nosotros sus fanáticos, sus seguidores. He creído que el amor es una constante que se persigue en la vida, y no pienso perderla, aunque reconozco que hay obstáculos que nos roban el ánimo.

¿Cuántos amores uno pierde en la vida? ¿Cuántos deseos se dejan inconclusos? En el vértigo que provoca el desconsuelo, existe un temblor frío que nos recorre la espalda hasta expandirse en las sienes y ver por terminado un amor, aquella fugacidad eterna que envuelven las palabras: "terminamos", "esto no funciona", "no eres lo que pensé", "nunca te quise", "vete a la chingada". ¿Cuántas veces no lloramos un amor? ¿Cuántas no rogamos por volverlos a ver de vuelta? En esta dinámica imprecisa de los seres humanos no hay manuales ni guías qué seguir, no hay un diagrama de flujo ni esquemas que faciliten su práctica. No hay nada más que la entereza que alguna divinidad nos ha regalado. Podremos llorarles, pero no gastar nuestras reservas de agua y sal, podremos maldecirles, pero no ensangrentar nuestros labios; podremos ignorarlos, pero no dejarlos caer en el abismo del olvido; podremos quizá bendecirlos, pero nunca en la vida adorarlos. Hay límites, y existe el afán de hacer normal lo muy común. No es común morir de amor, quizá sí de debilidad e inconsistencia emocional, pero son entonces un epifenómeno. No es común que cada uno de nuestros amores tenga un altar y un templo, mucho menos que lleguen a habitar las cavernas del olvido. Seguirán vivos en nuestro recuerdo, al cruzar la memoria del olfato, al ver las nubes, al ver salir el sol, quizá en la cama, en el aroma de la almohada, en el profundo mundo de los sueños, en el iceberg oculto del subconsciente, en la leche y el café. Persistirán una eternidad esos amores, pero mientras, ¿mientras qué? Mientras, seguirá existiendo la Medicina, la Ingeniería, la Literatura, y otras tantas pasiones como el cine y los amigos, mientras el mundo seguirá girando, mientras la vida deberá de continuar, y con ello, y todas las guerras de nuestras audacias, seguiremos volando tan alto o tan bajo, como el destino y nuestros deseos nos hagan padecer.


Dedicatorias. Para Sergio y Thalia, que de alguna forma saben de lo que hablo. Para Luis Miguel Bernal, que también anda volando bajo.


Recordatorio. Tengo que estudiar Salud Pública, son las 8:00 y me falta más allá de los conceptos de sus mil barbaridades que quieren conceptualizar.


La música. Tú y las nubes.