sábado, 31 de octubre de 2009

Víspera de día de muertos

"A lo mejor morir es separarse de todo con facilidad, dejarse ir, dormir, flotar, fluir, abandonarse, a un curso desconocido hacia un destino también desconocido" Elena Poniatowska

En la víspera de este día de muertos, llega la solemnidad con la que siempre he recordado el brillo de tus ojos distantes. Nada hasta ahora ha podido arrancarme esa forma sublime de ver la irrealidad de un mundo a través de su transparencia, de su magia. Quisiera que algún vivo o siquiera un muerto pudiera irrumpir la tranquilidad con la que veía pasar cada segundo de mi vida, y que hasta ahora sigue intranquila como aquella paz mutada que se vive en el seno de la guerra. ¡Ya basta!, me he dicho tantas noches sumergidas en sábanas húmedas y llenas de la sal que en mis ojos irrita su esférica conformación.

Siempre me han gustado los días en que México se envuelve en el aroma suave del copal y la flor de cempasúchil, en el misticismo que engloba su prehispánica adoración por lo que vive en una eternidad desconocida y la forma sin remedio con la cual el catolicismo mexicano tuvo que acoger dicha costumbre infranqueable. La muerte que el mundo ve con asombro, simplemente la recibimos con la humildad que merece. Ofrendamos lo mejor y lo que más gustaba al difunto que se honra en cada altar de las familias mexicanas. Y en dicha forma hacemos de una pena irremediable una fiesta luminosa, solemne y llena de misticismo.

Soy un vivo que se ha venido cansando de morir cada minuto en que paseas por mi memoria y en efecto te has convertido en una enfermedad que si no sé controlar terminaré en un manicomio hasta morir revolcado en mis propios orines. Ese primer año de haberte conocido, de haberte tenido tan cerca de mis manos, no pasamos juntos este año nuevo de la cultura celta. Fui solo a visitar las ofrendas tradicionales de Ciudad universitaria, sin ti porque dijiste que ese día celebras el cumpleaños de tu mamá, y yo por no agobiarte con insistencias estúpidas simplemente no volví a invitarte. Fue un mal punto. No creí que te hubieras molestado tanto por el hecho de no insistir. Al día siguiente, mis amigos a los que ya también conocías vendrían a mi casa a ver películas de terror, te invité porque quería que entraras más a fondo a lo mío, a que conocieras de dónde vengo y quizás fuera la precisa forma para entrar a las puertas de mi alma desnuda. No viniste. Te hablé y me colgaste el teléfono como a un idiota, por haberte dicho “eres un pesado”, se esfumó en los agujeros de la bocina tu voz con la que muchas noches he soñado en mi oído. Fue nuestro primer pleito como amigos, y de ahí muchos otros fueron llegando a cada rato. El año pasado, ni se diga, anduvimos por ahí y no nos vimos más en todo el recorrido de los altares, para ese entonces había un abismo pronunciado entre tu presencia y la adoración errante que se volvió fanatismo. Al tiempo, ya no eras tú la persona que había conocido antes.

Estas ofrendas no fueron la excepción. No te vi por ningún lado, y me volví a sentir más solo de lo que sé que estoy. Volvió a rondar por mi cabeza el aroma de tu cuello y la sagacidad con la que iluminabas al mundo y que, después de una fracción de segundo, simplemente era inverosímil. Llegaste en un tiempo escaso para ordenar mi vida, y poco a poco la volviste a desordenar hasta ahora que no veo ni forma de ordenarla. Y ya no puedo más. Los que leen estas entradas de desamor aburridas y llenas de tedio, lo saben. Esta es la estúpida forma en la que vivo desde hace dos años sin tregua. Me doy pena y sé que he venido dando pena.

Ojalá que algún día pueda olvidar tu mirada y tu paso inseguro, la forma en que deshacías el universo cada vez que te enojabas conmigo, la luz con la que iluminabas los días cada mañana en que te veía llegar en compañía de la rubicundez de tus mejillas. Al menos sólo quiero que pase este día de muertos, para que entonces tenga fuerzas para soportar las posadas, tu cumpleaños y las navidades vacías, que por supuesto he vivido en la ausencia de tus ojos. Al menos, quiero terminar con esta muerte en la que vivo poniendo una ofrenda en honor al olvido que espero como el misterio mesiánico que muchos otros esperan.

domingo, 25 de octubre de 2009

Tesoros de barata

Ya hace un tiempo me encontré con un montón de libros necesitados de un dueño, decía con estrepitosas letras grandes en carteles fluorescentes "Barata de libros" y entre tanto y a tan poco precio (diez pesos), había mucho por nada. Me acerqué y tomé entre las manos un libro singular, esbelto y con una portada corrugada color blanca con el centro azul cielo. "Piel de mar" decía, dice y sigue leyéndose con una sobriedad que pareciera esconder poco dentro de sus páginas. Marco Antonio Regalado es el hombre que escribió este libro con palabras que seguro algún dios le dijo al oído. Y sigo admirando el cómo es que un hombre puede inspirarse de esa forma, con elementos tan imprescindibles como el mar, el atardecer, la piel, el viento y la memoria.
Este hombre regala en sus letras, con todo y su apellido, la gracia de lo elemental y la forma precisa de conceptualizar en la paz de sus versos lo que toda la vida al hombre le atañe el desasosiego de su corazón: el amor, el olvido, la lejanía de quien se quiere, la mujer.
Marco Antonio Regalado nació en Morelia, Michoacán; en 1962. Estudió leyes y resultó que la palabra escrita en verso de la forma tan sutil como se recrea en cada uno de sus poemas, es mera forma natural de él, un escritor innato.
Addendum. Dejo aquí las palabras con las que Neftalí Coria, describe lo que esconden las paginas de "Piel de mar" de forma que nadie pudo haber descrito mejor...

Como si el cielo fuese nombrado por la memoria del mar y las palabras-a modo de cuña- fueran puestas entre la piel de estos dos azules animales para que sangren de una sola verdad, es la extraña tarea de las manos del poeta.


Hace viento y mar en ciertos poemas de Marco Antonio Regalado. Frío hace, soledad y espina al pecho. Pasión por el mar y el deseado cuerpo de mujer que trasiega la memoria como invención del agua, como aguda nostalgia por su omnipresente figura a mitad del recuerdo o en el mar mismo del poema. Un sereno dolor hay en el suave aliento de los poemas de este primer volumen de Marco Antonio, como si el canto naciera de la tibia espesura del sueño.


Se escribe por amor a los recuerdos, por evocaciones dolorosas que a la página llegan de golpe y sin aviso. Y si a esto aumentamos el eco de la música hallada en las voces de otros poetas que de minuciosas lecturas vienen - como en el caso las de Villaurrutia, Neruda y Becerra-, el resultado tendrá una consistente armadura. Así la poesía de Regalado, vive sobre todos estos pilares.


Neblinosos cantos, calvicémbalos de humo, candados que se rompen en la tersa melodía de los versos y su profunda aventura por la página, es lo que se oye en esas playas rotas de la tristeza y bajo ese cielo de los muelles donde Marco Antonio Regalado fue a buscar su extraviada sombra y la prueba de que por siempre serán los cuerpos, antiguos navegantes.

Poesía.
He vuelto a la tarde
tu recuerdo es un rito de la memoria

El mar se hunde en tus ojos
La lluvia cierra tus labios
Los sueños cuelgan del tiempo

Te buscaría:
en la profundidad de páginas en blanco
en el olor de la ciudad vencida por la lluvia
en el crepúsculo que hace niña a la luna
en la máscara que disfraza las palabras
en la luz de mi lámpara y madrugada
en el quejido de tus labios cuando los pájaros emigran

Las palabras son mis ruinas
El sueño de tus labios

Tu sonrisa salta del alba
dibuja la mañana

El día comienza a disiparse
Marco Antonio Regalado
El libro. Regalado, Marco Antonio. Piel de mar. Joan Boldó i Clement, Editores; México, 1993. Instituto Michoacano de Cultura.
La música. Página blanca, con la voz de Carlos Cuevas.

jueves, 22 de octubre de 2009

Solamente uno

Hace tiempo escribí este poema breve que en las líneas de abajo pondré. ¿Cómo describir el acto de amar? ¿Es la simple unión de dos cuerpos? ¿Amarse a la luz del mil caricias y breves miradas luminosas? ¿Qué es el acto de amar? Tantas preguntas que tienen pocas respuestas, nunca podremos ser precisos en esto de conceptualizar el amor.
Solamente uno

Entre un mundo sin condiciones,
los dos tocamos nuestros cuerpos,
llegamos al éxtasis, a la fusión del alma;
en donde el tiempo pierde su naturaleza,
donde el presente se hace eternidad
y donde la eternidad naturalmente es destiempo.

Sólo tú y yo, solamente; fusionados…
entre mi alma y tu esencia enigmática,
con tus labios como alimento
y tu saliva como savia excepcional.

Somos un mundo juntos, juntos somos todo:
una estrella nova de refulgente brillo,
dos pájaros en cortejo, un silbido,
calma y tempestad,
agua acariciada por el viento,
dos rayos de sol en encuentro,
la armonía entre cada nota musical;
existimos entre el silencio de cada pensamiento,
somos los cuatro elementos,
somos un sueño real y la certeza de lo incierto,
sesenta segundos en la perpetuidad de un minuto,
siete días en la fugacidad de mil años.

Somos tentación de cuerpos encontrados,
somos tú y yo, somos uno…somos éxtasis,
somos materia y caducidad,
somos fuego incandescente,
un suspiro y alivio persistente,
somos caricias,
somos dos y uno al mismo tiempo…

Eres tú en mí y yo en tu profundidad,
un parpadeo de ojos, un te amo, un sollozo:
somos dos y al fin y al cabo…solamente uno.


Sobrevivencia. Nadie como una amiga que llevo anclada en el pecho cabe más y mejor como ejemplo de semejante sustantivo, que bien puede ser un verbo que por más regular que la gramática lo considere, vivirlo es un accidente todo de principio a fin. Perdió un amor y estoy seguro que llegarán mil más, como cuando se busca una estrella entre tantas, que al perdérsenos se encuentran otras con más brillo. Lo encontró, se encontraron y finalizó en plena calma todo -digo yo- Faltó, a Dios gracias, todo aquél revuelo de alegatos y culpas con sus disculpas. Nada hubo de eso. Ambos la gozaron y seguro lo recordarán con gusto en unos años. Sólo vi una vez al hombre perdido de mi amiga y con eso me basta para afirmar que fue feliz como la hizo a ella, por breves instantes inmortales que quedarán anclados a su memoria.


Siglo de oro. Vuelvo a poner los versos de Calderón de la Barca. La vida es sueño causó revuelo en mí en el primer año de preparatoria. Agradezco a la profesora Amada María Rosas su afán por procurar en la clase las mejores letras de la Lengua Española...
"Con cada vez que te veo/ nueva admiración me das/ y cuando te miro más/ aún más mirarte deseo"


La música. Nocturno Opus 15 No. 3 en sol menor. Chopin.


El video. Tocados por la divinidad de Apolo, según la mitología griega, o de Ozomatli, según las creencias de los mexicas, esta pareja brinda la certeza al verles bailar, como sólo las constelaciones danzan, de que en este mundo hay quienes viven y se desviven por lo suyo. Fred Astaire y Rita Hayworth, bailando "So near and yet so far" En:

domingo, 18 de octubre de 2009

Existimos al sabernos inventados


Soy dueño de una tarde silenciosa y un panorama inmerso en la luminosidad de un cielo caprichoso. Siempre supe que este mundo era más incomprensible que cualquier fórmula matemática resuelta en un cuaderno, y he ahí el objetivo de tal artimaña: hacer del mundo formas y elementos que podamos comprender.
Despertar a la luz de un nuevo día, causa un efecto en mí que se conjuga en los enredados brazos del regocijo y la incertidumbre, juntos hacen de mí un simple hombre que se cautiva por los fugaces rayos entrometidos por la ventana y la audacia indolente de no saber si llegará la tarde, es entonces que al abrir los ojos agradezco el aire nuevo que saluda a mi pecho y tiemblo enseguida por no saber descifrar sobre la cama si llegará una tarde luminosa.
Nadie sabe a ciencia cierta si el sueño es la forma en que el alma se libera del cuerpo que la apresa. Dice Juana Inés, mujer de talentos portentosos, que en efecto el alma es libre al cerrar rendidos nuestros ojos, que el afán de comprender el mundo dentro de una nueva perspectiva, causa recelo y pronto se intimida ante tanto incomprensible mundo. Y lo dije, tiemblo cuando sé que cosas de este mundo ya no entiendo, y es entonces que tengo por consuelo, el afanado rumbo que toma mi destino. Inescrutable para muchos, indefinido para todos, benevolente para pocos y desdichado para algunos, todo curso que éste sigue no es más que la unión de todas la cosas que uno mismo se consigue: la sincronía de los sonidos en el tiempo, la sinfonía del tiempo en determinado sonido. Un enredado vericueto, de interminables elementos y mal conformadas sintonías.
Dicen otros que saben leer los mensajes que manda el universo, leyendo en singulares pedazos de éste mismo, formas no formes y varios ruidos en silencio. La posición del tres de copas al inverso o las líneas serpenteadas de la mano, las figuras desiguales del humo de un cigarro o los ruidos que los caracoles esconden por milenios. Ellos lo saben o al menos lo entienden, dicen ser seres dotados por un Ser, que ciertas costumbres ensalzan y otras simplemente lo ignoran. No obstante, según Dante, el castigo a éstos los aflige, en el círculo séptimo del infierno, en donde caminan viendo sus espaldas, castigo atroz como mortal espada, por haberse atrevido dicha gente, a vislumbrar las aras del destino, y desconozco si estos hombres adornen bien sus desatinos o simplemente desatinado sea nuestro futuro.
Quiero volar cada que el viento estrecha sus brazos a mi escuálido ornamento, desaparecer, sentirme uno en la nada y nada en lo que sigo siendo; valerme de la esencia de un pensamiento, dividirme en las partículas que me conforman y consonar sonidos atiborrados, como la sílabas forman palabras y éstas enunciados; hacer figuras ardientes con la bravura presencia del fuego, constelar la oscuridad del cielo con celestes cuerpos e hinchar el agua de ondulados movimientos, como los peces que dominan sus adentros. Ser tiempo y verme transcurrir al inicio y final de esta quimera, ser dueño de mil mitos y otras mil leyendas, entre tanto pasan mis años, lustros o decenios, todos éstos, fragmentos inventados por la poco loable razón de entendimiento que tengo por humano. Descubrir de dónde surge el artificio de mil colores que parte al cielo después de una lluvia tenue, y ver danzar ballet a las miles de gotas que acarician el suelo ante esta lluvia, no es más ni menos que la simple genialidad que se recrea en mis ojos, ante muchos otros antojos que se discurren en ellos. Prenderme de la calidez de un beso, enamorarme del sonido de la voz que tiene alguien, a quién mis cinco sentidos componentes, con dulce nombre han bautizado. Ágil debe ser aquel momento en que sus ojos crucen con los míos, sólo así estoy seguro que consiento el desvarío que a todos alguna vez ha convencido y todos nominamos: enamoramiento, que no es lo mismo que amar, sino en concierto, un sinfín de notas musicales, todas ellas de elegante porte, anudadas al sonar del instrumento y cubriendo todas las inconformidades del defecto, que al paso largo o breve de los días, el mismo tiempo nos devela si aquél que tanto nos desvela es otro más de muchos tantos o realmente el amor se nos revela.

Así hay cosas que uno, por más entendido que sea, no puede interpretar tan bien como quisiera; y se pregunta: ¿cómo es que un sol se opone a la oscuridad de la noche y sin embargo la luna lo refleja? ¿cómo es que el viento acaricia sutilmente a las flores y con tal sutileza comprende su acción fértil y de suaves maneras? ¿cómo es que tantas estrellas inundan la extensión del firmamento, infinito todo y siempre finito a nuestro mortal espectro? ¿cómo es entonces que queremos dominar la capacidad del mundo sin ser capaces de vislumbrar el universo que reposa en las cavernas de nuestra cabeza? No hay respuestas precisas, simplemente respuestas que tratan de explicar concretamente lo incomprensible, inventamos números y letras, medimos y comparamos medidas, resumimos lo extenso y extendemos lo que poco se concibe como idea, nos inventamos para creer que existimos y es entonces que existimos al sabernos inventados.
Agradezco. A Sor Juana Inés de la Cruz, por compartir sus sueños y delirios en semejante obra que compone Primero sueño.
La música. Perhaps, perhaps, perhaps....con Cake.

viernes, 9 de octubre de 2009

Después de mi larga ausencia

Vuelvo a encontrarme, después de mi larga ausencia, frente a la computadora que se ha vuelto mi cómplice en esto de descifrar los silencios de mi imaginación. Y miren que es silente cuando el tiempo la apremia. Esta semana ha sido ardua y llena de inagotables quehaceres y deberes. Mi tiempo simplemente lo fui dando a los Hombres Grises, dejé este espacio por ahorrarme unos minutos de mi vida y ahora los intereses del Banco de Tiempo han pasado a convertirse en horas, puedo decir que no volveré a confiar en semejante institución, pero seguramente esta sociedad moderna volverá a arrastrarme en dicha corriente… ¡Momo, ven a salvarme!

En realidad, quiero ahora compartir las cosas que vine encontrando dentro de los propios pasos de esta semana febril y desatada. Y vaya que ha sido de una fiebre intensa con este calor que ha visitado esta Ciudad en que vivo y no se cansa de subsistir en la inmensidad de sus desatinos y las ideas delirantes de mis amigos que también no comprenden sus desenfrenos. No sé a cuál de todas las deidades he de agradecer por haber permitido que estas personas marcadas en mi destino, hayan aparecido sin más remedio que el de conformar mi presente, y quizá por ellos hago mucho de lo que aquí puedo ir dejando, como simple testimonio del afán que tengo por contar lo que vivo.

Pasé también por un breve lapso de tiempo enardecido, bajo un enamoramiento inaudito y brevísimo, no creo que deje marca alguna en el tejido indeleble de mi corazón, pero al menos sé que dicha entidad sigue viva dentro de mi pecho. Esta falsa presencia de un palpitar acelerado y una ignominia marcada ante “mis buenas costumbres”, tuvo la tarea de hacerme caer a cuenta de quién soy, cómo soy y qué quisiera ser si me propusieran ser algo más del yo que sigo siendo: mar.

El cielo se pintó de todos los colores también y tan bien, que sigo llevando en la memoria cada uno de los fotones que traspasaron las esferas cristalinas que vislumbran su presencia. Se vistió de azul grisáceo, de naranja, de azul claro, de violeta, de verde limón, de amarinado celeste y de una capa brillante que se cubre de dulces sabor de anís. Platiqué con la Luna mis secretos más íntimos y juntos hicimos unos amores que dejaron sobre mi piel su polvo color de plata.

Compartí con Tha la transfiguración que tuvo su rostro apagado al reordenamiento invaluable de su sonrisa, cuando vio compuestas las maneras en el hombre que dos meses atrás era tan sólo un ser que no había enredado su paso con el suyo. Volvimos al tema del amor y los amores perdidos, Chatri y yo; una mujer que se sumergió en una pila de agua bendita de pies a cabeza, amante de la naturaleza, valiente en su forma de encontrarse y en dicha odisea perderse en la razón por la que el ser humano viene a rodar por el mundo: amar y sentirse amado. Diana sigue que vuela y no tiene rumbo, por el hombre de nombre etrusco y profundas ojeras en las que no ve sino la tenue luminiscencia de una mirada que calcina hasta sus huesos; EmManu volvió a encontrar el resquicio que creyó perdido, en el ser que ha venido robándole horas de su atenta concentración de hombre fiel y enamoradizo. Sabe él mismo que dicho encuentro puede perderlo, y en tal agonía encontrar un motivo que lo haga mortal y no deidad como lo viene idealizando. Riky no cabe en la paz de su desorden y vuelve a entrar en la firme decisión de ser como es, porque nada lo hace cambiar y simplemente no sería él si no viviera en la tranquilidad con la que viene cursando su periodo clínico aún cosquilleando en su frente la idea de ser investigador, y es verdad que no será nada más que ello: un buen investigador. Sergio trae en la cabeza el rollo más alocado que jamás yo haya visto en un hombre tan cabal como él, con semejante memoria de elefante que se carga y una inteligencia que escudriña ya sea textos de Nietzsche hasta el mismísimo libro de Patología que guarda los secretos de dicha materia. Cumple lo que promete y he aquí mi promesa cumplida (Pero comentas Checo, ¡eh!) Y por supuesto, David Rosas y su dilema existencial entre el ser o no fresa de la mermelada nice, que sólo la “gente bien” carga en sus genes…mm ¡vah! ¡Qué mala fue esa frase! ¡David! Aquí te mando la definición que más se parece a la realidad incierta (que quede claro eh: incierta) de tu dilema existencial, que tipo de “Niño bien” eres, según Guadalupe Loaeza…

Niños bien rojillos: Por lo general viven en Coyoacán. Están muy de acuerdo con la nacionalización de la banca porque no les afectaba. Son amigos de investigadores del Colegio de México y de la Facultad de Filosofía y Letras. Los fines de semana van a Tepoztlán y escuchan en regios aparatos estereofónicos música clásica y jazz. Hablan mucho de política, están bien informados. Son amigos de todos nuestros actuales embajadores. Gustan de tomar muy buenos vinos, con muy buenos quesos. Por las noches, les gusta ir a Los Geranios en pantalón de mezclilla y suéter de cashmire. Para todo dicen: “mira maestro…” Van con el sicoanalista desde hace muchos años, para romper con estructuras convencionales…

Tomado de: Loeaza, Guadalupe. Los niños-bien en: "Las niñas bien" 6ª Edición. México, Océano. Pág. 16

Todo hubiera sido perfecto si estos “niños bien” dijeran: “legal”, “aja la baraja” o se excusaran con el hecho de traer brackets y hablar así: “bien fresa”

¡No es cierto David! Sabes que no eres fresa…

Así, esta semana terminó en santa paz con una tarde de viernes presta para reordenar mi vida en este desbarajuste de letras, espero guste.

Felicito. A Marianita, la niña más hermosa que tanto quiero y extraño. ¡Felicidades amiga! Y qué bueno que no cuenta tus lunares ¡eh! Y por otro lado, ¡Pobrecito! ¿Para todo le echas la culpa?

Reafirmo. No cabe duda que mi amigo Eduardo nació para ser anatomista. ¡Dios! Y luego tiene un afán incontrolable por el Sistema Nervioso, ¡No! ya sabes muchacho…lo de ahora es la Neumología; el IMSS sólo cuenta con Neumólogos en el Hospital General de la Raza. ¡ja!

Así soy yo. Ya sé que soy tímido y a veces peco de tanto decir estupideces, que no tengo un rostro que brinde armonía, que soy muy alto y caigo muy seguido en desvaríos sin remedio. Que estoy comiendo a todas horas, que pretendo a diario encontrar un amor y al mismo tiempo me escondo, que dentro de ese juego de las escondidas no sé esconder lo que realmente siento cuando una persona me roba el aliento, que prefiero el cobijo cálido de la luna a los rayos distantes del sol, que me gusta el helado de fresa, que soy distraído y me pierdo a ratos en un viaje astral de millas inacabables, que me gusta el color morado, que nado en un sinfín de promesas distantes y en tal distancia prometo no caer en círculos viciosos, pero caigo… que me enamoro más con las novelas, que me reafirmo con la poesía y que si me dieran a elegir algo en qué convertirme elegiría ser mar… porque pareciera ser infinito y sin embargo está bien limitado, porque esconde misterio y se compone de lo necesario para vivir: la sal y el agua, la vida y el aliento, porque si se enoja destruye y si está satisfecho sólo practica la danza, y porque aún con su inmensidad se resume en tres letras.

La música.
“El corrido de Tacha la Teibolera”, obviamente de Lila Downs