Llenos estamos de recuerdos y otras trivialidades. Que la vida nos traiga momentos repetidos, es mero azar con aires de causalidad. Pero a la vez, sin duda son excusas. Nos gusta remover los recuerdos, volverlos a nombrar como si nadie más ya lo hubiera hecho; como si el tiempo no existiera ni la memoria fuera prodigio de las teorías de Darwin. Entonces le echamos la culpa a la generación espontánea, qué digo a ésta, a un Dios que todo lo ve y todo lo escucha. A él, que es el único que atiende a la súplica que le hacemos en silencio o bajo el efecto de la sal que escurre en nuestras lágrimas, al que le pedimos que borre de nuestra culpa (entiéndase memoria) a todos aquellos entes que no se cansan de morar en lo más profundo de nuestro sistema límbico, de expandirse volátiles entre las paredes de nuestra cabeza cada que un aroma nos precisa sus mañas. Entonces sí, le echamos la culpa al azar, a lo improbable, a no haber ido al confesionario el viernes primero, a faltar a misa, a la hora santa, a la novena. ¡Puras trivialidades!¡Putos recuerdos! Tenía ganas de pasar un buen rato en un lugar lleno de maneras gringas, hamburguesas y malteadas. Sin duda, un rato agradable en compañía y plática de dos personajes admirables. Y los recuerdos vinieron como maremotos, con todo y su voz regada por el ventarral de aquella tormenta. Como moscas que nacían de la nada, de un pedazo de carne en mero auge de putrefacción. Sin Dios ni sombra, sin Spallanzani echando abajo la generación espontánea. Como putas moscas trayendo consigo toda clase de mal logrados sueños. Zumbando, moviendo sus patas peludas, regando recuerdos innecesarios, volátiles como su aroma, brillantes, aquerosos tonos verdes tornasoles. Llego a la cama y apago la luz. El espectro verde ha bañado mis más remotos recuerdos. Soy un mal discípulo de Darwin, no evoluciono al hablar de nuevo con la deidad que me escucha a oscuras y en silencio. Ruego por él y por su lejanía. Ruego para que el recuerdo, no vuelva a invadir mi espacio. Lloro en silencio, y otras mil moscas aparecen por generación espontánea.
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