lunes, 3 de enero de 2011

Ellas y ellos.

Nada hay como una sonrisa, como volverles a mirar completos. Al paso por la Escuela Nacional de Medicina (Facultad ahora, en fin nomenclaturas varias, pero única y precisa por ser de la UNAM) me encontré con ellas y ellos. Ya el pronombre circunscribe el plural de varios y varias, aunque pocos sean quienes han llevado mi admiración por sus talentos. Entre las ellas hay tres mujeres de brevedades y aromas alborotados. Una de ojos claros que lleva consigo la dicha de caminar por la calle de Madero como transeúnte desmesurada, amante del jazz y, por si fuera poco, quien es capaz de sostener el cielo con su risa; otra que apresura su habla cuando charla conmigo, la impacientan las conferencias extenuantes y disfruta visitar a dos amigas suyas que se hicieron de amores hace ya un tiempo; una más que a últimas perdió una estrella pero no las constelaciones restantes, que busca brío en Iguala por ser su tierra mítica y a veces no sabe que el brío es el que lleva anudado a la sensualidad de su voz. De estas amigas me he sentido afortunado por verlas andar juntas, como si la vida fuera sólo mirarles desenvolverse entre sus pasos. Con ellas el tiempo pasa sin querer pasar a prisa, porque hasta el tiempo sabe que su estirpe es de otra dimensión.

Pero en los ellos también se esconden otros, en concreto sólo dos. Un hombre que comparte vicios y otras perversiones con mis preferencias, que guarda en su plática la tergiversada lengua que hace de oírle un código sólo descifrable para los muy cercanos a su voz y otros secretos; y uno más, inteligente y fiero como sus ideales, seguro de sí como quien sabe que no puede estar para darle fallas al mundo y quien se ha comprometido con entregar su corazón al propio estudio de semejante músculo que bombea sangre.

No cambiaría nada por mi breve paso en esta Facultad de Medicina. Ésta, que ahora la acentúo con ahínco y vehemencia por mucho que la recién instaurada ortodoxia del español me lo censure, para evitar anfibologías y otras confusiones con las otras escuelas de medicina. Mi segunda casa, donde he encontrado el universo al que pertenezco y a la gente que me ha hecho crecer, compartiéndome su mundo.

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