sábado, 22 de enero de 2011

El fular y tu estilo

Sí sí, Miguel, ese fular era la onda. Tan fino tú, tan chic. La seda tan ligera va con tu estilo, con el toque de hombre metrosexual que te cargas, de niño bien haciendo travesuras con el dinero de sus padres. Qué color tan rojo, más intenso que el del jitomate que tu nana te deba a comer cuando no sabías ni siquiera pronunciar mamá, no en español ni en inglés, mucho menos en francés. No cuando nada sabías de comida italiana o libanesa. Con él puesto, te conocí en ese café lleno de libros e intelectuales. Seguro ya ni me recuerdas, y qué bueno. Fumabas en las mesas de la terraza y hacías volutas de humo con el tabaco que se dejaba incendiar por un golpe suavecito que daba tu garganta. Sí, tu garganta cubierta por ese fular Hermès. Leías Las Metamorfosis de Ovidio, o eso parecía; acomodabas tus lentes redondos de hombre letrado y nada te distraía de tu lectura. Mostraste el brillo de tu ortodoncia cuando la mesera se acercó con el servicio. Un frappé, cuidando el estricto régimen de tu dieta: Sin crema batida; Sólo un sobrecito de edulcorante; Sin chispas de chocolate. ¿Cuántas calorías llevas? ¿Cuántas horas en el gimnasio a la semana?¿Cuánto tiempo de cardiovascular? Tú y tus ganas de lucir tan bien, de andarte en sacos Calvin Klein o Armani, de oler a Burberry o Lacoste, de combinar los suéteres con el color de tus camisas Yves Saint Laurent. Pero tu fular, ¡ay, tu fular tan colorado! Me miraste, Miguel, y te acercaste a mí. Lentamente se perdieron esos segundos en el abismo de mi nerviosismo. Yo, Catalina, la introvertida, la zonza, cerca de un tipo como tú. Tenías la madurez que desprendía un buqué de altura, mediterráneo como tus rasgos de muñeco. Tus manos grandes cortaban el viento cada que pronunciabas un vocablo, quién sabe qué ocupa tu boca, el ritmo de tu voz seducía con un tono tan afrancesado a los estratos sociales que nunca salían en sociales, que nunca habían ido a París dos veces al año ni habían ido de compras por la 5ta Avenida. ¡Ay, Miguel! ¡Qué bonito llamabas a la mesera con el tenedor! Qué bonito tu fular y tu sombrero de Peter Pan escarlata. ¿Dónde escondes a Campanita?¿Y Wendy?¿En qué página vas de tu libro? ¿Ya leíste cómo Nictimene cometió incesto con su padre? ¿Y cuando las hijas de Minias se rehusaron a las fiestas de Baco?¿Y cuando Ascálafo es convertido en búho por hablador? ¡Ay, Miguel! Qué decepción la mía. Mucho menos hubieras entendido los versos en que Sor Juana alude a tales seres dueños de la noche. ¡Ay, Miguelito! Parecías tan intelectual, tan culto. De nada sirve tu fular tan rojo y tu aroma a Chanel Sport, tan esnob tú, tan farolito. No sabías ni qué leías ni quién era Ovidio. ¿Tomaste el primer libro que el azar adueñó en tu mano? ¿Qué harás cuando tu padre te herede esa inmensa biblioteca? ¿Así también vas vestido a los antros? ¿Querías ligar con una intelectual a expensas de tu ignorancia? ¡Ay, Miguel! Parecías príncipe de cuento de hadas. Más culto que el príncipe Felipe; que Nicolás de Grecia; que Alberto de Mónaco, que Guillermo de Inglaterra o Federico de Dinamarca. ¡Ay, Miguelito! Tan güero tú y tan güey. Con tus aires de princesa europea. Mejor sigue sonriendo para Vanidades, antes de trastocar los clásicos. Sigue luciendo ese fular, lo único meramente rescatable de tu estilo.

2 comentarios:

  1. Mmm, no le haría el feo a Miguel xD Si Catalina no lo quiere, alzaré la mano xD

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  2. LOL. Me encanta esta entrada! (:

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