miércoles, 29 de diciembre de 2010

Seguir bateando

La primera vez que supe que Octavio bateaba con la zurda, me dio ñáñaras. Siempre temí por acercarme a cualquiera que vaya en contra de lo común, lo que salga de rango. Ya no tomaba de la misma botella de agua, ni apretaba fuerte el saludo por temor a fracturarle alguna falange; supuse que todos aquellos que tuvieran rizos como él, tenían gustos enroscados por los hombres y más aún por la forma en cómo hacían de un saludo por teléfono una extensa charla. Que prefirieran las novelas a las columnas del Récord o que siguieran el futbol no por el preciso uso de las piernas de Rafael Márquez, sino por ellas en sí mismas, iba en contra de lo normal. Qué aficiones tan raras, pensaba con asombro.

Pasó el tiempo y se puso de moda eso de salir del armario, a últimas noticias hasta al vecino le gustan esos trotes. Para ese tiempo perdi de vista a Octavio y sólo sabía de su vida nocturna que muy de repente me resumían algunas amigas que compartíamos. Con la noche encima, se desenvolvía a pleno aire. Así las cosas. Yo seguí el camino del periodismo y mucho siguió interesándome la poesía de Wilde y la música disco; seguía admirando los pasos de John Travolta y la mirada tan sublime bajo el cabello engomado de James Dean. Que fuera obsesivo en el orden y que tomara café descafeinado, nada tendría que ver con mi inusual forma de hacer llevadera mi vida, hasta que volví a ver a Octavio, tan propio como siempre, digo, siempre admití que era de buen parecer.

Bajo su mirada se perdió la mía delineando la losa del piso. Me intimidaba. Estrechó tan fuerte mi mano, que me dolieron los huesos con tremendo apretón. Él fue quien rompió el silencio.

—Y qué—dijo en un estruendo— ¿sigues dentro del clóset?

—Nunca he estado dentro—respondí.

—Claro, si para estar adentro es porque tuviste que haber estado afuera, era de notarse.

Así seguimos caminando bajo el frío de esa noche. Volverlo a ver, resolvió mis dudas… a final de cuentas, uno se acomoda a batear de cualquier forma, el chiste es perder el miedo y seguir bateando.

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