Así es, si yo hubiera sabido que esto de escribir por oficio se vuelve una lata, me hubiera librado mucho antes de saber sus contrariedades. Encontrarse con la hoja en blanco —o sea, el simulador de hoja en blanco que aparece en la pantalla—, pone a uno con la piel de gallina. En el affair del periodismo esto, más que la violencia que en sí misma es aterradora en nuestro país, hace que la úlcera gástrica nos destripe de verdad. Y qué decir de llegar a tiempo a la redacción, que es un asunto de locos, ya no cabemos en esta ciudad. ¡Qué desastre!
Ayer me enteré, además de todos mis debrayes existenciales y a uno que le exigen correctas audacias con el lenguaje, que la “i griega” ha caído en depresión y por ende se llevó entre las patas a la “i latina”. No más nombrarlas con sus apodos, porque se sienten; con sólo decir “ye” o “i” basta, junto con el correcto nombre de pila de sus primas la be o la uve, y la ve doble. Y qué me dicen que el “sólo”, acentuadito y toda la cosa —sí sí, el mismo que puse en la tercera línea de este párrafo—, puede o no ayudarse de una tilde para demostrar su origen adverbial y no adjetiva. ¡Qué barbaridad! ¡Qué cosas! Qué miedo con los académicos que se pasan de vivos, no es que yo esté dudando de su arduo paso por el mundo de las letras, sino que mucho trabajo me costó memorizar semejantes reglas y órdenes ortográficas para que de pronto me desorganicen el software que adquirí entre la secundaria y la preparatoria, y que no conseguí de la fayuca, mi trabajo me costó. Así las nuevas. Así con éstas. ¿O que diga, “estas”?¿Sin acentito? ¿Así casi al desnudo? Mejor dicho: ¿entienden “estas” sin acento?¿Saben de quiénes hablo? Sí, de las nuevas reglas. Porque si sí lo entienden, pues lo dejo sin acento y si no, pues mejor se lo ponemos. ¿Cómo ven? Como ustedes se acomoden. Esto se traen los de la RAE, si en el contexto se entiende es preferible no acentuarlo, pero si dudas mucho mucho, demasiado,—¿de quién?¿de qué? ¿de la capacidad del bendito lector?— mejor ponlo, por si las flais.
Pero no crean que esto es lo peor, no no no. ¿Qué me dicen de la excomunión de la che y la doble ele? ¿Qué pecado cometieron? Hasta parece que la Inquisición anda suelta. Ya de algunos años atrás se les cocían las habas por quitarlas del alfabeto, si no es que ya se les habían cocido. ¿Qué culpa tienen ellas? Las pobres. No sé si sentirme lleno de pecado al hacer uso de sus grafías impías al escribir llaves, llueve o llaga… chile, chocolate, champurrado, chido, chafa, chascas, chupe, chafirete, chapopote, chapulín, alcachofas, anchoas, achiote, achaque, chanfle, Chamula, Chapala. Ni yendo a bailar a Chalma, nos regresarían nuestras letritas, tan chulas ellas, tan bonitas. No sé por qué la exclusión, digamos que son grafismos compuestos: dígrafos; qué atentado tan duro contra la fonética; bueno, ya nos lo habían dejado clarísimo en el noventainueve, pero qué mal plan, ¡qué manchados! Uno se encariña bien harto, al menos que nos la suelten más despacio, así de golpe son ching… perdón, pero es que me da coraje, casi chupo faros de un retortijón de panza, la bilis se me revolvió y ni el té de boldo me compone. ¿Tendrá que ver con asuntos similares a los de la eñe? ¿Puros asuntos de fácil manejo del lenguaje informático? Bueno, en éste —sí sí, acentúo indiscriminadamente el “éste” que habla de este caso de la eñe—, sí que era un sacrilegio. Y de pensar que hasta asesinos de letras somos, ya me dieron ñáñaras. Por eso hicieron enojar tanto al querido Gabo aquella vez.
Qué les parece si mejor hablamos de noticias. Pues como saben, los estadunidenses ya dijeron patitas pa’ que las quiero del asunto de Iraq, perdón: Irak con k. En otros asuntos, el quórum del senado deliberó la ley que dice adiós a los televisores análogos. A sí sí, el cuórum con c. Bueno, a ultimadas cuentas, si quiero escribir Iraq o quórum, ¿qué? Okey, okey. Ya entendí. Las pondré en cursivas y sin acentos, por ser extranjerismos puros. Por otro lado, para hoy sábado, recuerde el programa de Hoy no circula: engomados con terminación 5 ó 6. Perdonen ustedes, he cometido una gravísima falta ortográfica. Tildé la “o” entre el 5 y el 6, recuerde: no más el uso de la tilde en la “o” involucrada en las numeraciones. Pero ahora sí, regresando: les platiqué que el viernes pasado, huí de un intento de robo menor. ¡Me lleva la que me trajo! Volví a acentuar incorrectamente. Esta sí me la condena la RAE, nada de acentuar: guion, truhan, hui, riais; so pena de grave error ortográfico, lapidación, inri de apóstata a la ortodoxia española; pues sería faltar contra las leyes naturales del monosílabo que son. Esto si me queda más claro. Nada de que unos crean si existe o no hiato, no existe y punto. O séase, muy a la de a fuerzas.
¿Qué les parece? ¿Le seguimos? No no, mejor aquí le paramos. No más cambios ortográficos por amor a Dios o a Cervantes. Nada nada, no es que me sienta más fregón que la elite — ¿o élite? A sí, esa sí es como uno quiera— de la Academia, pero ahora sí se la jalaron. ¿Qué sigue? ¿Quitarle usos a la equis? ¿Aceptar el aditivo de la ese a los verbos conjugados en pasado de la segunda persona en singular por su uso excesivo en la jerga tan mexicanísima como el nopal? Sí sí, los mismos del comistes, fuistes, llegastes, comprastes. ¡Por Quevedo y Góngora, que nos amparen! No nos dejen caer en la malicia, ya sea diacrónica o sincrónica, de esta bendita lengua viva, que los lenguados más que vivos, parece que ganan la batalla. Y como leen, hoy por hoy, he llenado otra hoja en blanco; bueno, una y media: el chiste es que esto no esté medio lleno ni medio vacío.
Ayer me enteré, además de todos mis debrayes existenciales y a uno que le exigen correctas audacias con el lenguaje, que la “i griega” ha caído en depresión y por ende se llevó entre las patas a la “i latina”. No más nombrarlas con sus apodos, porque se sienten; con sólo decir “ye” o “i” basta, junto con el correcto nombre de pila de sus primas la be o la uve, y la ve doble. Y qué me dicen que el “sólo”, acentuadito y toda la cosa —sí sí, el mismo que puse en la tercera línea de este párrafo—, puede o no ayudarse de una tilde para demostrar su origen adverbial y no adjetiva. ¡Qué barbaridad! ¡Qué cosas! Qué miedo con los académicos que se pasan de vivos, no es que yo esté dudando de su arduo paso por el mundo de las letras, sino que mucho trabajo me costó memorizar semejantes reglas y órdenes ortográficas para que de pronto me desorganicen el software que adquirí entre la secundaria y la preparatoria, y que no conseguí de la fayuca, mi trabajo me costó. Así las nuevas. Así con éstas. ¿O que diga, “estas”?¿Sin acentito? ¿Así casi al desnudo? Mejor dicho: ¿entienden “estas” sin acento?¿Saben de quiénes hablo? Sí, de las nuevas reglas. Porque si sí lo entienden, pues lo dejo sin acento y si no, pues mejor se lo ponemos. ¿Cómo ven? Como ustedes se acomoden. Esto se traen los de la RAE, si en el contexto se entiende es preferible no acentuarlo, pero si dudas mucho mucho, demasiado,—¿de quién?¿de qué? ¿de la capacidad del bendito lector?— mejor ponlo, por si las flais.
Pero no crean que esto es lo peor, no no no. ¿Qué me dicen de la excomunión de la che y la doble ele? ¿Qué pecado cometieron? Hasta parece que la Inquisición anda suelta. Ya de algunos años atrás se les cocían las habas por quitarlas del alfabeto, si no es que ya se les habían cocido. ¿Qué culpa tienen ellas? Las pobres. No sé si sentirme lleno de pecado al hacer uso de sus grafías impías al escribir llaves, llueve o llaga… chile, chocolate, champurrado, chido, chafa, chascas, chupe, chafirete, chapopote, chapulín, alcachofas, anchoas, achiote, achaque, chanfle, Chamula, Chapala. Ni yendo a bailar a Chalma, nos regresarían nuestras letritas, tan chulas ellas, tan bonitas. No sé por qué la exclusión, digamos que son grafismos compuestos: dígrafos; qué atentado tan duro contra la fonética; bueno, ya nos lo habían dejado clarísimo en el noventainueve, pero qué mal plan, ¡qué manchados! Uno se encariña bien harto, al menos que nos la suelten más despacio, así de golpe son ching… perdón, pero es que me da coraje, casi chupo faros de un retortijón de panza, la bilis se me revolvió y ni el té de boldo me compone. ¿Tendrá que ver con asuntos similares a los de la eñe? ¿Puros asuntos de fácil manejo del lenguaje informático? Bueno, en éste —sí sí, acentúo indiscriminadamente el “éste” que habla de este caso de la eñe—, sí que era un sacrilegio. Y de pensar que hasta asesinos de letras somos, ya me dieron ñáñaras. Por eso hicieron enojar tanto al querido Gabo aquella vez.
Qué les parece si mejor hablamos de noticias. Pues como saben, los estadunidenses ya dijeron patitas pa’ que las quiero del asunto de Iraq, perdón: Irak con k. En otros asuntos, el quórum del senado deliberó la ley que dice adiós a los televisores análogos. A sí sí, el cuórum con c. Bueno, a ultimadas cuentas, si quiero escribir Iraq o quórum, ¿qué? Okey, okey. Ya entendí. Las pondré en cursivas y sin acentos, por ser extranjerismos puros. Por otro lado, para hoy sábado, recuerde el programa de Hoy no circula: engomados con terminación 5 ó 6. Perdonen ustedes, he cometido una gravísima falta ortográfica. Tildé la “o” entre el 5 y el 6, recuerde: no más el uso de la tilde en la “o” involucrada en las numeraciones. Pero ahora sí, regresando: les platiqué que el viernes pasado, huí de un intento de robo menor. ¡Me lleva la que me trajo! Volví a acentuar incorrectamente. Esta sí me la condena la RAE, nada de acentuar: guion, truhan, hui, riais; so pena de grave error ortográfico, lapidación, inri de apóstata a la ortodoxia española; pues sería faltar contra las leyes naturales del monosílabo que son. Esto si me queda más claro. Nada de que unos crean si existe o no hiato, no existe y punto. O séase, muy a la de a fuerzas.
¿Qué les parece? ¿Le seguimos? No no, mejor aquí le paramos. No más cambios ortográficos por amor a Dios o a Cervantes. Nada nada, no es que me sienta más fregón que la elite — ¿o élite? A sí, esa sí es como uno quiera— de la Academia, pero ahora sí se la jalaron. ¿Qué sigue? ¿Quitarle usos a la equis? ¿Aceptar el aditivo de la ese a los verbos conjugados en pasado de la segunda persona en singular por su uso excesivo en la jerga tan mexicanísima como el nopal? Sí sí, los mismos del comistes, fuistes, llegastes, comprastes. ¡Por Quevedo y Góngora, que nos amparen! No nos dejen caer en la malicia, ya sea diacrónica o sincrónica, de esta bendita lengua viva, que los lenguados más que vivos, parece que ganan la batalla. Y como leen, hoy por hoy, he llenado otra hoja en blanco; bueno, una y media: el chiste es que esto no esté medio lleno ni medio vacío.
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