miércoles, 15 de septiembre de 2010

Por el Bicentenario. Tercera entrega. "Historia Patria"

Por más ganas que uno traiga, poco ánimo enardece este quince de septiembre. México sigue en el desamparo que toda su vida independiente ha cargado. Pobre México, tan bonito el condenado. Es un cuerno de la abundancia; lo dice la geografía y los que han sabido creer en que todo tiene remedio. ¿Pero cuándo ha habido paz entre su gente?

Desde el Primer Imperio, hasta la lucha entre Federalistas y Centralistas; desde la Reforma hasta el Porfiriato, el Maximato y las dictaduras contemporáneas, el aire nunca ha dejado de oler a pólvora y sangre hermana.

¿Cuántas traiciones no se esconden en los libros de historia básica? Qué injusticia esconder el trágico desceso de Vicente Guerrero, secuestrado por su propio "amigo" Picaluga por la suma de $50,000 pagados por Bustamante y entregado al gobierno como si fuera un villano.

¿Cuántos males esconde la figura de Juárez? El Benemérito, el patriota, el salvador de la nación, el enemigo de la Iglesia. ¿No fue él, quien regaló prácticamente el Istmo de Tehuantepec a los estadounidenses a cambio de dinero para financiar la Guerra de Tres años? Aquel Tratado firmado por McLane y Ocampo, brindaba paso seguro y sin ningín tipo de tarifa al comercio entre el Istmo y la frontera, desde Tamaulipas hasta Mazatlán y que por poco y vende la Península de Baja California, sino es porque Juárez entró en razón de que ya lo que hacía era demasiado.

Y de ahí entonces, sin paz. Ni con el Segundo Imperio llegó la calma. Ni con los gobiernos liberales. Planes, tratados y revoluciones surgieron en todo el siglo diecinueve; y para rematar nos fuimos contra la dictadura más longeva de esta Patria. Porfirio Díaz, también fue traidor. Escapaba de las circunstancias más peligrosas como un verdadero profesional y vendió al país entero a cambio de progreso. Lo consiguió. Más allá de ser un estratega militar, fue sin duda un hombre perspicaz ante la situación tan retrógrada en la que seguía sumergido el país. Aplastó todo tipo de rebelión, no hubo en aquellos treinta años más voz que la de él. No hubo otro eco ni otra forma de gobierno. "México no está preparado para la democracia" Decía con cierta razón y templanza.

Díaz había añorado el orden de su Patria en guerra; de su progreso. Fue radical en las determinaciones frente a revueltas que hacían cimbrar aquella prosperidad enmascarada de su gobierno. Luego el poder comenzó a radicar muy dentro de él, hasta enfermarlo. Sin embargo, bien supo que este país estaba en pañales. Cuando los ideales de la Revolución, más retrógrada que evolutiva, comenzaron a gestarse, lo predijo. El país es una "fiera", hay que saberlo domar. No se pudo. El chaparrito de Parras no pudo, y por mucho que sembraron los ideales magonistas, poco repercutió de su audacia en este futuro intrincado en la modernidad incierta. Carranza no pudo unir del todo al país; Villa quizá consiguió sus propios objetivos y Zapata fue a quien menos caso se le hizo a su causa. Los pobres siempre hemos sido pobres y los ricos, ricos. De ahí para acá, sin paz. Luego vino la Cristiada y más sangre se diluía sin pena alguna. Elías Calles odiaba a los chinos y a todo aquél que no quisiera reconocerlo como Jefe Máximo. Cárdenas fue padre adoptivo de quienes se les negó la Patria; y además se hizo de fama con la supuesta expropiación petrolera, que hoy por hoy es sólo una fecha para el calendario de efemérides.

México festeja esta fecha, el inicio de la gesta de Independencia. La guerra que se extendió por once años con tal de dar razón y geografía a una patria sin más patria que sus calamidades. Desde entonces se ha construído la historia a razón de calumnias y farsas, a razón de hombres que han hecho de la nación el patio trasero de su casa, a razón de negocios sucios, a razón de malas hazañas y mentiras. De ahí que aun fuera del mando de un partido que institucionalizó la revolución, sigamos sumergidos en la cloaca de una historia patria, que seguro para cien años próximos, seguirá mintiendo.

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