viernes, 3 de septiembre de 2010

Por el Bicentenario. Segunda entrega. Águila ensangrentada, doy la razón a su certeza.


No me he ofendido. Creo que la Nación y la Patria, es más allá que un símbolo al que respeto, mas no adoro para no caer en falsas idolatrías. Es cierto. México se está desangrando entre su propia gente, y eso si causa tristeza. No me siento ofendido por el cartón de Daryl Cagle, ni por haber venido del país que siente tener aires de pureza en cuanto se habla de violencia, corrupción y narcotráfico: el elegido para salvar a toda América de sus males. Es grave el asunto de pertenecer al listado de paises más violentos. Qué espanto. Esas si son ofensas, sabernos, presenciarlas y no hacer nada por ello, y peor aún, que a los que confiamos solucionar para bien de todos los problemas del país, se la pasen metiendo mujeres a la carcel por decidir sobre el rumbo de sus vidas o discutiendo si los homosexuales no serían capaces de educar niños.

No hay ofensa, al menos no para mí. Realmente creo que el alto índice de violencia está muy bien representado. México sufre, y tratamos de evadirlo. Yo mismo lo hago al darle la vuelta a las noticias que muestran a todo color las sanguinarias hazañas de malhechores sin cabeza que degollan a otros. Pero yo solo no puedo, ni junto con un amigo o amigos. Son ellos, los que están arriba, los que arman el teatro, los que firman acuerdos debajo del agua podrida de sus negocios. Son los grandes ministros de una Iglesia que presume redención a cualquiera que se niegue a vivir la vida con libertades, sigue siendo el compadraje de los altos mandos y el Narco; la guerra más cruda y menos pacífica, la guerra falsa que el sexenio en turno proclama como blasón de la paz. Falsa Paz, en esta Tierra de Nadie, la misma que fue bendecida por otras razas, sanguinarias todas, artífices de guerras, pero al menos más dignas de saberse comprometidas con el cosmos y la vida.

Se espera el regreso de un hombre que anbandonó por el Oriente su tierra, y fue dejando la semilla de paz en cada paso que dio su rumbo. Lo espero con ansia. En el año Uno Caña, nació para cambiar la visión de guerra de mi gente. Él también ve a un águila caída, ensangrentada. Quizá sea una de las señales que vaticinen el regreso de semejante hombre convertido en luz centinela. Por lo mientras, no me ofendo: me da tristeza. Cagle sólo expone su visión, y doy la razón a su certeza.

1 comentario:

  1. Quetzalcoátl no vendrá amigo, sólo es parte de la cultura de esperanza mexicana. De las ganas de no hacer nada y sólo esperar...

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