Hoy acaba agosto. ¡Otro mes! Y yo abandonando la bendición que la Internet me ha dado con este espacio. Ingrato yo. Mañana nos llega septiembre de golpe y comienza la cuenta regresiva por tan esperada fiesta del Bicentenario. Me da gusto y me da tristeza. La Patria, tan desairada estos últimos años con la violencia; tan enmohecida por sus males de siempre: la corrupción y los malos gobernantes.
Pero bendigo su nombre y su tierra, desde la Sierra Madre Occidental, la Oriental y la del Sur. Benditos sus volcanes y sus dos penínsulas. Bendigo al Territorio perdido; a su cielo y sus benditas nubes. Bendigo también a los olmecas, zapotecas y mixtecas; a los tarascos, los toltecas y totonacas; a los mexicas y mayas. A Tenoch y a los once Tlatoanis. Mis Señores de otrora. Al lago de Texcoco mítico. Me postro ante Huitzilopochtli y Tláloc, ante Mictlantecuhtli y Quetzalcóatl; ante Kukulkán y Chaac, Coatlicue y Coyolxauhqui. Dejo en el destino la llegada de los españoles, el porvenir que mal o bien venido, se conjuga con el tiempo pasado para entretejer este futuro presente.
Estos Horizontes del Precolombino mesoamericano, con todo y el Quinto Sol que rige nuestros tiempos.Benditos. Siento la raza que soy, la fuerza de su piel oscura y su avidez por la vida; por dejar huella entre las estrellas y el papel amate, en los templos y el estuco, en las estelas y los cenotes sagrados. En el jade, la obsidiana y el copal: hallo su esencia, su espíritu inmortal.
¿Qué habrán sentido los españoles al pisar esta tierra? Al ver una civilización en esplendor, al escuchar el bullicio del mercado de Tlatelolco y toparse con la magnificencia de los templos. ¡Qué daría yo por vivir aquello! El encuentro de dos mundos. Porque éste de aquí, por sí solo lo era.
El libro. Pobre Patria mía, de Pedro Ángel Palou.
Asedios. Mis ideas inconclusas, que nomás no dan para hacer historias en estos días.
Antojos. Ni porque entra el Mes Patrio, me dejan las gringadas. Jotqueis. Qué espanto.
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