Este es el último fin de semana de vacaciones para los alumnos de educación superior. Es un lío todo esto de los calendarios escolares que se han impuesto en el país. Que si por ser de la SEP es uno y otro más por ser del Poli. Uno para la UAM y quién sabe cuántos otros haya perdidos en el fondo de la república. Por mi parte sé bien que el de la UNAM comienza este bendito lunes. Lo bendigo porque ha de regresar el borlote y la vida a Ciudad Universitaria. Mi casa y mi lugar de formación académica y espiritual. Quién sabe qué sería de mí si hubiera seguido sin conocer tal espacio que ya es del mundo. Ciudad de conjuntos arquitectónicos dueños de historia, arte y modernidad en pleno empedrado volcánico. Acoge a la representación pura de la ciencia y las humanidades. Lo mejor del país. Donde los chicharrones truenan, me consta. Y es que caminar por sus pasillos y su facultades, es excitante. Ver cómo se desenuvelve la vida en Derecho y Filosofía, en Economía, en Ciencias Políticas, Medicina y Veterinaria; Arquitectura, Ingeniería, Química. Ir a buscar libros a la Biblioteca Central. Ver la puesta del sol recostado en las Islas. Ir a sus museos, asistir a algún taller, jugar ajedrez, visitar a los cuates, prepararse para las ofrendas de día de muertos. Ver jugar a los Pumas, nadar en la alberca, ir hecho la raya en las bicicletas que prestan para no llegar tarde a clase, es más que una rutina escolar, ya la rutina de nuestras vidas. Quien conozca la vida universitaria, sabe qué es lo que digo. No es mamada, es la neta. Bienvendios los chavos de nuevo ingreso que están por descubrir su vida, en esta bendita Universidad a la que tanto quiero.
Por mi raza, hablará el espíritu.
Música. Un pato. Natalia Lafourcade.
La peli del fín. Viridiana. Luis Buñuel.
Solo mas que la verdad
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