martes, 20 de julio de 2010

Vivir con estilo. Coco Chanel


Qué genes tendría expresados, de más o de menos, Gabrielle Chanel. Una mujer dotada de belleza, pero sobre todo de inteligencia, estilo y perseverancia. Superó la adversidad, se impuso al orden de sus tiempos que le resultaron extraños y fuera de lugar. Quedó en manos de la orfandad al morir su madre cuando sólo contaba con doce años. Su padre la llevó junto con sus hermanos a un hospicio, situación de la cual siempre rehusó recordar para otros tiempos. Ahí aprendió la costura y fue entonces que a los 17 años, las monjas encargadas de aquel austero lugar la colocaron con el oficio de costurera.

Nació en el año de 1883, y aún pertenciendo al siglo diecinueve, trajo consigo la vanguardia vestida de sencillez y sobriedad, sin perder nunca la elegancia ni el estilo. Entre los sueños que más le cruzaban por la cabeza, era el de llegar a ser una gran modista. Presa de la fiebre de tal devaneo, terminó metida y bien metida en antros de mala muerte y mal nombrada fama, en donde su peculiar belleza se vio asaltada por la diversión de los hombres más adinerados, cuestión por la cual obtuvo beneficios propios para llegar a su objetivo.

Con la ayuda económica de Etienne Balsan, fue que llegó a París a instalar su primera tienda de sombreros: Modas Chanel, sobre el Bulevar Malesherbes. De ahí, siempre afianzada por los diversos hombres que buscaban su glamur también bajo sus sábanas, fue andando por las ciudades más famosas de Francia, hasta que se instaló en París por definitiva en la Rue Cambon, donde fundó su primera Casa Chanel.

Pero más allá de ser quien fue y sigue siendo, de valerse del dinero de quienes asediaban su belleza, su toque liberal, su inclinación por lo masculino, lo confortable, lo elemental; fue una mujer fuera de tiempo. De las primeras feministas, la perseverante, la rara, la fuera de lo común. La mujer que daba a desear en el vestir, por saber diluir en ello una mezcla de deseo y distinción. La mujer que amó a un hombre y por amor se hizo amante, mujer de horas, de esperas, de entrega total en entregas, en tiempos, en servicios. ¿Qué tendrían los ojos de Arthur Capel? Aquél inglés de renombre social, guapo y fino; jugador de polo. Él que tanto confió en ella, quien la impulsó con más brío, quien la acercó a la lectura, quien le enseñó de arte y la incineró con su fuego. Quien la sacó del esnobismo en que vivía para entrar al salón de la fama verdadero. El que le dio vida y se la quitó mucho antes de morírsele en un accidente cuando iba en su automóvil deportivo; desde que le supo comprometido con una mujer por buenos negocios, por un contrato.

¿Amar así? ¿A ratos? Puede ser lo mejor. No vence el tedio ni la costumbre. Se perpetúa, se inmortaliza. Como Coco, la mujer con el siglo veinte, veintiuno, veintidós y cuantos fueren por cada respiro, por cada golpe que le daba a su cigarro. La degenerada, la que montaba a caballo y ponía pantalones, sacos, corbatas, jerséis, sombreros sin plumas. Gabrielle Chanel, la que no recurría a su pasado, la abandonada por sus padres y por su amor; por Boy, por su guapo Boy, su inglés apuesto.

Qui qu'a vu Coco? Coco Chanel. La mujer, la creadora del emporio más prestigiado en la moda, en el vestir, en el estilo. "Todo lo que es moda, pasa de moda" decía con cigarro en mano. ¿Quién no ha llegado a oler Chanel No.5? ¿Coco Chanel? ¿Coco Mademoiselle? ¿Chanel No. 19? Diluida en dichas pócimas mágicas, desenvuelta en sus notas. Por siempre Gabrielle Chanel.

Murió enferma, al recostarse después de su inyección de morfina; en su departamento ubicado en hotel Ritz, a los 87 años, el 10 de enero de 1971; después de facilitarle a la mujer contemporánea, los aspectos más aprovechables del vestir de los caballeros y dando al mundo del buen vestir, la glamurosa sencillez de portar lo confortable.

1 comentario:

  1. pff ahora menos la vere hiciste que me diera mas weba ¬¬... atte mau jaja

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