lunes, 26 de julio de 2010

Si yo fuera inmortal

Si fuera inmortal, volvería a encontrarlo en el último rincón del planeta. Sería de nuevo un juego inacabable, un número ocho, un círculo trazado con compás. Me refugiaría en su frío inclemente y volvería a guardar silencio cuando contara historias. Sentiría mil orgasmos cada que me contara cuántas veces había estado en la cama con otro, me posesionaría de su piel y bebería su sudor en copas de cristal. Me haría pintor para hacerle un desnudo artístico; escritor para darle poesías nuevas cada amanecer y músico para componerle una sinfonía arrebatadora y trágica. Lo haría inmortal también: le haría sentir la muerte de cerca, como cuando me la puso de frente, cuando acabó con lo que pretendía construir de la nada. Lo excitaría con besos en la entrepierna y mordidas de animal en celo. Le arrancaría el cabello y me lo comería para llenar el vacío que su rechazo fue haciendo cada vez más hondo. Visitaría al psiquiatra que ha de atenuar mis obsesiones. Le lamería la rodilla que alguna vez llegó a lastimarse y me haría adicto al ejercicio y a lo balones que atraviesan el aire que parte una red voladora en dos territorios en contienda. Lo dejaría hablar cada que me insultara o creyera que sigo siendo sucio y estúpido, y lo pondría contento al llevarlo a tomar café bajo un cielo nublado. Lo besaría por diez años sin parar, después cien hasta un milenio. Descubriría su abdomen conquistado ya por otra sarta de conquistadores avorazados y calientes. Olería su cuello por veinte años y comería sus labios para reponer el sustento que llegara a faltarme. Si yo fuera inmortal, tendría tiempo para dejar de soñarlo...así me costara de nuevo la eternidad.

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