Hoy se ha acabado el deliberado aire del mundial: esta fiesta deportiva y mediática que desde cuatro años previos se desenrolla en el futuro de quienes la esperan por esperada; con decir que el Brasil 2014, ya está encandilando otras furias de generaciones bravas más abajo de éstas que hoy se desempeñaron en las canchas de Sudáfrica. México quedó fuera antes de cruzar otra esperanza ficticia en los cuartos de final, aun con todo y el gol que nos quitaron por las ganas del árbitro que impuso su gobierno en pleno, como dictador latinoamericano bajo otro cielo y entre países hermanos. Pero de penas e injurias no hablaremos hoy, que por mal llorado o bien acomodado en nuestro ánimo, ya hemos superado tal derrota.
De los favoritos llegó a la final Holanda, un equipo entero que supo ganarse la posición hasta la que llegó, con un ímpetu reverberante y bien logrado. España, por otro lado, se posicionó por una lucha constante y ardorosa; como si por cada derrota de otros contrincantes fuera tomando fuerza. Tuvo partidos flojos y no tan emocionantes como los de Alemania o Uruguay. No de balde resultaron campeones de la Liga Europea 2008, estos hombres que presumen una lozanía y una juventud en éxtasis. Poco a poquito escalonó la final, el equipo español; caracterizado por tener una furia y una pasión por el balompié, es hoy el campeón del mundo. Lo predijo el cefalópodo que desviaba las miradas a sus predicciones atinadas y transparentes como la pecera en la que se miraba. Quizá le creyó la reina Sofía al llevar su saludo hasta los vestidores, donde encontró a un equipo gozoso y lleno de algarabía, antes de creerse campeones y de serlo; donde encontró también al hombre que metió el gol de triunfo envuelto en una toalla y al cual saludó con la majestuosidad que se cargan: ella de parte de una familia real y él, como rey de la jugada.
Es una fiesta la que se trae toda España. Y cómo no se ha de hacer fiesta con semejante copa entre las manos y entre su gente. Vestidos de rojo y amarillo, en plena acción de rendirle a su patria, nuestra Madre Patria a la que le confié el triunfo para esta final; concentrados y concéntricos, sin agravios, con triunfos, con glorias y vítores. Como el imperio que fue, el poder que clamaba, la Armada Invencible, la Furia Roja. ¡Olé, olé! ¡Arriba España triunfadora!
Aclaraciones. Hasta yo que no sé nada de futbol (fútbol), me dejé llevar por la ola que a muchos nos arrastra.
Vítores. Para Iniesta que me devolvió la calma que ya había perturbado con una imaginaria escena estresante de penaltis.
Música. Could you be love, de Bob Marley. Que se escuchó tan hermosa en la entrega de la copa. ¡Qué feliz hubiera estado en Sudáfrica! Dijeron sus hijos que en su representación anduvieron en ese continente.
Felicitaciones. Para Pulpo Paul, prócer en las artes adivinatorias. ¡Qué aire de misticismo le dio a este Mundial!
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