Tiene toda la razón. Saludo de forma impersonal cada que lo encuentro merodeando mi camino. Dice que parece un saludo obligado, donde pocas veces escucha un hola y siempre le tiendo una mano distante y fría. Puede ser, me disocio cada que veo el desatino que tuve en todos sus movimientos. Es la primera persona a la que veo, a la que invoco y la que recuerdo cuando llueve recio. Hace unos días disitnguí su caminar pausado bajo una sombrilla que le cubría el rostro, pero no todo su cuerpo, cuando el cielo se caía a cántaros. Si hace sol, está ahí; si hace frío, tiemblo como cuando volteo y siento su mirada; si abro el chat está no disponible y si no está lo espero para saber que está vivo. Dice que soy impersonal y frívolo. Puede ser, es mi barrera ante tantos años que me han costado trabajo. Estoy bien, y cuando menos lo espero siento su reclamo; estoy mal y ni una palabra escrita me dirige. Llueve y le siento cerca. Ahora escribo mientras lloro, pero nada me devuelve el ánimo. No seré el mismo, porque se pegó a mi piel desde hace ya tres años.
Sí, a veces el cinismo va bastante lejos...
ResponderEliminarEchale ganas amiguito (: