lunes, 3 de mayo de 2010

Entre el mar y el amor

Ya son las dos, dice Daniel en su blog con el mismo nombre y el cual recomiendo, porque hombres como él que aman con intensidad y entereza, pocos. Y sí, son las dos ya de una desmadrugada álgida y febril. Aunque mañana tenga cara de amanecido, tenía que encender la flama de este blog que tanto se ha dado a querer.

Me atreví a enviar una invitación a la gente que más quiero y estimo, para que ellos con su viveza y su entrañable andar por la vida, le regalen fuego a este espacio con sus historias o frases que les han llegado a lo más profundo de sus huesos. Poco a poco irán respondiendo, no es una urgencia, pero sí una necesidad.

Hoy llegó el correo de una mujer a la cual yo llevo en el pensamiento como ella lleva en su camino sus lentes y su magia. Pretende ser médico igual que yo, y ha caminado algunos años con un amor que no se deja terminar en paz. Ni ella ni el otro lo terminan y, entre tanto, saben dejarse en ascuas como ellos mismos. Son incadescentes. Hace apenas unos días, platicábamos de dicho amor inmortal. Surgió a tema el mar y con ello una analogía bárbara se me escapó de las yemas de los dedos y teclearon que el mar es como los hombres. Ella, mi amiga tan inteligente como inexplorable es el inmenso universo que esconde bajo su piel, dijo entonces: Son como el mar, porque vienen y van, nunca se están quietos.

¿Por qué pensaremos así de estos seres? Tan mortales como míticos, persisten en nuestras vidas como clavos de plata y oro. Nos hacen sangrar y derramar lágrimas que llenarían los espacios intercontinentales si estos estuvieran secos. Me ha escrito mi amiga Val Santiago, un breve relato donde nos describe la posición en la cual se planta hoy por hoy, donde se le ve frágil y a la vez valerosa. Tergiversa oposición sublime llega a mostrarnos el amor; aquí en su relato hay mar y un visitante, hay nostalgia, hay cordura y delirio sin cabales, hay mortalidad e imortalidad, hay reclamo y hay sumisión, hay verdad y mentira fantástica, hay deseo y pasión, hay mucho de Val Santiago, hay un visitante que al cual no le importa su dolor, hay un mar afanoso y drástico, hay amor que al final siempre es quien se sale con la suya, pero hay un lado humano que es el que siempre paga las consecuencias, y en este relato que pronto aparecerá por aquí, no es la excepción, así es la trinidad de Val Santiago: Amor, mar y visitante.

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