Llegó envuelto en sus caricias breves y directas. Un atrevimiento para todos los ortodoxos. Tiene los ojos más vivos que he conocido y un corte fino que delínea su barba pretendiendo nacer como la espesa selva. Su cabello es firme como las ideas que le nacen de su cabeza. Besa despacio y se sincera con los labios. Es febril como el calor de marzo y extasiante como el color lila de las jacarandas. Sabe charlar en paz y escuchar ferviente. Desesperado a veces, siempre es un desafío descifrarle todo aquello que pretende callar. Hace ruidos con sus dientes y su lengua como un huracán caribeño y como los motores que deambulan por la ciudad. Es preciso e indómito, obsesivo y fiel colaborador de la puntualidad con que las manecillas del reloj danzan día a día. Llegó sin pedir permiso, y antes que lo pidiera le dije que sí. Me gustan sus ojos profundos y la mirada que lanza de soslayo. Tiene un lunar en la barbilla que es al mismo tiempo un hoyo negro que se burla de las leyes físicas y trata de perderme en su infinito. Es arduo y drástico a destiempo. Pero con una entereza y firme decisión, que me diluye en un instante.
Escribirían en tuiter, #iuuu. Disfrútalo amigo.
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