lunes, 10 de mayo de 2010

México, entre tantas madres.

Hay en México toda una tradición por celebrar el 10 de mayo, sea como fuere su atrevido cruce en la semana. Y es que es lógico que este país, aun embebido en el pantano del machismo y la falta de equidad de género, siempre tenga presente que detrás de toda persona existe la bondad de una madre.
Arraigados en la conducta social, como en las más diversas culturas que se desarrollaron en el mundo, tuvimos diosas protectoras y benévolas como las madres. Desde Coatlicue hasta Tonantzin, siendo ésta última el puente perfecto para involucrar el culto a la vírgen según el pensar occidental de los españoles.
Es un vaivén todos los días diez del mes de mayo. Van las madres con sus mejores ropas a ver bailar a sus hijos, escucharlos recitar o recibir simplemente el arreglo que desde dos semanas antes tanto tiempo le había robado a sus clases de matemáticas. Es para muchas el único día en que ven reunidos a sus hijos, el único día en que la mesa del comedor se llena repleta de comida y tratan de esconderse los disgustos y dislates que entre la familia llegan a surgir, por ver feliz a la mujer que les dio la vida.
El día es arduo desde la noche anterior. Las abuelas, que son madres por segunda vez, son quienes más acostumbran a reunir a la familia. Hay otras familias que optan por hacer reservación en restoranes clásicos como el VIPS, El PORTÓN o el SANBORNS. Sin duda alguna, se trata de dar el mejor día a quien tanto se preocupó por uno.
Fuera de semejante fiesta, vuelve México a la normalidad. Se deja a un lado la música de las serenatas o el agosto oportuno de los vendedores de flores. No más tarjetas dedicadas a las madres, ni más recuerdo alguno que involucre el amor hacia tal ser. Las calles de esta ciudad vuelven a estar atiborradas de autos y delirantes problemas. Vuelve entonces a surgir un afán por recordarnos a la mujer que nos dio la vida en los estruendos que los autos hacen con sus pitos, en los chiflidos de quienes se empeñan en molestar a alguien más, y en los gritos que se engendran en cualquier pleito o cascarita futbolera, donde las madres se recuerdan cada que uno realiza una torpeza o causa desagrado a alguien más. Es así entonces que México es un país de madres, más allá que porque la mayoría de las cosas nos valgan madre, por el terco afán de quien se impone a nuestro pensar, tiene el derecho de ir a chingar a su...
¡Feliz día, a todas las Madres!

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