jueves, 20 de mayo de 2010

¡Chascas a la vista!

Hay entre tantos escritores, que a últimas he conocido, uno carismático y poseído por los arrebatos que llega a recrear. José Ignacio Valenzuela presume llamarse y es, en sus letras y creaciones, un verdadero encanto. Dueño de una melena propia de su sobrenombre, el Chascas viene acercándose unos días a la tierra azteca que le dio morada hace unos años. Viene para promocionar dos libros suyos: El caso de la actriz que nadie quería y La mujer infinita, éste último nos ha de acercar a la intensa vida de Tina Modotti, llevados de la mano por la audacia de Pablo Cárdenas, un cineasta que pretende hacer una película de la vida de esta fotógrafa italiana y descubre en ella el infinito.
José Ignacio Valenzuela, es un tipazo. Vive la vida al máximo como máximas son las que recrea en los guiones, novelas y cuentos que ha llegado a compartirnos. Hay una breve entrevista donde con toda su elocuencia y tenacidad afirma que la inspiración no es dada por la varita de algún hada, sino por la propia necesidad que tenemos para comprender el mundo. Tan certero; hay entre benditos, su sola presencia.
Sus metas son siempre una constante en él, y qué mejor que cuando las ve logradas. Nos comparte a diario su diario andar y le compartimos que es un gusto su bien logrado éxito en su quehacer continuo. Es una estrella que brilla en los libreros, para muchos que vamos construyendo un universo en tales muebles. En México, tan solo se tenía disponible El filo de tu piel, y viene semejante hombre desde Puerto Rico a expandir nuestro cosmos.

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