lunes, 22 de marzo de 2010

Y tú qué crees

Fer Gallegos la vio cruzar la plaza del pueblo, como si nada ni nadie pudiera alcanzar sus pasos; hasta que él, tenaz aventurero, la alcanzó. —Oye, mujer, ¿tú quién te crees? — dijo Fernando, con la voz gruesa que los genes de los Gallegos le habían hecho expresar desde su adolescencia. — Pues me creo yo, Carolina Almanza. ¿Quién más he de creerme?¬— respondió con el filo de su voz, a la defensa de su nombre y su apellido.

Desde ese día en que se creyeron y descreyeron, siguieron muchos otros en los que pudieron conocerse más y saberse más de ellos mismos. Primero salían a caminar, después a tomar helados, a besarse en público, a bien quererse y así, hasta juntar los votos de las pláticas matrimoniales. Se hicieron de dos hijos, una casa y una vida. Cada uno creyendo en los retos que se imponían y en el hecho de llamarse como siempre se han sabido llamados.

Hoy en día, a sus cuarenta y con la pasión entre las brasas de la madurez, después de hacer el amor surge en ellos una pregunta como mera curiosidad de su orgullo, Fernando siempre es quien la evoca:

—Mujer, ¿crees que fallamos?

— Creo que no— responde Carolina, con la seguridad de sus labios —En todo caso creo que el que sí fallo fue el preservativo, y de ahí que Pablo tenga hoy sus veintidós años precisos, pero no sólo eso, además de todo, creo que te amo como no he llegado a amar a ningún otro, pero eso no se llama falla sino debilidad; lo creo yo que soy la que más cree en lo que creo. ¿… o tú qué crees?

— Sin duda, cielo; falló el mundo, menos nosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario