jueves, 18 de marzo de 2010

Lagarto y lagartija.

Mariana jugó con él desde que tenían cinco años y ganas de perseguir lagartijas entre los ladrillos y matorrales que había de sobra en casa de su abuelo. Ricardo se llamaba aquel vecino del cual olvidó su rostro y su existencia, desde que se mudó a otra patria. Veinte años después, apareció un hombre fornido, de ojos negros y tibia presencia, a visitar al abuelo veinte años más viejo. Vino de hacer no sé cuántos estudios acerca de reptiles y artimañas de esa estirpe evolutiva, en Cambridge. Cuando volvió a verlo y a escuchar su nombre, Mariana, recordó aquella infancia posesionada de resorteras y piedrecillas. — ¿Tú, Ricardo corazón de Lagarto? — preguntó absorta.

— Yo mismo, Lagartija veloz— respondió aquel reptil humanoide.

— ¿Qué te trae por acá? — dijo Mariana, curiosa y vehemente.

— Busco lagartijas. ¿Y tú a qué te dedicas?

— A buscar lagartos, y mira que me he topado con uno muy interesante.

Desde ese entonces, Mariana y Ricardo han vuelto a las andadas, sobre todo desde aquel día en que el juez los declaró: Lagarto y Lagartija…puede usted, lengüetear a la novia. Amén.

2 comentarios:

  1. Me gusta leer tu evolución como escritor. Sin duda algo interesante. ¡Saludos!

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  2. o1a aqui blojeando tu bloj, jajaja, me gusta mucho lo que escribs, nunk lo dejes de aser, y muchas gracias por lo q me escribits, jajaja. nos vemos el lunes, aver si nos robamos unas quimios, jajaja, pinche pais. nos vemos
    atte. anonimo jajaja,

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