martes, 16 de marzo de 2010

De cuento en cuento

¿Cuánto lo quise? No lo sé. Para qué cuantificar algo impalpable y sin aroma alguno. Lo gocé y hasta ahí. Si me dijeran que podría borrarlo de mi vida, no dejaría que me arrebataran tal trofeo de mi memoria. ¿Te imaginas negar el sabor de sus besos? ¡Jamás! Eso sí que nunca. Sería inconcebible perder en la nada su peso suspendido sobre mí, sus ojos atenazados a los míos y el intrépido temblor de su entrepierna cuando mi lengua acariciaba sus muslos. ¿Cuántas veces no giramos sobrios sobre el pasto y ebrios rodamos hasta la cama? ¿Cuántos preservativos no nos cansábamos de usar por las noches de sábado y preservábamos el cansancio los domingos hasta el medio día? Él odiaba el jugo de zanahoria y la comida china, le chiflaban los chilaquiles verdes y las cosquillas debajo del ombligo. Lo amé tanto que escapé de casa una noche en que decidí unir mis diecinueve años vírgenes a sus veinticinco indiscutiblemente conocedores. Se inventaba cualquier cuento para hacerme el vivo protagonista de las fantasías que brincaban de su cabeza a su cama; después prendíamos un cigarro y veíamos cómo se escabullía lo que nos quedaba del fuego, en la reticencia de nuestros cuerpos desnudos, esperando inventarnos otro final que diera inicio a otra fantasía. ¿…que si volvería con él? Tampoco lo sé. Hay un puente firme entre el engaño y las pocas ganas de seguir con quien se engaña; seguramente se buscó un protagonista más completo, ahora que si buscara un antagonista dispuesto a reinventarse, me apuntaría al casting que semejante cuentista convocara, y con ello me haría a la idea de dirigir mi venganza al objetivo de olvidar juntos, el clímax que nos llevó a tal deslinde.


Vicios. Una vez más lo negó y volvió a aceptar su desconsuelo. Creo que el MSN no ayuda mucho para esto de olvidar los amores del pasado. Regresan y regresan como un zumbido electrónico que se encierra en nuestro oídos y en el alma. Amigo Em, te comprendo.


Desafíos. Hay en el ser humano un afán por redescubrir lo que nunca se ha descubierto y descubrir lo mil veces conocido, que no sé en qué línea hallarme siempre que el viento no se pone de acuerdo en la dirección de viajar. ¿Y cuándo el viento elige su destino? Creo que el destino elige la dirección del viento.


La música. Always on my mind, con Michael Bublé.


El libro. Retomando a Lewis Carroll y su Alicia en el País de las Maravillas.


El baile. Obviamente el Futterwacken. ¡Sombrerero loco loco!

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