Soledad, cruda palabra que mezcla desesperanza y silencio. Esta vez, ya no soporto la terrible soledad, dice la canción. ¿Puse condición? No recuerdo esa palabra. Que hiciera lo que quisiera por bien o por mal, no importaría. Ha venido haciendo lo último. Caminar en los jardines de la eternidad, sintiendo el fuego del infierno o el frío intenso de Plutón: a su lado, sería una entrega total.
¿Perduraría ahí nuestro amor? ¿Existiría? ¿Existe fuera del cinturón de asteroides la acción de amar? Sería toda mi felicidad, mi aire, mi nombre, mi pensamiento. ¿El fondo del dolor? El abismo, la barranca, el acantilado. ¿Por maldad o por amor? De cualquier forma tenerte siquiera, por odio, por desprecio que me tuvieras; sería forma de tener un hilo del vericueto que se enreda en tu pensamiento, tu devenir.
¿Con un beso entregarme? No, con más. Entregarme en forma total, en cuerpo y esencia, ánima. Con mis ojos, mis cejas y mis oídos, mis manos largas, mi nariz ancha y el diluvio oscurecido que penetra en mis ojos. Mi saliva como bálsamo de tus dolencias, mi aliento como la calefacción que apagaría el frío de tus tristezas, y mi sonrisa como el reflejo de la dicha que llegara a anegar tu alma. No fue suficiente. Entregarme en forma total no llegó a tu precio. Cuestas más, vales más. Hay quienes sí llegan a tu precio, amores de un día, miradas de un instante, pasos tirados a la suerte de cruzarse, amores de unas horas. Yo no, ni de un segundo. ¿Qué más se hace? Ni conmigo mismo llego al precio…creo que no tengo nada más que ofrecer…. y ahora, en esta soledad, me he dado cuenta que no vales tanto como crees valer.
Por medio de la presente. Hemos perdido la mera forma de correpondernos, cartearnos, escribirnos. Hace falta un buen sistema de correos en México, como de lineas ferroviarias, caminos, seguridad, alumbrado, política...No, no...yo sólo pido, que ya que existe el recurso del e-mail, nimodo... es buen recurso para no perder la costumbre. Por cierto, Guadalupe Loaeza tiene un buen libro que se titula como este apartado.
Versos.
Igual que los cangrejos heridos
que dejan sus propias tenazas sobre la arena,
así me desprendo de mis deseos,
muerdo y corto mis brazos,
podo mis días,
derribo mi esperanza,
me arruino.
Estoy a punto de llorar
Por supuesto... Jaime Sabines.
La música. Entrega total, con Javier Solís.
El libro. Empecemos con Éste que ves, de Xavier Velasco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario