Como si el cielo fuese nombrado por la memoria del mar y las palabras-a modo de cuña- fueran puestas entre la piel de estos dos azules animales para que sangren de una sola verdad, es la extraña tarea de las manos del poeta.
Hace viento y mar en ciertos poemas de Marco Antonio Regalado. Frío hace, soledad y espina al pecho. Pasión por el mar y el deseado cuerpo de mujer que trasiega la memoria como invención del agua, como aguda nostalgia por su omnipresente figura a mitad del recuerdo o en el mar mismo del poema. Un sereno dolor hay en el suave aliento de los poemas de este primer volumen de Marco Antonio, como si el canto naciera de la tibia espesura del sueño.
Se escribe por amor a los recuerdos, por evocaciones dolorosas que a la página llegan de golpe y sin aviso. Y si a esto aumentamos el eco de la música hallada en las voces de otros poetas que de minuciosas lecturas vienen - como en el caso las de Villaurrutia, Neruda y Becerra-, el resultado tendrá una consistente armadura. Así la poesía de Regalado, vive sobre todos estos pilares.
Neblinosos cantos, calvicémbalos de humo, candados que se rompen en la tersa melodía de los versos y su profunda aventura por la página, es lo que se oye en esas playas rotas de la tristeza y bajo ese cielo de los muelles donde Marco Antonio Regalado fue a buscar su extraviada sombra y la prueba de que por siempre serán los cuerpos, antiguos navegantes.
tu recuerdo es un rito de la memoria
El mar se hunde en tus ojos
La lluvia cierra tus labios
Los sueños cuelgan del tiempo
Te buscaría:
en la profundidad de páginas en blanco
en el olor de la ciudad vencida por la lluvia
en el crepúsculo que hace niña a la luna
en la máscara que disfraza las palabras
en la luz de mi lámpara y madrugada
en el quejido de tus labios cuando los pájaros emigran
Las palabras son mis ruinas
El sueño de tus labios
Tu sonrisa salta del alba
dibuja la mañana
El día comienza a disiparse
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