
Soy dueño de una tarde silenciosa y un panorama inmerso en la luminosidad de un cielo caprichoso. Siempre supe que este mundo era más incomprensible que cualquier fórmula matemática resuelta en un cuaderno, y he ahí el objetivo de tal artimaña: hacer del mundo formas y elementos que podamos comprender.
Despertar a la luz de un nuevo día, causa un efecto en mí que se conjuga en los enredados brazos del regocijo y la incertidumbre, juntos hacen de mí un simple hombre que se cautiva por los fugaces rayos entrometidos por la ventana y la audacia indolente de no saber si llegará la tarde, es entonces que al abrir los ojos agradezco el aire nuevo que saluda a mi pecho y tiemblo enseguida por no saber descifrar sobre la cama si llegará una tarde luminosa.
Nadie sabe a ciencia cierta si el sueño es la forma en que el alma se libera del cuerpo que la apresa. Dice Juana Inés, mujer de talentos portentosos, que en efecto el alma es libre al cerrar rendidos nuestros ojos, que el afán de comprender el mundo dentro de una nueva perspectiva, causa recelo y pronto se intimida ante tanto incomprensible mundo. Y lo dije, tiemblo cuando sé que cosas de este mundo ya no entiendo, y es entonces que tengo por consuelo, el afanado rumbo que toma mi destino. Inescrutable para muchos, indefinido para todos, benevolente para pocos y desdichado para algunos, todo curso que éste sigue no es más que la unión de todas la cosas que uno mismo se consigue: la sincronía de los sonidos en el tiempo, la sinfonía del tiempo en determinado sonido. Un enredado vericueto, de interminables elementos y mal conformadas sintonías.
Dicen otros que saben leer los mensajes que manda el universo, leyendo en singulares pedazos de éste mismo, formas no formes y varios ruidos en silencio. La posición del tres de copas al inverso o las líneas serpenteadas de la mano, las figuras desiguales del humo de un cigarro o los ruidos que los caracoles esconden por milenios. Ellos lo saben o al menos lo entienden, dicen ser seres dotados por un Ser, que ciertas costumbres ensalzan y otras simplemente lo ignoran. No obstante, según Dante, el castigo a éstos los aflige, en el círculo séptimo del infierno, en donde caminan viendo sus espaldas, castigo atroz como mortal espada, por haberse atrevido dicha gente, a vislumbrar las aras del destino, y desconozco si estos hombres adornen bien sus desatinos o simplemente desatinado sea nuestro futuro.
Quiero volar cada que el viento estrecha sus brazos a mi escuálido ornamento, desaparecer, sentirme uno en la nada y nada en lo que sigo siendo; valerme de la esencia de un pensamiento, dividirme en las partículas que me conforman y consonar sonidos atiborrados, como la sílabas forman palabras y éstas enunciados; hacer figuras ardientes con la bravura presencia del fuego, constelar la oscuridad del cielo con celestes cuerpos e hinchar el agua de ondulados movimientos, como los peces que dominan sus adentros. Ser tiempo y verme transcurrir al inicio y final de esta quimera, ser dueño de mil mitos y otras mil leyendas, entre tanto pasan mis años, lustros o decenios, todos éstos, fragmentos inventados por la poco loable razón de entendimiento que tengo por humano. Descubrir de dónde surge el artificio de mil colores que parte al cielo después de una lluvia tenue, y ver danzar ballet a las miles de gotas que acarician el suelo ante esta lluvia, no es más ni menos que la simple genialidad que se recrea en mis ojos, ante muchos otros antojos que se discurren en ellos. Prenderme de la calidez de un beso, enamorarme del sonido de la voz que tiene alguien, a quién mis cinco sentidos componentes, con dulce nombre han bautizado. Ágil debe ser aquel momento en que sus ojos crucen con los míos, sólo así estoy seguro que consiento el desvarío que a todos alguna vez ha convencido y todos nominamos: enamoramiento, que no es lo mismo que amar, sino en concierto, un sinfín de notas musicales, todas ellas de elegante porte, anudadas al sonar del instrumento y cubriendo todas las inconformidades del defecto, que al paso largo o breve de los días, el mismo tiempo nos devela si aquél que tanto nos desvela es otro más de muchos tantos o realmente el amor se nos revela.
Así hay cosas que uno, por más entendido que sea, no puede interpretar tan bien como quisiera; y se pregunta: ¿cómo es que un sol se opone a la oscuridad de la noche y sin embargo la luna lo refleja? ¿cómo es que el viento acaricia sutilmente a las flores y con tal sutileza comprende su acción fértil y de suaves maneras? ¿cómo es que tantas estrellas inundan la extensión del firmamento, infinito todo y siempre finito a nuestro mortal espectro? ¿cómo es entonces que queremos dominar la capacidad del mundo sin ser capaces de vislumbrar el universo que reposa en las cavernas de nuestra cabeza? No hay respuestas precisas, simplemente respuestas que tratan de explicar concretamente lo incomprensible, inventamos números y letras, medimos y comparamos medidas, resumimos lo extenso y extendemos lo que poco se concibe como idea, nos inventamos para creer que existimos y es entonces que existimos al sabernos inventados.
Agradezco. A Sor Juana Inés de la Cruz, por compartir sus sueños y delirios en semejante obra que compone Primero sueño.
La música. Perhaps, perhaps, perhaps....con Cake.
Siempre un auténtico placer poderte leer...
ResponderEliminar"Dice Juana Inés, mujer de talentos portentosos, que en efecto el alma es libre al cerrar rendidos nuestros ojos, que el afán de comprender el mundo dentro de una nueva perspectiva, causa recelo y pronto se intimida ante tanto incomprensible mundo."
Totalmente de acuerdo con ella y contigo...mejor soñar que intentar comprender...
Lily
Complicas lo incomplicable...
ResponderEliminarSaludos.
Ke onda ehh, cuando nos hara el honor su eminencia de salir con nosotros, no se si tengamos la fortuna suficiente para ser elegidos por usted, si no aunke sea invita la comida un dia no, ke ya nos abandonas bien mala onda ehhh, pero hay un dios arriba que te ve y te juzga por abandonarnos siempre ehh. Atte. yo jajajaja
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