Vuelvo a encontrarme, después de mi larga ausencia, frente a la computadora que se ha vuelto mi cómplice en esto de descifrar los silencios de mi imaginación. Y miren que es silente cuando el tiempo la apremia. Esta semana ha sido ardua y llena de inagotables quehaceres y deberes. Mi tiempo simplemente lo fui dando a los Hombres Grises, dejé este espacio por ahorrarme unos minutos de mi vida y ahora los intereses del Banco de Tiempo han pasado a convertirse en horas, puedo decir que no volveré a confiar en semejante institución, pero seguramente esta sociedad moderna volverá a arrastrarme en dicha corriente… ¡Momo, ven a salvarme!
En realidad, quiero ahora compartir las cosas que vine encontrando dentro de los propios pasos de esta semana febril y desatada. Y vaya que ha sido de una fiebre intensa con este calor que ha visitado esta Ciudad en que vivo y no se cansa de subsistir en la inmensidad de sus desatinos y las ideas delirantes de mis amigos que también no comprenden sus desenfrenos. No sé a cuál de todas las deidades he de agradecer por haber permitido que estas personas marcadas en mi destino, hayan aparecido sin más remedio que el de conformar mi presente, y quizá por ellos hago mucho de lo que aquí puedo ir dejando, como simple testimonio del afán que tengo por contar lo que vivo.
Pasé también por un breve lapso de tiempo enardecido, bajo un enamoramiento inaudito y brevísimo, no creo que deje marca alguna en el tejido indeleble de mi corazón, pero al menos sé que dicha entidad sigue viva dentro de mi pecho. Esta falsa presencia de un palpitar acelerado y una ignominia marcada ante “mis buenas costumbres”, tuvo la tarea de hacerme caer a cuenta de quién soy, cómo soy y qué quisiera ser si me propusieran ser algo más del yo que sigo siendo: mar.
El cielo se pintó de todos los colores también y tan bien, que sigo llevando en la memoria cada uno de los fotones que traspasaron las esferas cristalinas que vislumbran su presencia. Se vistió de azul grisáceo, de naranja, de azul claro, de violeta, de verde limón, de amarinado celeste y de una capa brillante que se cubre de dulces sabor de anís. Platiqué con la Luna mis secretos más íntimos y juntos hicimos unos amores que dejaron sobre mi piel su polvo color de plata.
Compartí con Tha la transfiguración que tuvo su rostro apagado al reordenamiento invaluable de su sonrisa, cuando vio compuestas las maneras en el hombre que dos meses atrás era tan sólo un ser que no había enredado su paso con el suyo. Volvimos al tema del amor y los amores perdidos, Chatri y yo; una mujer que se sumergió en una pila de agua bendita de pies a cabeza, amante de la naturaleza, valiente en su forma de encontrarse y en dicha odisea perderse en la razón por la que el ser humano viene a rodar por el mundo: amar y sentirse amado. Diana sigue que vuela y no tiene rumbo, por el hombre de nombre etrusco y profundas ojeras en las que no ve sino la tenue luminiscencia de una mirada que calcina hasta sus huesos; EmManu volvió a encontrar el resquicio que creyó perdido, en el ser que ha venido robándole horas de su atenta concentración de hombre fiel y enamoradizo. Sabe él mismo que dicho encuentro puede perderlo, y en tal agonía encontrar un motivo que lo haga mortal y no deidad como lo viene idealizando. Riky no cabe en la paz de su desorden y vuelve a entrar en la firme decisión de ser como es, porque nada lo hace cambiar y simplemente no sería él si no viviera en la tranquilidad con la que viene cursando su periodo clínico aún cosquilleando en su frente la idea de ser investigador, y es verdad que no será nada más que ello: un buen investigador. Sergio trae en la cabeza el rollo más alocado que jamás yo haya visto en un hombre tan cabal como él, con semejante memoria de elefante que se carga y una inteligencia que escudriña ya sea textos de Nietzsche hasta el mismísimo libro de Patología que guarda los secretos de dicha materia. Cumple lo que promete y he aquí mi promesa cumplida (Pero comentas Checo, ¡eh!) Y por supuesto, David Rosas y su dilema existencial entre el ser o no fresa de la mermelada nice, que sólo la “gente bien” carga en sus genes…mm ¡vah! ¡Qué mala fue esa frase! ¡David! Aquí te mando la definición que más se parece a la realidad incierta (que quede claro eh: incierta) de tu dilema existencial, que tipo de “Niño bien” eres, según Guadalupe Loaeza…
Niños bien rojillos: Por lo general viven en Coyoacán. Están muy de acuerdo con la nacionalización de la banca porque no les afectaba. Son amigos de investigadores del Colegio de México y de la Facultad de Filosofía y Letras. Los fines de semana van a Tepoztlán y escuchan en regios aparatos estereofónicos música clásica y jazz. Hablan mucho de política, están bien informados. Son amigos de todos nuestros actuales embajadores. Gustan de tomar muy buenos vinos, con muy buenos quesos. Por las noches, les gusta ir a Los Geranios en pantalón de mezclilla y suéter de cashmire. Para todo dicen: “mira maestro…” Van con el sicoanalista desde hace muchos años, para romper con estructuras convencionales…
Tomado de: Loeaza, Guadalupe. Los niños-bien en: "Las niñas bien" 6ª Edición. México, Océano. Pág. 16
Todo hubiera sido perfecto si estos “niños bien” dijeran: “legal”, “aja la baraja” o se excusaran con el hecho de traer brackets y hablar así: “bien fresa”
¡No es cierto David! Sabes que no eres fresa…
Así, esta semana terminó en santa paz con una tarde de viernes presta para reordenar mi vida en este desbarajuste de letras, espero guste.
Felicito. A Marianita, la niña más hermosa que tanto quiero y extraño. ¡Felicidades amiga! Y qué bueno que no cuenta tus lunares ¡eh! Y por otro lado, ¡Pobrecito! ¿Para todo le echas la culpa?
Reafirmo. No cabe duda que mi amigo Eduardo nació para ser anatomista. ¡Dios! Y luego tiene un afán incontrolable por el Sistema Nervioso, ¡No! ya sabes muchacho…lo de ahora es la Neumología; el IMSS sólo cuenta con Neumólogos en el Hospital General de la Raza. ¡ja!
Así soy yo. Ya sé que soy tímido y a veces peco de tanto decir estupideces, que no tengo un rostro que brinde armonía, que soy muy alto y caigo muy seguido en desvaríos sin remedio. Que estoy comiendo a todas horas, que pretendo a diario encontrar un amor y al mismo tiempo me escondo, que dentro de ese juego de las escondidas no sé esconder lo que realmente siento cuando una persona me roba el aliento, que prefiero el cobijo cálido de la luna a los rayos distantes del sol, que me gusta el helado de fresa, que soy distraído y me pierdo a ratos en un viaje astral de millas inacabables, que me gusta el color morado, que nado en un sinfín de promesas distantes y en tal distancia prometo no caer en círculos viciosos, pero caigo… que me enamoro más con las novelas, que me reafirmo con la poesía y que si me dieran a elegir algo en qué convertirme elegiría ser mar… porque pareciera ser infinito y sin embargo está bien limitado, porque esconde misterio y se compone de lo necesario para vivir: la sal y el agua, la vida y el aliento, porque si se enoja destruye y si está satisfecho sólo practica la danza, y porque aún con su inmensidad se resume en tres letras.
La música. “El corrido de Tacha la Teibolera”, obviamente de Lila Downs
En realidad, quiero ahora compartir las cosas que vine encontrando dentro de los propios pasos de esta semana febril y desatada. Y vaya que ha sido de una fiebre intensa con este calor que ha visitado esta Ciudad en que vivo y no se cansa de subsistir en la inmensidad de sus desatinos y las ideas delirantes de mis amigos que también no comprenden sus desenfrenos. No sé a cuál de todas las deidades he de agradecer por haber permitido que estas personas marcadas en mi destino, hayan aparecido sin más remedio que el de conformar mi presente, y quizá por ellos hago mucho de lo que aquí puedo ir dejando, como simple testimonio del afán que tengo por contar lo que vivo.
Pasé también por un breve lapso de tiempo enardecido, bajo un enamoramiento inaudito y brevísimo, no creo que deje marca alguna en el tejido indeleble de mi corazón, pero al menos sé que dicha entidad sigue viva dentro de mi pecho. Esta falsa presencia de un palpitar acelerado y una ignominia marcada ante “mis buenas costumbres”, tuvo la tarea de hacerme caer a cuenta de quién soy, cómo soy y qué quisiera ser si me propusieran ser algo más del yo que sigo siendo: mar.
El cielo se pintó de todos los colores también y tan bien, que sigo llevando en la memoria cada uno de los fotones que traspasaron las esferas cristalinas que vislumbran su presencia. Se vistió de azul grisáceo, de naranja, de azul claro, de violeta, de verde limón, de amarinado celeste y de una capa brillante que se cubre de dulces sabor de anís. Platiqué con la Luna mis secretos más íntimos y juntos hicimos unos amores que dejaron sobre mi piel su polvo color de plata.
Compartí con Tha la transfiguración que tuvo su rostro apagado al reordenamiento invaluable de su sonrisa, cuando vio compuestas las maneras en el hombre que dos meses atrás era tan sólo un ser que no había enredado su paso con el suyo. Volvimos al tema del amor y los amores perdidos, Chatri y yo; una mujer que se sumergió en una pila de agua bendita de pies a cabeza, amante de la naturaleza, valiente en su forma de encontrarse y en dicha odisea perderse en la razón por la que el ser humano viene a rodar por el mundo: amar y sentirse amado. Diana sigue que vuela y no tiene rumbo, por el hombre de nombre etrusco y profundas ojeras en las que no ve sino la tenue luminiscencia de una mirada que calcina hasta sus huesos; EmManu volvió a encontrar el resquicio que creyó perdido, en el ser que ha venido robándole horas de su atenta concentración de hombre fiel y enamoradizo. Sabe él mismo que dicho encuentro puede perderlo, y en tal agonía encontrar un motivo que lo haga mortal y no deidad como lo viene idealizando. Riky no cabe en la paz de su desorden y vuelve a entrar en la firme decisión de ser como es, porque nada lo hace cambiar y simplemente no sería él si no viviera en la tranquilidad con la que viene cursando su periodo clínico aún cosquilleando en su frente la idea de ser investigador, y es verdad que no será nada más que ello: un buen investigador. Sergio trae en la cabeza el rollo más alocado que jamás yo haya visto en un hombre tan cabal como él, con semejante memoria de elefante que se carga y una inteligencia que escudriña ya sea textos de Nietzsche hasta el mismísimo libro de Patología que guarda los secretos de dicha materia. Cumple lo que promete y he aquí mi promesa cumplida (Pero comentas Checo, ¡eh!) Y por supuesto, David Rosas y su dilema existencial entre el ser o no fresa de la mermelada nice, que sólo la “gente bien” carga en sus genes…mm ¡vah! ¡Qué mala fue esa frase! ¡David! Aquí te mando la definición que más se parece a la realidad incierta (que quede claro eh: incierta) de tu dilema existencial, que tipo de “Niño bien” eres, según Guadalupe Loaeza…
Niños bien rojillos: Por lo general viven en Coyoacán. Están muy de acuerdo con la nacionalización de la banca porque no les afectaba. Son amigos de investigadores del Colegio de México y de la Facultad de Filosofía y Letras. Los fines de semana van a Tepoztlán y escuchan en regios aparatos estereofónicos música clásica y jazz. Hablan mucho de política, están bien informados. Son amigos de todos nuestros actuales embajadores. Gustan de tomar muy buenos vinos, con muy buenos quesos. Por las noches, les gusta ir a Los Geranios en pantalón de mezclilla y suéter de cashmire. Para todo dicen: “mira maestro…” Van con el sicoanalista desde hace muchos años, para romper con estructuras convencionales…
Tomado de: Loeaza, Guadalupe. Los niños-bien en: "Las niñas bien" 6ª Edición. México, Océano. Pág. 16
Todo hubiera sido perfecto si estos “niños bien” dijeran: “legal”, “aja la baraja” o se excusaran con el hecho de traer brackets y hablar así: “bien fresa”
¡No es cierto David! Sabes que no eres fresa…
Así, esta semana terminó en santa paz con una tarde de viernes presta para reordenar mi vida en este desbarajuste de letras, espero guste.
Felicito. A Marianita, la niña más hermosa que tanto quiero y extraño. ¡Felicidades amiga! Y qué bueno que no cuenta tus lunares ¡eh! Y por otro lado, ¡Pobrecito! ¿Para todo le echas la culpa?
Reafirmo. No cabe duda que mi amigo Eduardo nació para ser anatomista. ¡Dios! Y luego tiene un afán incontrolable por el Sistema Nervioso, ¡No! ya sabes muchacho…lo de ahora es la Neumología; el IMSS sólo cuenta con Neumólogos en el Hospital General de la Raza. ¡ja!
Así soy yo. Ya sé que soy tímido y a veces peco de tanto decir estupideces, que no tengo un rostro que brinde armonía, que soy muy alto y caigo muy seguido en desvaríos sin remedio. Que estoy comiendo a todas horas, que pretendo a diario encontrar un amor y al mismo tiempo me escondo, que dentro de ese juego de las escondidas no sé esconder lo que realmente siento cuando una persona me roba el aliento, que prefiero el cobijo cálido de la luna a los rayos distantes del sol, que me gusta el helado de fresa, que soy distraído y me pierdo a ratos en un viaje astral de millas inacabables, que me gusta el color morado, que nado en un sinfín de promesas distantes y en tal distancia prometo no caer en círculos viciosos, pero caigo… que me enamoro más con las novelas, que me reafirmo con la poesía y que si me dieran a elegir algo en qué convertirme elegiría ser mar… porque pareciera ser infinito y sin embargo está bien limitado, porque esconde misterio y se compone de lo necesario para vivir: la sal y el agua, la vida y el aliento, porque si se enoja destruye y si está satisfecho sólo practica la danza, y porque aún con su inmensidad se resume en tres letras.
La música. “El corrido de Tacha la Teibolera”, obviamente de Lila Downs
SABES, MI DUDA MAS GRANDE ES COMO LE HACES PARA ESCRIBIR TANTO. NOS VEMOS MAÑANA.
ResponderEliminar"..que si me dieran a elegir algo en qué convertirme elegiría ser mar…"
ResponderEliminarPues por eso... porque el sábado estuve embelesada mirando el mar infinito de un azul intenso y transparente, y por ese don tuyo de la palabra...
Un abrazo
Lily (del blog de Ángeles Mastretta)