lunes, 14 de septiembre de 2009

La tía Dolores

Tengo una tía que tras saber del engaño de su marido, ha venido sufriendo por ya más de diez años y con semejante certeza, siguió estando perdida en su manera de andar y la forma en cómo toma la taza del café. Suele pasar. Se casó y sigue estando enamorada. Eso creo yo que, por más que medio mundo le ha dicho que lo deje, y el otro medio, que vaya en busca del bienestar de sus hijas, se niega a dejarlo a la deriva de los brazos de la otra mujer. Hace apenas año y medio, ni nosotros ni ella imaginamos que dicha unión traería consigo a la cuarta hija que lleva el apellido de ambos, no sé por cuál razón vino a nacer una hermosa niña blanca como la nieve e inquieta como los niños nacidos después del año 2000, cuando ya ella acariciaba los cuarenta. Es linda la niña, y creo que la razón se sabe: siguen siendo marido y mujer.

Ahora mi tía y sus hijas, son cinco; cinco mujeres desdichadas por el desenfreno de un hombre. Y aún con todo, las entiendo y dejo de entenderlas por ratos. Hace unos días, su marido recapacitó después de la década que se dio con horas nocturnas de pasión en otro lecho. Quiere acabar con el inicio de tremenda tormenta, y quiere llegar de nuevo a estar justo al lado de la mujer que lo aceptó por esposo. Mi tía no sabe si creer o no. Ella desatiende lo que el futuro trata de descifrarle, y hace bien, hay veces que con su voz baja nos engaña y se burla. Lo que sí no deja de escuchar, la tía Dolores, como su nombre y sus penas se llaman, es su corazón. Dice que quiere reiniciar su vida junto al hombre al que siempre ha dejado entrar a su casa y a su cama, no sabe si ir a Puebla o Veracruz, donde sus cuñados le han abierto las puertas, no sabe qué hacer ni cómo pagar semejante viaje para encontrar de nuevo la paz de su vida. Eso dice su rostro, la forma en cómo platica y cuenta sus penas a su hermano, mi padre. Yo descifro en su mirada y su pecho apresurado cuando habla de su marido, que sólo desea con todas sus ansias que en Puebla o Veracruz, al fin quedando hacia el mismo horizonte, encuentre la salida de un nuevo sol, el encuentro de un nuevo amanecer, junto al brazo fuerte de su esposo y rodeados siempre de sus cuatro hijas. Como si la otra, otras o ninguna hubiesen invadido jamás el territorio que alguna vez fue sólo de ella.

Música: Esas palabras tan dulces, puede que sean sinceras...pero no, no y no; no te las voy a creer...

No hay comentarios:

Publicar un comentario