domingo, 23 de agosto de 2009

Las cerraduras

¿Mario? ¿Cómo estás querido? No sabes el gusto que me da escuchar tu voz. Hace tanto tiempo que no sé nada de ti, ni de tus aventuras que disipas por la vida, ni de tus risas desaforadas, ni de los sutiles comentarios que lanzas como fuego, siendo irónica ¡eh! Pero, cuéntame: ¿qué has hecho? Dime que ya no lo has visto por favor, ese come mierda nunca mereció tener ni siquiera la dicha de conocer a alguien como tú.

-Estoy bien. Qué mas da…apenas me habló el muy cabrón después de mil quinientos días y cuatrocientas cuarenta horas…

Y ¿qué hiciste? ¿qué te dijo?

-Qué más, tomé la llamada. Me dijo que me ama, que me extraña y que no fue su intención hacerme el daño que me hizo.

¿No fue su intención andar de caliente pirujo? ¡Pinche cabroncito! Dime que lo mandaste a la chingada, dime que sí…

-Le dije que olvidara todo, que olvide que me hizo daño, que ya no pienso en eso, que si quería me echara a mi la culpa de todo, quizás yo fui quién lo abandonó por tanto trabajo

No Mario ¿cómo pudiste decirle eso? Es un desgraciado. No tiene madre el cabrón. Dime entonces que ya lo olvidaste, ¡dímelo!…

-En parte se puede decir que sí…sólo en parte. Además uno realmente nunca olvida, se aprende a vivir con ello toda la vida, con los recuerdos fantasmagóricos, con la presencia de su aroma en la ausencia, con el eco de las risas y con los besos eternos que derrochan fugacidad.

¡Ay amigo de mi alma! ¡Cuántos no buscarían un hombre como tú! Tan tierno, tan noble, tan lindo por dentro y por fuera…

-No importa mucho Lore, nada importa ya…así es esto.

Lo amas aún ¿verdad?

-Con todo el alma

¿Qué has pensado entonces?

-He pensado más en estos meses, que los años que llevo de vida. Lo amo como nunca he amado y no tengo nada que perdonarle…todos cometemos errores.

¿Él sabe eso?

- Lo sabe, me conoce; bien lo sabe.

¿Y luego?

- Roberto brinda todas las noches con el que cree su amigo: el orgullo.

Lo esperas aún ¿verdad?

-Todas las noches

Y… ¿cómo es eso?

-Antes, cuando todo estaba bien, no ponía el seguro de la puerta, tomaba un libro, me servía café, daban las doce y entonces sabía que la hora de su llegada sería más allá de las tres de la mañana.

Qué lindo eres…pero ¿ahora haces lo mismo?

-Todos los días, cuando llegaba tarde, él no iba a la cama conmigo, se quedaba en el sillón; después de un rato que se quedaba dormido, quedamente le ponía una cobija sobre él. El sillón sigue ahí, y siempre he estado al pendiente y con la cobija lista.

¡Es un imbécil!

- No, goza de la vida…quiere vivir a manos llenas, no sabe bien lo que hace…es joven.

¿Crees que un día vuelva?

-Puede ser, la verdad aún no lo sé…

¡Cierra ya todas las noches esa pinche puerta!

-Hoy mismo inicio con ello.

¡Así me gusta Mayito de mi alma!

-Sabes…lo malo es que no sé cómo abrir la entrada de mi corazón.

Cuesta más…necesitas un cerrajero sentimental.

-¡Mierda! Ni me lo recuerdes... ya ves que Roberto es el cerrajero que cambió las cerraduras de todo el departamento… y resultó que de paso hizo buen trabajo en esta cosa que late y late dentro de mí.

¡Ay amigo! Está cabrón de verdad, está cabrón…

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