viernes, 6 de marzo de 2009

En suavidad sin plumas

Siempre me la he pasado mirando a la ventana, al horizonte, al mañana, al reloj, a las horas cíclicas y continuas, escucho el tictac de esas manecillas viejas sin aceitar, de esos picoteos de los canarios sobre su alimento y sobre las rejillas que los aprisiona, que los enclaustra y los posee en conjunto, al menos no están solos: se dan su compañía, al menos se acompañan en sus cantos siempre alegres, en sus riquísimas misceláneas de semillas y en esos buches refrescantes de agua que toman para calmar su sed.

Al menos tienen alas y las tienen bien adiestradas para echar el vuelo cuando esa reja se abra de par en par, para sentir el viento libre y el sol que ilumina ese sendero vertiginoso y lleno de probables e improbables cosas venideras. Al menos sienten suavidad en sus plumas y seguro no les incomoda el tictac del reloj; es su arrullo o su vals nupcial, su beso y sus buenas noches.

Las cuatro paredes de mi habitación son mas fuertes que las rejas de mis canarios, veo la ventana y el horizonte, no hay ningún porvenir cercano, ni una estrella ni una nube que anuncie lluvia y por ende el retoñar de las campiñas; mucho menos un cometa que anuncie paz o regocijo al viento. Veo el reloj y tú ya no llamas como antes, veo de nuevo la ventana y ya no veo esa estrella de la suerte que algún día fuiste para mí. El tictac del reloj se ha sincronizado con el tun-tan de mi alma, de mi corazón. Veo las cuatro paredes, veo rejas de metal. No he comido en cinco días, ni aún antojándoseme la miscelánea de semillas, todo por aferrarme a ti.

Recordar esas comidas y tus miradas seductoras, esos helados y tantos pasos al mismo pie, recordar tus manos, tu cabello delgado, tus ojos vivos y tu mirada llena de verde fogosidad. Recordar a tus amigos que son mis amigos, recordar tus risas y tus bromas. Recordar que sólo estoy yo con el tictac del reloj y la bocina del teléfono con la ausencia de tu voz apasionante, apaciguante, refrescante y conocedora.

No siento suavidad ni en el suelo ni en la cama, ni sentado ni a mi propio pie ¿Por qué no tuve plumas? ¿Por qué no tuve alas para volar? ¿Por qué no tuve esa suerte de ser canario y elevarme por los vientos fuertes sin miedo a caer a tierra? Soy humano, fui humano, me hiciste humano y me deshiciste también.

Ahora sobrevuelo la casa, oigo el tictac del reloj pero no más el de ese corazón palpitante que alguna vez lo llenaron de ilusiones; sobrevuelo sin alas, falto de plumas y lleno de suavidad esa casa vieja y austera. Veo la jaula de donde escapé y la puerta de par en par, la gente se arremolina en el zaguán de casa, los gritos me impacientan y las plegarias me calman Los vecinos y el ¡Ruega por él!, la melódica tonada que me adormilaba en rezos comunitarios. Veo el camino y la luz que esperaba ver, es una luz de paz armoniosa, no recuerdo nada dentro de ella. Camino por ese sendero sin principio y sin fin, veo atrás y veo mi muerte; el disparo en mi cabeza, la ventana de par en par. Quise olvidar tus ojos y no pude, quise olvidar tu voz y conseguí entonar una canción con ella. Quedé derrotado en el marco de mi ventana, salí de la jaula y del claustro de mi desamor, recordé tus manos y también la última vez que te vi: ¡eras feliz con él! Me dio valor y disparé, quedé postrado en el marco de mi ventana viendo el horizonte, buscando la luz de tus ojos, olvidando el tictac de aquél reloj de mi habitación, apagando el tun-tan de mi corazón y, en aquellas mis últimas fuerzas, seguí recordando el milagro de tus ojos, encomendándome a lo único que pude recordar, ni si quiera un Padre nuestro y mucho menos un Salve. Sólo recordé mi letanía, sólo murmuré: ¡Ojos de hierbabuena, rueguen por mí! ¡Plumas de canario, envuélvanme en suavidad!

1 comentario:

  1. Uuuu, una bonita forma de suicidarse. Me agradó la entrada...
    ¡Saludos!

    ResponderEliminar